Para el gobierno de George W. Bush las condiciones políticas en Cuba, desde el traspaso de poder de Fidel a su hermano Raul Castro, no ameritan un cambio de política hacia la isla.
La secretaria de Estado, Condolezza Rice, resume en pocas palabras la actitud de la administración Bush: "no puedes transferir el poder de un dictador a otro".
Según la funcionaria, mientras no haya elecciones libres y demócraticas, es díficil hablar de un verdadero cambio en Cuba.
"El pueblo cubano se merece un futuro demócratico", reitera Rice, aunque advierte al mismo tiempo que "el destino de la isla no está en manos de los Estados Unidos, sino de los propios cubanos".
Fue el 31 de julio del 2006 cuando Fidel Castro transfirió el poder a su hermano Raúl. En menos de cinco meses, en diciembre, éste ofreció un diálogo con Washington -algo que no había pasado en el medio siglo que gobernó su hermano.
No al diálogo
La Casa Blanca cuestiona incluso las próximas elecciones de octubre como poco democráticas.
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Pese a la oferta, Washington dijo que no estaba interesado en hablar con un gobierno cubano mientras no hubiera una "transición pacífica hacia la democracia", que incluya la liberación de presos políticos.
Según funcionarios como el secretario de Comercio Carlos Gutierrez , la actitud de Washington está justificada, ya que no pueden modificar su posición porque el problema está en la isla.
"Allí es donde hay que tener libertad, democracia, libertad de expresión", le dijo a la BBC.
En este sentido, las elecciones anunciadas en Cuba para el próximo 21 de octubre, en poco cambiarán la posición de Bush.
Según dijo el portavoz adjunto del Departamento de Estado, Tom Casey, esos comicios son "tipo Castro". Es decir, con partido único, "sin que el votante tenga oportunidad de elegir libremente y sin otra opción que ratificar el control de la actual dictadura", explicó.
¿Oportunidad perdida?
Los expertos consultados por BBC Mundo, sin embargo, opinan que la política que ha seguido EE.UU. puede ser contraproducente y obstaculiza cualquier intento por mediar una transición política en la isla.
"Es sorprendente lo poco que han cambiado las cosas en este último año", le comentó a la BBC Michael Shifter del Dialogo Interamericano.
"La política hacia Cuba no se ha movido ni un centímetro este año. No se ha suavizado ni tampoco endurecido. Creo que la política quedará en el congelador hasta que se aclare la situación de salud de Fidel Castro", señaló por su parte Adam Isacson, del Centro de Política Internacional.
Aquellos que buscan el cambio han actuado con demasiado cautela, explica el analista, mientras que los que defienden la actual política no quieren dar su brazo a torcer.
Basta ver lo que le dijo a la BBC Roger Noriega, ex jefe de la diplomacia estadounidense para la región: "la única conversación que tiene que tener Raúl es con su agente de viajes. En mi opinión sería importante para él pasar el poder a la gente y elegir un país de exilio".
Este tipo de actitudes, señalan los observadores, han disminuido la posibilidad de actuar en una era "post-Fidel".
La pesadilla de Washington
Un riesgo para EE.UU. sería una salida masiva de cubanos.
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Pero más allá de cambios mínimos o declaraciones, lo más importante para la Casa Blanca es evitar un estallido de violencia en la era post-Fidel como relató a a BBC Mundo el autor del libro "Después de Fidel", Brian Lattel.
"La peor pesadilla para Washington sería un exilio masivo de cubanos a Florida", señala Lattel, quién también trabajó para la CIA por varios años como analista del país caribeño.
Incluso, el propio portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, así lo admitió cuando Fidel cayó enfermo en el verano del 2006: "es importante en esta coyuntura decirle a la gente que se quede en el lugar en que se encuentra".
Más claro no pudo ser el mensaje. La administración quiere una Cuba demócratica, pero que no le complique la vida en casa.