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Miércoles, 4 de julio de 2007 - 13:46 GMT
"Frida era un ente conquistador"

Raquel Tibol
Tibol vivió en casa de Frida durante uno de los momentos más difíciles de la vida de la pintora.
Raquel Tibol, escritora argentina y crítica de arte, ha publicado entre otros libros: "Escrituras de Frida Kahlo" y "Frida en su luz más íntima".

Tibol llegó a México invitada por Diego Rivera en mayo de 1953 para un evento cultural. Durante varias semanas se hospedó en casa de Frida Kahlo, donde se hicieron amigas. Tibol compartió con la corresponsal de BBC Mundo en México, Mariusa Reyes, sus recuerdos sobre la artista.


Cuando llegué a su casa, Frida estaba viviendo una situación angustiosa. Le habían avisado que le iban a amputar la pierna derecha. Ya lo que pintaba era torpe. Son sus últimos cuadros. Además, se drogaba y yo en mi vida había puesto una inyección.

La primera noche, Frida sacó una ampolleta de Demerol y me dijo 'toca, toca y donde encuentres blando, pica'. Yo no sé como no me desmayé porque para mí fue una experiencia traumática.

Frida era un ente conquistador hacia los demás. Ella necesitaba conquistar la simpatía de quienes la rodeaban
Cuando Frida no encontraba quien la inyectara, se inyectaba sola, y por eso tenía unas costras brutales a los dos lados de la parte alta de sus piernas, ya llegando a la cadera. Esa fue de mis primeras experiencias con Frida en Coyoacán.

De esos días, el fruto más positivo fue, por supuesto, conocer a Frida, estar en convivencia doméstica con ella, conocer de manera directa su dolor físico, su dolor moral y su manera tan particular de salir de una situación opresiva.

Cuando se le pasaba el efecto de la droga, volvía a tener un estado aparente de alegría, de comunicación, de encanto. Frida era un ente conquistador hacia los demás. Ella necesitaba conquistar la simpatía de quienes la rodeaban.

Impresiones

De las cosas que más me impresionaron en ese tiempo es que Frida se había hecho un autorretrato, con la torpeza con la que pintaba en ese momento, en el que se veía su cara dentro de un girasol. Ella lo vio, no le gustó, me pidió un cuchillo filoso y comenzó a rasgarlo.

Por años me quedó en la cabeza ese sonido del cuchillo en contacto con la pintura ya seca. Lo destruyó completamente.

Raquel Tibol
A Frida y a Diego los unió un entendimiento de caracteres muy diferentes. Tuvieron una mutua atracción, más allá de lo que es el amor físico. Los dos tenían emparejamientos frecuentes con otras personas, pero se celaban terriblemente
Frida era muy polifacética. Primero por su manera de amar, es decir, reclamarle a la vida un piel a piel para, en cierta forma, recuperar lo que le había arrebatado el accidente que tuvo de joven, que la había dejado limitada.

Le gustaba el contacto directo con la gente. Le gustaba escribir y lo hacía hasta para comunicarse con personas que vivían apenas a dos cuadras de su casa. Ella le escribía a Diego, aunque él estuviera en el otro cuarto.

Otro asunto era su bisexualidad, su amor por el cine, por el teatro, por la lectura. Le gustaba la música de conciertos y el jazz.

A Frida y a Diego los unió un entendimiento de caracteres muy diferentes. Tuvieron una mutua atracción, más allá de lo que es el amor físico. Los dos tenían emparejamientos frecuentes con otras personas, pero se celaban terriblemente.

Hay que ver las fotos que muestran el aspecto físico de Diego cuando murió Frida. Quedó destruído. Yo no he conocido otra pareja que tuviera vidas tan abiertas como las de Diego y Frida, y que a la vez se necesitaran el uno al otro de una manera tan profunda.

Los trajes de Tehuantepec

Diego era un enamorado de las mujeres de Tehuantepec, de las tehuanas en general, y de hecho tenía algunas novias por allá. Cada viaje que hacía al lugar, ahí tenía un amorcito esperándolo.

Entonces, Frida no usó sólo los trajes tradicionales mexicanos, ella mandaba a hacer vestimentas originales que eran unas verdaderas joyas, sus propios diseños. Frida tenía un enorme sentido del gusto por la vestimenta, por el tocado, por el adorno.

En eso creo que era única, porque otras mujeres de la época también vestían trajes de Tehuantepec, pero ellas no se mandaban a hacer vestidos originales. Cuando uno piensa en su cuerpo llagado, de la punta de la cabeza a los pies, y que fuera tan coqueta, realmente asombra.

Dicen los hombres que tuvieron amores con ella, que a pesar de su cuerpo lacerado, Frida tenía una intensidad amatoria y una sensualidad verdaderamente impresionante.

A mí me parece importante rescatar a la verdadera Frida, más allá de todos estos mitos, ocurrencias, invenciones que están muy por debajo de la Frida real, que supera estas cosas. Ella era un formidable ser humano.


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