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BRASIL
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Fabrícia Peixoto
BBC Mundo, Brasil
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El gobierno brasileño asegura que el país está preparado para hacer frente a la crisis, después de que se sintieran los efectos de la caída bursátil estadounidense en el propio sistema financiero.
La Bolsa de Sao Paulo llegó a caer 10,2%, una de las mayores bajas de su historia.
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Pero los principales sectores e indicadores de la economía brasileña anticipan que verán las consecuencias de estas turbulencias.
La Bolsa de Valores de Sao Paulo fue la primera en reflejar el impacto en América Latina, con una caída del 10,2% en el índice Ibovespa registrada el lunes 29 de septiembre, que resulta una de las más pronunciadas en su historia.
Según analistas, la corrida paulista dejó en evidencia una realidad de los países emergentes: sus bolsas resultan las más castigadas porque, a los ojos de los inversores extranjeros, entrañan un mayor riesgo.
Los expertos aseguran que esta caída no es sólo una consecuencia de la crisis estadounidense, sino que Sao Paulo está recuperando un nivel de cierta normalidad después de algunos meses de euforia. El punto máximo lo alcanzó en mayo de este año, cuando el índice tocó los 73 mil puntos.
A pesar de la caída acumulada de 22% en lo que va de 2008, el volumen de negocios actual se mantiene en los 43 mil puntos, el mismo nivel que tenía en marzo de 2007.
Hasta el momento, los bancos brasileños no se han visto afectados, en parte por la relativamente estricta legislación bancaria local, y también porque en los últimos años las entidades bancarias han exhibido resultados financieros extremadamente positivos, lo que les ha permitido crear cierto "colchón" para hacer frente a las turbulencias.
De todos modos, el Banco Central ha establecido medidas para aumentar la liquidez del sistema bancario.
Por otra parte, el impacto se hizo sentir en la cotización de la moneda, el real, que se ubicó en el orden de R$1,90 frente al dólar, mientras que en mayo el cambio estaba en la franja de los R$1,65.
El dólar más caro resulta perjudicial para los importadores y para los brasileños que quieren hacer turismo en el exterior. Tiene también un efecto directo sobre la inflación, ya que puede impulsar un aumento de precios en diversos productos.
El Banco Central ya ha dado señales de que, si el dólar continúa en ese nivel, se verá obligado a impulsar un aumento en el ingreso, pese a la crisis.
Asimismo, las empresas exportadoras han sentido ya las consecuencias de la escasez de crédito en el mercado bancario internacional. Eso preocupa al gobierno, dado que la mitad de las exportaciones brasileñas, que representa unos US$100 mil millones, es financiada por bancos extranjeros.
En agosto, el volumen de crédito para las exportaciones fue 32% menor al de abril del año pasado, y el gobierno anunció que está delineando un plan para ampliar las líneas de financiamiento.
Aunque todavía es temprano para medir el impacto de la crisis en el crecimiento económico, ya se anticipa que en 2009 se verá una desaceleración. Según analistas consultados por el Banco Central de Brasil, la expectativa de crecimiento es de 3,4%, cuando hace 4 meses se hablaba de un mínimo de 4%.
El gobierno también ha admitido un freno en el crecimiento del Producto Interno Bruto, que se ubicará entre 3 y 3,5% -un punto menos de lo que se había estimado en agosto, al momento de preparar el presupuesto para 2009.