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Lunes, 26 de marzo de 2007 - 14:32 GMT
La calle como escenario
Gabriela Torres
Barcelona, España

Obra de teatro de Comediants

Hoy, cuando salgas a la calle, mira a tu alrededor. Fíjate en los edificios, en las plazas y en las calles e imagina cómo sería una obra de teatro allí.

¡Ten cuidado! Es probable que de una de las esquinas aparezca un gigante hecho de 100 personas, que de las azoteas desciendan duendes que anuncien nuevos tiempos, o que de las plazas despierten dragones con fuegos artificiales en vez de llamas.

Ésta es la magia del teatro de calle. Invade tu espacio urbano, el que estás acostumbrado a recorrer cada día, y lo convierte en un gran escenario para que durante unas horas vivas una fantasía que recordarás por mucho tiempo.

En la ciudad de Barcelona, España, hay una extensa tradición de teatro de calle. Allí nacieron grandes compañías como Comediants o Fura Dels Baus.

Muy serio

"La calle es nuestra segunda casa. Es un sitio muy serio que hay que reivindicar; hay que lucharla", le comenta a BBC Mundo Joan Font i Pujol, el director de Comediants, aunque él prefiere llamarse el "irresponsable de Comediants".

"Yo creo que lo real es la irresponsabilidad, porque para hacer una aventura de éstas hay que ser irresponsable", agrega desde la cúpula de La Viña, el complejo ubicado en la costa mediterránea donde la compañía de teatro elabora todo lo que hacen "a nivel de teatro, audiovisuales, cine y televisión."

Joan Font
La calle es nuestra segunda casa. Es un sitio muy serio que hay que reivindicar; hay que lucharla
Joan Font i Pujol, director de Comediants
Por su parte, Alex Ollé, uno de los seis directores de la Fura dels Baus, le explica a BBC Mundo desde sus oficinas en Barcelona que la calle "es donde uno puede manifestarse, fuera de lo que es el teatro más convencional: en una sala o en un escenario".

"El teatro de calle está muy entroncado con las fiestas populares, que de alguna manera han ido evolucionando y con el tiempo se fueron extrapolando a un nivel mucho más teatral", agrega Ollé.

Más visceral que racional

El espectáculo de calle sacrifica esos pequeños gestos y símbolos que se pueden apreciar en una sala de teatro, por la fuerza y la energía de los movimientos bruscos, la música y los fuegos artificiales, que buscan apropiarse de la atención del público para involucrarlo de lleno en la obra.

"El espectador se encuentra con el espectáculo y hay un intercambio real. Si te gusta, te quedas, y si no, te vas. Es un placer inmediato, hay una energía común que se establece y es la sorpresa, es la magia en mayúscula", dice Joan Font.

TEATRO FURERO
Plantea un "teatro de los sentidos
Utiliza colores, olores y texturas, pero también recurre a la provocación
Proclama un "compromiso con el presente"

Esta magia se ofrece en obras pequeñas, de cientos de personas, hasta macro eventos, donde participan 100 mil espectadores; cien mil almas que durante una o dos horas se mueven con los artistas.

"El público es como una especie de ave migratoria. Se mueve y depende mucho de la acción del actor. Son espectáculos en los que invades el espacio vital del espectador y generas una fricción", aclara Alex Ollé.

Domar sin domar

El teatro de calle es, por definición, teatro participativo. Hablamos de que cuando una compañía piensa una obra para la calle, tiene que contar con ese personaje que no va a los ensayos, pero que es vital para el éxito del espectáculo.

¿Cómo hacen para controlar al espectador, devenido personaje al que no se le dio el guión para estudiar? "Pues es tener mucho tacto, ser muy generoso, tener mucha energía, y nunca tener un gesto más allá de la suavidad aunque sea un espectáculo de violencia. Hay que tener un respeto por el espacio en que estás", reflexiona el director de Comediants.

Sin embargo, esta característica que impone el espacio callejero no da vía libre a la improvisación.

"En nuestro caso no hay factor sorpresa", comenta el director de Fura dels Baus. "Entre otras cosas por el tema de seguridad, porque mover masas no es fácil. El espectáculo está predeterminado absolutamente de principio a fin".

"Mínimamente podría improvisar, aunque tampoco lo hace mucho un actor en un escenario", continúa explicando Ollé. "Pero lo que son los movimientos de grandes objetos dentro del público, tiene que estar muy, muy bien elaborado a priori para que no tengas sorpresas".

La calle adentro

¿Y qué pasa cuando el teatro de calle se encierra? ¿Cuando deja de estar en la plaza o avenida de tu barrio para representarse en naves industriales?

TEATRO COMEDIANTS
Escena de obra de Fura dels Baus. Foto: Andrew Adrover
Utilizan música, materiales naturales e industriales y nuevas tecnologías
Involucran al espectador directamente en el espectáculo
El actor y el autor son una misma entidad

Eso es lo que la Fura dels Baus ha hecho desde hace más de dos décadas con sus enérgicos trabajos, que en sus inicios se denominaban "apocalípticos" o "punk" y que hoy tienen su propio adjetivo: acciones "fureras".

"Nuestro primer paso fue trabajar en naves industriales, antiguas funerarias o antiguos mataderos. Es decir, nuestro paso no fue ir al teatro escenario sino empezar a cerrar a la gente a un espacio. De alguna manera porque podíamos dominar más el movimiento del espectador", recuerda Ollé.

Sin embargo, el hecho de dejar las calles no significó abandonar el espíritu callejero en sus espectáculos, porque dentro de esos grandes espacios juegan con el público "al mismo nivel que el actor".

"Yo recuerdo que en Varsovia, rompimos un coche. ¡Teníamos al público como loco! Gritando, dando saltos y era una cosa que nosotros no entendíamos y al final la organización nos explicó que habíamos roto un coche soviético. Entonces aquello cogió un carácter simbólico muy potente para ellos", comenta Alex Ollé.

Yo recuerdo que en Varsovia rompimos un coche. ¡Teníamos al público como loco! Gritando, dando saltos... Al final la organización nos explicó que habíamos roto un coche soviético
Alex Ollé, uno de los directores de la Fura dels Baus
Por su parte, para el director de Comediants, las experiencias que ha vivido presentando sus espectáculos en la calle son únicas e imborrables.

"Yo he llorado, yo he estado una hora y media haciendo un espectáculo en Chile llorando, pero llorando... ¡ahhh! ¡Que no podía respirar! ¡Que yo creía que me iba a morir! Porque era demasiado la presión que había. Era demasiado el placer".



ESCUCHE/VEA
En las calles de Barcelona



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