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Lunes, 26 de marzo de 2007 - 14:18 GMT
Un mundo de objetos
Valeria Perasso
Valeria Perasso
BBC Mundo

Imagen del Periférico de Objetos
Los objetos no son parte de la escenografía sino que son los protagonistas mismos de las obras.
El escenario está cubierto de cosas. De esas que usted encuentra en su casa o en la oficina, de las que acumulan las abuelas como recuerdos de otras épocas, de las que uno puede rescatar del fondo de un armario en un día de limpieza.

Muñecas antiguas, disfraces usados que son casi harapos, instrumentos musicales, vasos y tazas, herramientas, lápices de colores y soldaditos de colección.

No, no se trata de un teatro en desorden después de la función. Aquí, la acción está a punto de comenzar: tiene lugar en un antiguo depósito de aceites de 1920 que es hoy una "ciudad cultural" en el centro de Buenos Aires, y es la última propuesta de El Periférico de Objetos.

El nombre de la compañía es toda una declaración de principios. En el universo de estos artistas, las cosas no son meros acompañantes ni tienen por función completar la escenografía. Son objetos-protagonistas en interacción viva con los actores-manipuladores.

"Nosotros llamamos a lo que hacemos teatro de objetos. Las cosas tienen un lugar central y se fueron resignificando a lo largo de 18 años de trayectoria", señala a BBC Mundo Ana Alvarado, una de las directoras de El Periférico.

"La centralidad del objeto no sólo es fáctica, sino conceptual: transformamos todo lo que participa en la escena en algo 'objetal'. El actor también está pensado como un objeto, y forma parte de un rompecabezas estético", agrega Emilio García Wehbi, otro de los padres fundadores de la compañía.

Títeres salvajes

Formada en 1989, El Periférico tiene once obras en su repertorio hasta la fecha.

Imagen del Periférico de Objetos
La idea del grupo, inicialmente, era romper con los códigos tradicionales del teatro de marionetas.
Basta un repaso rápido para confirmar la inagotable exploración de géneros: debutaron con una sangrienta reinterpretación de una sátira clave en el teatro del absurdo, "Ubú Rey"; con "Monteverdi Método Bélico" incursionaron en la lírica, de la mano de marionetas descomunales; el temprano "Variaciones sobre B..." puso sobre el escenarios elementos beckettianos, y en la exitosa "Máquina Hamlet" los maniquíes se hicieron dobles de los actores para una reflexión en voz alta sobre el deseo.

La compañía tiene tres cabezas: junto a García Wehbi y Alvarado trabaja el prestigioso dramaturgo Daniel Veronese, todos formados como titiriteros en los años ochenta.

El Periférico fue concebido como un proyecto con el que sus creadores intentaban romper los códigos del teatro de marionetas, entendido un arte "popular y tradicional" destinado a un público eminentemente infantil.

Así, se embarcaron un modo de trabajo en el que, alrededor de los objetos, se podía jugar con emociones extremas.

Además, la tarea del grupo tiene una marca ideológica en el orillo: no escapa al compromiso político y se sumerge en una reflexión descarnada de las facetas más sombrías de la condición humana.

Así, obra tras obra, El Periférico se convirtió en grupo de referencia en el circuito alternativo porteño, y desde allí comenzaron su tránsito por festivales de todo el mundo.

Actores periféricos

Ahora bien, ¿qué pasa con el actor cuando debe correrse del centro de la escena, desplazado por un objeto que juega de protagonista en la obra?

"El rol del actor-manipulador es ir encontrando, entre él y el objeto, el material real de trabajo. Lo que más nos interesa es ese espacio: el lugar de la interacción
Ana Alvarado, co-directora de El Periférico de Objetos
"El rol del actor-manipulador es ir encontrando, entre él y el objeto, el material real de trabajo. Lo que más nos interesa es ese espacio: el 'entre', el lugar de la interacción", explica Ana Alvarado, quien, además de codirigir, ha actuado en varias de las obras.

En escena, esto se plasma ante los ojos del espectador en objetos que cobran vida, que parecen tener voluntad y personalidad propia, y que a veces no dudan en rebelarse contra quienes los cargan en sus manos.

"Uno puede prolongar su cuerpo en el objeto, que busca verse vivo. O verse muerto, pero porque ha vivido antes", agrega Alvarado.

Para que la ilusión teatral funcione, El Periférico sabe que cuenta con la complicidad de sus espectadores -muchos de ellos, seguidores fieles desde hace casi dos décadas.

En su experimento más reciente, titulado "Manifiesto de niños", el público se convierte en un objeto más de la puesta en escena.

La acción transcurre en una habitación cerrada que, como una gran caja, se sitúa en el centro del espacio. Por pequeñas ventanas, como claraboyas alargadas, los curiosos se acercan a ver lo que pasa dentro, y la percepción de la escena dependerá en gran medida del punto de vista de cada espectador.

Pero, además, hay seis cámaras de video que proyectan, sobre las paredes de la misma caja y en tiempo real, imágenes de las acciones de actores y observadores.

Imagen del Periférico de Objetos
En el "mundo periférico" nada es lo que parece.
"Multiplicamos ad infinitum el punto de vista sobre la obra. Hay una imposibilidad real de construir una mirada única. Así alguien viniese cien veces, tendría cien miradas diferentes, y cada función es un descubrimiento también para nosotros porque hay situaciones que no podemos prever. Es un rompecabezas eterno", sintetiza García Wehbi, en diálogo con BBC Mundo.

Dentro de la caja están esparcidos los objetos que, para esta historia, hacen referencia a la niñez.

En general siempre usamos un objeto emblemático del grupo, como las muñecas antiguas, y luego buscamos cuál va a ser el elemento nuevo, que aquí son fundamentalmente los juguetes a cuerda
Ana Alvarado
"Nos lleva mucho tiempo elegirlos... En general siempre usamos un objeto emblemático del grupo, como las muñecas antiguas, y luego buscamos el elemento nuevo, que aquí son los juguetes a cuerda", revela Alvarado.

Pero, como corresponde a la estética del grupo, el jardín de los juguetes está lejos de ser cándido e inofensivo.

Hay muñecos furiosos y vengativos, mutilados o simplemente inservibles por vetustos. Juguetes mecánicos que escriben un manifiesto para que alguien diseñe un mecanismo de cuerda eterna que los libre de los caprichos de sus dueños. Un teatrito de marionetas de entre casa en el que, detrás del telón, una muñeca es decapitada por otra.

En el "mundo periférico" nada es lo que parece. Cada acción logra un efecto de shock, e invita a una reflexión que puede ser tan profundamente existencial como cada espectador tenga ganas.

Alternativo: ¿ser o no ser?

El Periférico es un grupo de culto. El "ser alternativos" les ha ganado, como es previsible, legiones de fanáticos y también, de detractores.

Ellos, sin embargo, prefieren escapar a las categorías cerradas. "No creo que lo que hoy se dice alternativo realmente lo sea", dice García Wehbi a la BBC.

Imagen del Periférico de Objetos
El Periférico se ha convertido en un grupo de referencia en el circuito alternativo porteño.
"El teatro de repertorio es un teatro de museo. Lo que quiere la 'oficialidad', tanto los gobiernos como los medios, es que los autores y directores que se rotulan como alternativos pasen a engrosar sus filas. Las obras que aparecen como espacios de laboratorio inmediatamente terminan en las salas de la calle Corrientes (zona de teatro comercial de Buenos Aires). Entonces, ¿cómo era eso de que eran alternativas?", reclama el dramaturgo.

El Periférico, sin embargo, hizo un paso por el circuito oficial: de la vanguardista sala del Parakultural de sus comienzos se mudaron más tarde a teatros financiados por el Estado, y ahora están de vuelta en un galpón devenido auditorio.

¿Cómo los condiciona el espacio a la hora de pensar las poéticas de sus obras? "Hay un concepto de lo alternativo que se define por el consumo: aquello que el público no puede digerir rápidamente, porque no se ajusta a un patrón. En ese sentido, nosotros somos permanentemente alternativos. Buscamos siempre que el público se inquiete", responde Alvarado.

Eso, prometen, seguirá siendo así. El Periférico declama su vocación experimental. Y lo mismo dicen sus objetos, en prolijo desorden antes y después de la función.

ESCUCHE/VEA
Los objetos, los protagonistas



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