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Martes, 13 de mayo de 2008 - 11:01 GMT
Bolivia: oro "maldito"
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, enviado especial a Tipuani, Bolivia

Pesadora Rocío

En la Amazonia boliviana hay un lugar lleno de paradojas: un sitio donde encontrar oro y tenerlo en las manos significa ser pobre y donde vivir de la minería implica muchas veces morir por causa de ella.

Ese lugar es Tipuani, una ciudad de 10.000 habitantes ubicada a unos 300 kilómetros al norte de La Paz. Muchos la llaman la "capital del oro".

Fuimos a esa localidad atravesando la denominada "ruta de la muerte", que se conoce así porque es un camino de ripio muy angosto, con curvas pronunciadas, a milímetros de profundos precipicios y donde los accidentes fatales están a la orden del día.

Esta ciudad ubicada en la primera franja de la selva amazónica, vive exclusivamente de la explotación del oro. Siga aquí los detalles de este viaje.

De a toneladas

Mineros

"Tipuani es uno de los mayores, si no el mayor, centro aurífero de Bolivia. Produce un promedio de seis toneladas de oro por año. Otro tanto se va de contrabando a países limítrofes", advirtió a BBC Mundo Hernán Fernández, titular de la cooperativa minera local.

Aquí la extracción de oro está a cargo de cooperativas que se autogestionan, es decir, que los propios mineros compran la maquinaria y los insumos, sin recibir ayuda alguna del Estado.

Los trabajadores sólo se quedan con el metal que sobra tras pagar los costos operativos y las deudas adquiridas para mantener activos los yacimientos. Generalmente es muy poco.

Según explicó a BBC Mundo Roberto Pancorbo, director de minería de la Prefectura de La Paz, a la que pertenece el municipio de Tipuani, en Bolivia hay unos 65.000 mineros cooperativistas, en contraste con los sólo 4.000 del Estado.

Fernández, el líder cooperativista de la ciudad, nos llevó a conocer tres minas situadas en el norte del municipio: San Juanito, Santa Clara y Chima. Las tres tienen como denominador común el hecho de que han generado más tragedias que abundancia.

Peligro y aire viciado

San Juanito consiste en un gran socavón de un centenar de metros de longitud, que conduce a una fosa en la que funciona un ascensor sin cubículo, operado por un guinche accionado manualmente.

Andrés Vargas
Es una tarea difícil, muy sufrida. Hay que trabajar harto para encontrar oro y mantener a la familia
Andrés Vargas, minero de Tipuani
De allí se baja a una serie de estrechos túneles situados hasta 200 metros de profundidad, sustentados por marcos de madera endeble y sólo ventilados por una manga que los recorre. Los mineros usan cascos con linterna y botas. Eso es todo.

"No tenemos ingenieros que nos asesoren, ni seguridad industrial, ni atención médica. Todo lo resolvemos las 60 personas que buscamos oro acá, como podemos. No recibimos asistencia ni inversiones del Estado", comentó a BBC Mundo Jaime Oliva, el jefe de la mina.

En San Juanito -como en el resto de los yacimientos auríferos de Tipuani- se trabaja de lunes a sábado, en tres turnos de ocho horas.

Demasiado tiempo si se consideran los riesgos: un aire viciado por el humo y el polvo que levanta la dinamita, la falta de oxígeno, la oscuridad y una infraestructura precaria.

Muchos "acullican" hojas de coca y fuman para pasarla lo mejor posible. "Es una tarea difícil, muy sufrida. Hay que trabajar harto para encontrar oro y mantener a la familia", admitió a BBC Mundo Andrés Vargas, uno de los mineros.

Accidentes "comunes"

Según Oliva, los accidentes son "comunes" en San Juanito. "Cuando hay heridos nosotros los atendemos y si es algo grave tenemos que buscar a un médico lejos. Cuando hay muertos, nosotros mismos nos encargamos de los gastos de los familiares".

Esta mina tiene en su historial la pérdida de nueve vidas por la inundación de las galerías más profundas, debido a la falta de conocimiento técnico.

Minero avando oro
Al final de su turno, a los trabajadores les esperan pequeñas bolsas de pedregullo para lavar.
En la mayoría de los yacimientos en Tipuani, la forma de trabajo es tan sencilla como riesgosa. Los mineros muelen la piedra detonando dinamita y usando perforadoras. El pedregullo es llevado en carros-cubiles fuera del socavón y es arrojado en máquinas lavadoras que separan el oro de los desechos.

Como la mayoría del metal precioso que se obtiene es reinvertido en el funcionamiento de la cooperativa, el sueldo del día de los mineros depende de su suerte en las horas extras.

Al final de su turno, a los trabajadores les esperan pequeñas bolsas de pedregullo para lavar. Valiéndose de platos, sumergen el material en un río aledaño o en piletas y lo zarandean con paciencia hasta dar con pequeños fragmentos de oro.

En una buena "bolsada" hallan unos 200 gramos del metal precioso. Si no encuentran nada, se van con las manos vacías con la esperanza de que les vaya mejor al día siguiente.

"No somos ricos"

Mineros juntando contando oro.
Los mineros venden su oro a un precio inferior al valor que tiene en el mercado.
Como no existe un banco estatal que compre el oro, los cooperativistas deben venderle su producción a "rescatadores" (o comercializadores) privados.

Los mineros suelen ignorar el precio internacional del metal precioso y, como consecuencia, venden su producción por un precio menor al del mercado.

En la mina de Santa Clara, también en el municipio de Tipuani, vimos cuando pesaban en pequeños balancines una cantidad de oro equivalente a US$2.000 (al valor local).

"Apenas subsistimos con lo poco que recibimos. Por eso vivimos precariamente, sin agua potable, salud y buena educación", afirmó a BBC Mundo la pesadora Rocío Burgoa Fernández.

Pueblo de tragedia

Socavón San Juanito
Los mineros arriesgan su vida en un pozo precario y falto de oxígeno donde trabajan en la oscuridad.
Si en Santa Clara la "maldición" del oro se manifiesta en una vida precaria, en el pueblo de Chima ha tomado la forma de la tragedia.

En 2003, esta localidad fue parcialmente arrasada por el derrumbe del cerro Pucaloma, como consecuencia de excavaciones mal realizadas en su ladera. Cerca de 60 personas murieron y la mitad de los cuerpos aún no han sido recuperados.

Años después, el peor desastre minero de la región sigue conmoviendo a Bolivia. Margarita Hilare, una lugareña que perdió a su marido minero en el accidente, relató a BBC Mundo entre lágrimas: "Me he quedado sola con mis dos hijos y hasta hoy no aparece el cadáver de mi esposo".

"Me siento abandonada, nadie me ayuda. Duermo en una carpa y trato de sobrevivir como puedo". Algo difícil en un pueblo que vive exclusivamente del trabajo en los socavones.

Por su parte, Edwin Mena Sarco relató: "Ese día fue el más triste de mi vida. Murieron mi esposa y mi cuñado porque la casa quedó sepultada. Mis dos niños lograron salvarse".

MINERÍA EN BOLIVIA
Es la segunda fuente de ingresos
Se extrae oro, plata, estaño, zinc, cobre y tungsteno.
Las exportaciones suman unos US$50 millones anuales.
FUENTE: Dirección de Minería, Prefectura de La Paz

Las autoridades bolivianas no ignoran los padecimientos de los mineros cooperativistas, pero creen que el primer paso para solucionar sus dificultades es que se legalicen, porque sólo así podrán contar con asistencia técnica y económica, además de normas de seguridad adecuadas.

"La mayoría de los yacimientos de la Amazonia son ilegales y estamos trabajando para que entren al sistema y se rijan por el código minero", dijo a BBC Mundo Roberto Pancorbo, el director del área en la Prefectura de La Paz.

Mientras tanto, el conocido adagio "No todo lo que brilla es oro", parece tener más sentido en el municipio de Tipuani.



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