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Lunes, 12 de marzo de 2007 - 12:16 GMT
De Aracataca al mundo
Redacción BBC Mundo

Gabriel García Márquez.
Gabriel García Márquez, un colombiano universal.
A lo largo de su vida, el escritor colombiano Gabriel García Márquez consiguió lo que siempre había deseado.

No eran los honores, ni el premio Nobel de literatura. Ni siquiera escribir una de las más grandes novelas de todos los tiempos.

Su ambición al escribir era, según lo dijo en varias ocasiones, que sus amigos lo quisieran más.

Y vaya si lo quieren.

Infancia corta y feliz

Gabriel García Márquez nació en Aracataca, el 6 de marzo de 1927. Su infancia transcurrió al cuidado de sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía -veterano de la guerra de los Mil Días en Colombia- y Tranquilina Iguarán.

Gabriel García Márquez.
El escritor recibió el premio Nobel en 1982.
El escritor siempre dijo que la semilla de su estilo y de su imaginación desaforada está allí, en esa casona que los relatos de su abuela poblaba de fantasmas y presencias. Relatos que Tranquilina Iguarán contaba con cara de palo, como si fueran lo más normal del mundo.

Esa manera de contar, diría García Márquez muchos años después, es la misma que usaría en libros como "Cien años de soledad".

El coronel Nicolás Ricardo falleció cuando "Gabito" -como le decían sus amigos- tenía ocho años. El niño fue enviado a vivir con sus padres, que eran prácticamente unos desconocidos, al municipio de Sucre.

Finalizaba su infancia corta y feliz. "Después, todo me resultó bastante plano: crecer, estudiar, viajar... Nada de eso me llamó la atención. Desde entonces no me ha pasado nada interesante".

En Zipaquirá

A los doce años de edad, García Márquez ganó una beca para estudiar en un internado de Zipaquirá, municipio situado cerca de Bogotá, la capital colombiana.

Gabriel García Márquez.
"Cien años de soledad" cambió la vida de García Márquez.
Muchos de sus allegados reconocerían después a Zipaquirá en las descripciones del lúgubre y remoto pueblo al cual Aureliano Segundo va a buscar a Fernanda del Carpio en "Cien años de soledad".

Los años de internado también serían claves para forjar al escritor. Allí, en las solitarias tardes de sábado y domingo, el joven devoraría las obras de Julio Verne, Emilio Salgari y Alejandro Dumas.

En 1947 empezó a estudiar derecho en la Universidad Nacional de Bogotá, carrera que nunca finalizó. Ese mismo año publicó, en el periódico El Espectador, su primer cuento, "La tercera resignación".

En 1948 ingresó como reportero al recién fundado periódico El Universal de Cartagena.

Entretanto, seguía escribiendo cuentos y publicándolos en El Espectador. En 1950 conoció en Barranquilla a un grupo de jóvenes intelectuales: Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor y Germán Vargas. Ellos, a su vez, le presentarían a Ramón Vinyes "el sabio catalán".

Todos ellos aparecen en "clave" en los últimos capítulos de "Cien años de soledad".

La influencia de estas personas sería portentosa, pues no sólo se convirtieron en sus mejores amigos y le consiguieron trabajo en el periódico El Heraldo de Barranquilla, sino que lo introdujeron a lo mejor de la literatura moderna, como Faulkner, Hemingway, Joyce, Kafka y Woolf.

Para 1951, García Márquez ya había escrito su primera novela, "La hojarasca", aunque sólo la publicaría años más tarde.

El periodista famoso

Después, todo me resultó bastante plano: crecer, estudiar, viajar... Nada de eso me llamó la atención. Desde entonces no me ha pasado nada interesante
En 1954, convencido por otro amigo, Álvaro Mutis, García Márquez regresó a Bogotá a trabajar en el periódico El Espectador, donde se convirtió en uno de los periodistas más famosos de Colombia por sus extraordinarios reportajes.

En 1955 viajó a Ginebra, como enviado de El Espectador a la Conferencia de los Cuatro Grandes. Iba a ser un viaje corto, pero duró cuatro años.

El gobierno militar de Gustavo Rojas Pinilla cerró el periódico y García Márquez, que se encontraba en París, decidió invertir el dinero del tiquete de regreso en finalizar en Europa la novela que estaba escribiendo, "El coronel no tiene quien le escriba".

En Europa, García Márquez también escribió "La mala hora" y varios de los cuentos que luego aparecerían en "Los funerales de la mamá grande".

Su periplo como periodista lo llevó a Caracas, La Habana, Nueva York y finalmente a Ciudad de México, casi siempre obedeciendo al llamado o al ofrecimiento de trabajo de algún amigo.

En México se reencontró con Álvaro Mutis. Allí trabajó como guionista de cine, editor, publicista y periodista y escribió "Cien años de soledad".

"Cien años de soledad"

La manera como García Márquez escribió su más famosa novela ya forma parte de la mitología literaria latinoamericana. Así lo describió él mismo:

Desde hacía tiempo me atormentaba la idea de una novela desmesurada, no sólo distinta de cuanto había escrito hasta entonces, sino de cuanto había leído. Era una especie de terror sin origen
"Desde hacía tiempo me atormentaba la idea de una novela desmesurada, no sólo distinta de cuanto había escrito hasta entonces, sino de cuanto había leído. Era una especie de terror sin origen. De pronto, a principios de 1965, iba con Mercedes y mis dos hijos para un fin de semana en Acapulco, cuando me sentí fulminado por un cataclismo del alma, tan intenso y arrasador, que apenas si logré eludir una vaca que se atravesó en la carretera. Rodrigo dio un grito de felicidad:

-¡Yo también cuando sea grande voy a matar vacas en la carretera!

No tuve un minuto de sosiego en la playa. El martes, cuando regresamos a México, me senté a la máquina para escribir una frase inicial que no podía soportar dentro de mí: 'Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo'. Desde entonces no me interrumpí un solo día en una especie de sueño demoledor, hasta la línea final en que a Macondo se lo llevó el carajo".

"Cien años de soledad" cambió la vida de García Márquez. El estilo avasallador y luminoso con que estaba escrito el libro (estilo del que sólo había dado unas puntadas en el cuento "Los funerales de la mamá grande"), así como sus historias delirantes, deslumbraron a lectores en todo el mundo.

Y lo sigue haciendo: se calcula que la novela ha vendido más de treinta millones de ejemplares desde que fue publicada, en junio de 1967.

El otoño

Algunas de sus obras
Cien años de soledad
El otoño del patriarca
La hojarasca
El coronel no tiene quien le escriba
Los funerales de la mamá grande
El amor en los tiempos del cólera
Boyante e instalado en Barcelona, Gabriel García Márquez empezó escribir la novela en la que dejaría salir todo el caudal de su idioma: "El otoño del patriarca", el relato de un dictador. La novela -según Gabo- del hombre en el que se habría convertido el coronel Aureliano Buendía si hubiera llegado al poder.

Pero antes publicó varios cuentos errantes y un relato largo bajo el título de "La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada".

"El otoño del patriarca", publicada en 1975, confirmó el calibre literario del escritor colombiano.

Luego vino su período más activo políticamente. Anunció que no volvería a publicar ficción hasta que Augusto Pinochet no dejara el poder en Chile y se dedicó a recorrer el mundo escribiendo artículos periodísticos.

Por fortuna para sus lectores, rompió su promesa en 1981, cuando se publicó la corta, densa y magnífica "Crónica de una muerte anunciada".

La consagración máxima llegó en 1982, cuando se le concedió el Premio Nobel de Literatura.

La etapa final

Gabriel García Márquez.
Quienes lo conocen, afirman que detrás de la imagen del hombre público se esconde un hombre tierno y casi tímido.
Luego del Nobel, García Márquez escribió cuatro novelas más: "El amor en los tiempos del cólera" -una obra especialmente admirada en el mundo anglosajón-, "El general en su laberinto" (sobre los últimos días de Simón Bolívar), "Del amor y otros demonios" y "Memorias de mis putas tristes".

También publicó el libro de relatos, "Doce cuentos peregrinos"; un gran reportaje: "Noticia de un secuestro, y sus memorias: "Vivir para contarla".

Él mismo lo dijo, pero también lo dijeron sus amigos: que en el fondo de su alma nunca había dejado de ser el hijo del telegrafista de Aracataca.

Quienes lo conocen personalmente, afirman que detrás de la fragorosa imagen del hombre público, amigo de estadistas y allegado al poder, se esconde un hombre tierno y casi tímido.

Por eso, pero sobre todo por sus libros, no sólo sus amigos lo quieren. Millones de personas alrededor del mundo lo aman.



ESCUCHE/VEA
Escuche: un recorrido por la vida de García Márquez



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