Carlos tuvo que salir de Colombia en 72 horas.
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Carlos es colombiano. Bajo amenazas de la guerrilla tuvo que salir de su país y huyó a Ecuador.
Con ayuda de ACNUR se trasladó a Argentina, donde pudo reencontrarse con su familia.
Desde hace cuatro meses vive en Buenos Aires.
Soy de Cartago, en el Valle del Cauca, Colombia. Yo vendía mercadería con un amigo que mataron en presencia mía. Mi vida cambió de un momento para otro, en cuestión de segundos. No sé por qué sucedió todo esto.
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Le doy gracias a Dios por haberme ido de Colombia, si no, no estaría vivo
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Ellos (la guerrilla) me dieron 72 horas para irme del país. Salí sin saber a dónde. Según ellos, yo y mi compañero éramos soplones y decíamos dónde estaba la guerrilla. Entonces me fui a Ecuador, sin poder siquiera avisarle a mi mujer, que quedó sola varios meses con nuestros tres niños. Luego ellos pudieron venir a Ecuador.
Le doy gracias a Dios por haberme ido de Colombia, si no, no estaría vivo.
En Ecuador pasamos muy malos momentos. No teníamos documentos. La niña se enfermó y hubo que operarla. Incluso pedí limosna en la calle para pagar su atención médica. En Ecuador nos hicimos cristianos.
Nuevos horizontes
Luego el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y nos ayudó. Ellos nos explicaron del programa de reasentamiento para venir a Argentina.
Carlos vive en Buenos Aires con su esposa y sus tres hijos.
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Cuando la llamé a mi mujer para decirle 'nos vamos para Argentina' ella no lo podía creer. No le convencía la idea, pero yo le dije 'mi amor, allá vamos a tener documentos, los niños podrán ir a la escuela, la atención médica es gratuita'.
Vivimos hace cuatro meses en Buenos Aires. Somos cinco: mi mujer, yo y tres niños. Vivimos en un departamento que nos dio una ONG. Nos dan casa y dinero para alimentos.
Yo trabajo haciendo instalaciones de gas. Con mi mujer nos casamos aquí en Buenos Aires, al poco tiempo de llegar. Me habían dicho cosas malas de Argentina, que la gente tenía 'mucho ego', pero no es así. La gente es amable y muy buena.
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Lo que he vivido yo, no se lo deseo a nadie. Mi miedo es qué será de nosotros en octubre, cuando termine la ayuda que nos dan
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Aquí estamos súper bien. Tengo trabajo y los niños van a la escuela. Estoy muy agradecido.
Extraño mucho mi país. Allí me quedó un hijo, al que no veo hace cuatro años. Ese es mi dolor más grande. Pero por ahora me da miedo volver. Lo que he vivido yo, no se lo deseo a nadie. Mi miedo es qué será de nosotros en octubre, cuando termine la ayuda que nos dan.
Me dijeron que aquí es difícil conseguir arrendamiento y trabajo. Pero confío en que Dios estará de nuestro lado.
