Pocas son las ocasiones en que uno puede escuchar la voz chillona del aragóz, burlándose de las autoridades o dándole de palos al ladrón. Los niños prefieren hoy en día ver los dibujos animados. Los adultos no tienen tiempo.
El aragóz es a la vez tradición y espacio alternativo del teatro en Egipto.
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Karakóz, el nombre de origen turco, derivó con la pronunciación egipcia en aragóz. Su ingreso al imaginario popular data de siglos atrás, cuando Egipto era todavía una provincia parte del imperio otomano.
Otros argumentan que esta forma de teatro callejero es eminentemente mediterránea, y se pueden hallar equivalentes en Grecia o Italia.
Cuando uno pregunta a algún egipcio por el aragóz, todos lo identifican con la traviesa e irrespetuosa marioneta coronada de un cucurucho rojo, pero otros saben que el término también abarca la forma de arte popular inmortalizada en películas clásicas, como "El Aragóz", protagonizada por Omar Sharif.
El muñeco contestatario
A primera vista, el muñeco vestido de rojo, manipulado detrás de una cortina por un maestro titiritero aparece como inofensivo y pueril.
Pero los expertos en artes populares señalan que cobró fuerza durante la ocupación británica de Egipto, a principios del siglo pasado, precisamente cuando había una fuerte presión del pueblo de este país.
"El aragóz es crítica social y política por excelencia. Siempre aparecen en los esketches la autoridad, como el alcalde de la ciudad, y el aragóz junto con su mujer", dijo Mohamed Karim, funcionario del Ministerio de Cultura de Egipto.
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El aragóz es crítica social y política por excelencia
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En ese contexto, la propia revolución egipcia de 1952 se aprovechó de la función del aragóz para enviar su mensaje político republicano y anti-imperialista.
"Todas las artes teatrales callejeras desparecieron después de la guerra de 1967 y con la apertura de la década de los setenta. Y la nueva burguesía egipcia modificó el rol del aragóz, de algo contestatario a algo educativo", explicó a BBC Mundo el titiritero Nasser Abdel Tauáb.
Efectivamente, aunque algunas funciones de aragóz abordan a veces la lucha del pueblo palestino, pocos hacen referencia a la corrupción del estado egipcio y mencionan más la limpieza bucal tres veces al día o el respeto a los mayores.
Vacas flacas
Muchos sienten que aquellos días de gloria son sólo un recuerdo, y por consiguiente temen por la supervivencia del aragóz.
"Solíamos ver el arte del aragóz en los cumpleaños o en nuestras escuelas, pero sobretodo en las fechas o festejos importantes, como el múlid. Estaba mucho más presente en nuestras vidas cuando éramos pequeños", dijo Fatma a la BBC, una ama de casa que fue a ver una función a una escuela privada.
Las representaciones se hacen en las calles del Cairo o al aire libre, como en el oasis de Fayum.
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El múlid es la fiesta popular que conmemora el natalicio de un iluminado y que se asemeja a lo que en América Latina llamamos la fiesta del santo o la fiesta del pueblo. Pero la aparición del aragóz es ya inusitada en estas ocasiones.
"Creo que los que siguen haciendo aragóz en su ambiente natural deben ser como tres personas. Pero además el gobierno no nos reconoce como artistas", aseguró a la BBC Mohamed Amin, titiritero.
"O sea que si estás haciendo una representación callejera puede llegar por tí la policía municipal y llevarte bajo la premisa de que eres un vendedor ambulante. No tenemos derecho a seguro, o a jubilación, ni a ninguna de estas prestaciones", se quejó el artista a la BBC.
Otra razón responde a las nuevas prioridades de los titiriteros. "El oficio se heredaba. Por ello, con la conciencia de que hay que tener una mejor educación, los que manipulan la marioneta prefieren mandar a sus hijos a la escuela antes que enseñarles el oficio", agregó Nasser Abdel Tauab, otro titiritero.
"Y algunos de los artistas prefieren no transmitir el oficio, temiendo que la competencia afecte sus ingresos", destacó Abdel Tauáb.
Modernidad vs tradición
Pero en realidad, la desaparición del aragóz no sólo se explica por la falta de apoyo gubernamental. La modernidad y la apertura de fronteras se ha traducido en una invasión de formas de entretenimiento extranjeros.
Y por ello, se necesitan de otras opciones para evitar la imposición de valores culturales en el país más poblado del mundo árabe.
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Algunos de los artistas prefieren no transmitir el oficio, porque temen que la competencia afecte sus ingresos
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"Las series de dibujos animados, ¿son hechas en Egipto? Por supuesto que no. Y por eso estamos bajo el peligro de la homogeneización cultural", dijo Mohamed Amin, experto en artes populares y funcionario del Ministerio de Cultura.
"Por ejemplo, la persecución del gato y del ratón está basada en el uso de la fuerza. En cambio, el aragóz se centra en la lucha del pueblo por conseguir lo que le corresponde con sus trucos propios, de una forma ingeniosa", añadió.
Así que, paulatinamente, lo que solía ser casi la vanguardia del teatro popular en las milenarias calles del Cairo, hoy parece un simple teatro de marionetas con tonos burlescos, quizás destinado al olvido.