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Lunes, 12 de marzo de 2007 - 11:38 GMT
Gabo en México
Mariusa Reyes
Mariusa Reyes
BBC Mundo, México

Emmanuel Carballo
Carballo aún conserva los primeros borradores de "Cien años de soledad".
México, con su intensidad, su complejidad y su gente creativa, fue el escenario ideal en el que Gabriel García Márquez dio a luz a sus "Cien años de soledad".

Fue durante un viaje a Acapulco que el escritor colombiano experimentó lo que él mismo ha descrito como un "cataclismo del alma", una súbita y poderosa inspiración que le permitió darle forma y plasmar en la hoja en blanco la novela que había fraguado en su mente durante más de veinte años.

"Gabo empezó a encontrarse a sí mismo en México", le comentó a BBC Mundo el escritor y crítico literario mexicano Emmanuel Carballo, quien guarda los primeros borradores de "Cien años de soledad".

"Siempre traía en la cabeza una novela para la que no acababa de encontrar la estructura ideal. La tenía pensada, vivida, sabía los personajes, cada momento de la historia, pero no encontraba el estilo y la estructura, y eso lo encontró en México".

Encierro

Carballo recuerda que por ese tiempo García Márquez dejó todo lo que estaba haciendo, sus colaboraciones periodísticas para varios diarios y su oficio de publicista, pidió dinero prestado y se encerró durante más de un año a escribir su famosa novela.

Él buscaba a la gente, a los amigos, cuando estaba muy cansado. Nosotros no teníamos derecho a molestarlo. Poco a poco comenzó a enviarnos las cuartillas que escribía. Venía a mi casa los viernes o los sábados, y en cada visita dejaba nuevas cuartillas
Emmanuel Carballo, escritor y crítico literario
"Él buscaba a la gente, a los amigos, cuando estaba muy cansado. Nosotros no teníamos derecho a molestarlo. Poco a poco comenzó a enviarnos las cuartillas que escribía. Venía a mi casa los viernes o los sábados, y en cada visita dejaba nuevas cuartillas y se llevaba las que me había dado la semana anterior".

Según cuenta Carballo, García Márquez no buscaba que le hiciera a su texto correcciones de ortografía, de puntuación o de sintaxis. No, le interesaba algo mucho más que eso.

"Él quería escuchar mis ideas sobre la estructura y el estilo del texto, saber si funcionaban los personajes", cuenta Carballo.

"Yo le decía que todo estaba perfecto y que me daba coraje que no podía encontrarle ni un solo error. Él seguía trayendo cuartillas y más cuartillas, hasta que terminó la novela y ahí le dije: - 'has hecho algo increíble, yo nunca he leído y sé que no voy a leer el resto de mi vida una obra como ésta'", cuenta Carballo.

Refugio literario

Gabriel García Márquez
Carballo se acuerda todavía de que García Márquez se vestía muy raro.
García Márquez escogió México como su refugio literario. La generación de escritores de esos años la conformaban unos diez o doce autores. Gabo se unió al grupo que conformaban el propio Emmanuel Carballo, Carlos Fuentes, Sabines, Carballido, Rosario Castellanos y Spota, entre otros.

"Aquí estábamos nosotros, pero también vivían en México otros colombianos, como Botero y Álvaro Mutis. Era un país barato, con mucha historia, con muchos contrastes, parecido a Colombia en algunos sentidos. Era ideal para él", recuerda el crítico literario Carballo.

García Márquez se trajo a México parte de su nativa Colombia. Su carácter y personalidad típica del Caribe, contrastaba con lo reservado de los mexicanos. Emmanuel Carballo recuerda como si fuera ayer los calcetines de colores llamativos que se ponía García Márquez, los que casi nunca le combinaban con el resto de su atuendo.

"En el Caribe son muy dados a la música muy ruidosa, los trajes muy llenos de colorines. García Márquez se vestía muy raro, con unos calcetines amarillos o azules. Hablaba en serio pocas veces, pero cuando lo hacía había que tenerle en cuenta porque decía cosas de mucha sustancia y profundidad".

Para María Luisa Elío

Otra de las personas con las que García Márquez compartió los detalles de la historia de "Cien años de soledad" fue María Luisa Elío, también agente literaria en ese entonces y esposa del cineasta catalán Jomí García Ascot. Fue María Luisa, hoy retirada en su casa de San Ángel, en el sur de la Ciudad de México, la mujer a la que Gabo dedicó la novela.

Mira Gabito, si tú escribes eso vuelves a escribir la Biblia
María Luisa Elío, agente literaria
"Durante una cena que hicimos en la casa de Álvaro Mutis, yo me entusiamé tanto con lo que nos contaba de la novela, que no me moví de su lado en toda la noche. Le dije: 'Mira Gabito, si tú escribes eso vuelves a escribir la Biblia' y él me dijo que si tanto me gustaba, entonces era mía, y así fue como me la dedicó de por vida", contó Elío en entrevista con BBC Mundo.

Un buen día, a media mañana, García Márquez dejó de escribir en el teclado de su máquina Smith-Corona. Había llegado al final de "Cien años de soledad". Llamó a sus amigos para contárselo. Lo demás es historia.

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Escuche: "Un cataclismo del alma"



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