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Domingo, 25 de noviembre de 2007 - 18:42 GMT
Un día en la Casa de Campo de Madrid
Inma Gil, productora de BBC Mundo
Inma Gil
BBC Mundo

El termómetro marca 10 grados centígrados mientras espero la furgoneta de Médicos del Mundo para acompañarlos en su ronda diaria por la Casa de Campo, uno de los escenarios de prostitución más conocidos de la capital española.

Furgón de Médicos del Mundo de Madrid
El furgón de Médicos del Mundo hace recorridos diarios por los distintos ambientes de prostitución de Madrid.

Hace meses que Silvia y Yolanda hacen este recorrido: su objetivo es repartir preservativos y dar información a las decenas de mujeres de todos los orígenes que a diario venden sus cuerpos por los rincones de este gigantesco parque en las afueras de Madrid.

A veces consiguen darles también breves talleres de educación sexual en la parte de atrás de la camioneta.

Otras, con un mero "Hola, ¿cómo estás hoy?" y una amplia sonrisa, se van ganando su confianza, por si algún día las necesitan.

La jornada ha comenzado

Son las 10.25 de la mañana de un miércoles invernal y contra todo pronóstico ya hay chicas trabajando. El mundo de la prostitución no descansa, por extraño que parezca.

Está triste porque acaba de llegar de Rumania y ya se le rompieron tres condones
Prostituta rumana hablando de su amiga

"¡Qué madrugadora!, ¿Se te ha curado la herida ya?", le pregunta Silvia a Alessandra, la primera chica que encontramos. Yolanda apaga el motor y nos quedamos a hablar con ella.

Lleva unos cortísimos pantalones rojos y un abrigo blanco. Sólo verla, da frío.

Es rumana y tiene 18 años recién cumplidos.

Alessandra, que habla muy bien español, les cuenta a las asistentes de salud su preocupación por si está embarazada. En los últimos dos años ha tenido tres abortos.

Cuando me presentan como periodista de la BBC, Alessandra me mira amigablemente pero me dice que prefiere no hablar al micrófono.

Aún así se queda charlando y me cuenta mil historias terribles que le han ocurrido a sus compañeras, como a una que "la secuestraron y a los dos días apareció desnuda, en la nieve".

Pero no habla de su propia historia.

Marcando territorio

Silvia, técnico sanitario de Médicos del Mundo de Madrid
Silvia, técnico sanitario, lleva siempre la sonrisa puesta.

La furgoneta de Médicos del mundo arranca y va parando en los lugares "de siempre".

Silvia y Yolanda ya saben dónde suelen estar las chicas, que se reparten el territorio agrupándose por nacionalidades.

A veces nos paramos en lugares que parecen estar desiertos. Pero poco a poco, las mujeres van surgiendo de la nada.

Muchas se esconden porque están en situación irregular y temen a la policía.

Otras veces, desde lejos nos indican que no nos acerquemos.

Silvia y Yolanda me explican que algunas redes, sobre todo las de Europa del este, les tienen prohibido a sus mujeres hablar con cualquier organización de ayuda.

ACTUALIZACIÓN
El 6 de julio de 2007 el ayuntamiento de Madrid cerró el tráfico privado de vehículos en la Casa de Campo, con la intención de "no dañar el medio ambiente" e "impedir el ejercicio de la prostitución".

Además de nuestra camioneta, los únicos vehículos que circulan por el parque son los de conductores varones que viajan solos.

De vez en cuando nos encontramos con algún coche de la policía, que ha incrementado su presencia en la zona desde que el ayuntamiento de Madrid inició un plan contra la explotación sexual.

Como la prostitución es legal en España (lo que es ilegal es el proxenetismo), lo único que pueden hacer las autoridades es tomar medidas para hacer más difícil su ejercicio en este lugar público.

Tengo un problema
Prostituta nigeriana

Así, hacen controles de alcoholemia en la zona, piden la documentación tanto a los conductores como a las prostitutas y ponen multas por escándalo público o estacionamiento indebido.

Pero según las especialistas de salud de Médicos del Mundo, esto no ha hecho más que "dispersar" la prostitución hacia otros lugares.

Dos amigas

Poco después paramos en un cruce para hablar con dos jóvenes rumanas.

Una de ellas ya lleva meses trabajando aquí y desde hacía semanas venía anunciándoles a las trabajadoras de Médicos del Mundo la llegada de su mejor amiga de Rumania.

Caja de preservativos que reparte Médicos del Mundo de Madrid entre las prostitutas.
Médicos del Mundo reparte gratuitamente entre las prostitutas preservativos y cremas lubricantes.

"Esta es ella", les dijo. "Mi amiga".

Su sonrisa contrastaba con la mirada de tristeza de la recién llegada, que dijo que tenía 21 años aunque aparentaba varios menos.

"Está triste", dijo la veterana, "porque acaba de llegar de Rumania y ya se le rompieron tres condones".

Su amiga apenas abría la boca. Tenía los ojos acristalados, como si se fuera a poner a llorar en cualquier momento. Parecía una niña inocente, indefensa e inspiraba una ternura infinita.

Yolanda y Silvia aprovecharon la ocasión para darles un taller sobre cómo poner correctamente un preservativo, para evitar que se rompa.

La recién llegada no entiende nada de español, pero ya conoce el vocabulario más soez para describir los distintos actos sexuales.

Las palabras que pronuncia no encajan con su cara de niña.

Y es ese vocabulario, el que ellas oyen en su trabajo diario, el que utilizan Silvia y Yolanda en los talleres.

Aún así, su amiga va traduciendo al rumano las partes más complicadas de la explicación.

Y sobre la mesa dentro de la furgoneta las dos practican poniéndole varios condones a una réplica de goma de genitales masculinos.

"Tengo un problema"

Más adelante nos paramos en un descampado junto a un grupo de seis nigerianas.

Entre risas y bromas se suben a la furgoneta y se sientan a descansar. Agradecen el cojín mullido de los asientos, aunque sea sólo durante cinco minutos.

Todas se quejan de que hoy hay poco trabajo.

Una chica que va semi desnuda lleva la voz cantante. Yolanda y Silvia creen que es la "mami" que controla al resto.

Cuando todas se bajan, una chica que había estado callada todo el tiempo se aventura a decirnos, tímidamente, "tengo un problema".

Con un español muy pobre y un inglés básico consigue explicarnos que tiene una hemorragia vaginal desde hace 15 días.

Las especialistas de salud le dicen que tiene que ir al médico y ella responde:

"Pero yo no tengo papeles".

Entonces le explican que por ley, al ir a urgencias, incluso sin tarjeta sanitaria la tiene que atender un médico.

La joven nigeriana parece quedarse algo más tranquila. Pero no sabe dónde está el hospital ni cómo llegar.

Fin del recorrido

Pero yo no tengo papeles
Prostituta nigeriana

Terminamos la jornada a las 15.30 de la tarde.

En cinco horas hablamos con siete rumanas, una china, una boliviana, diez nigerianas, dos liberianas, dos colombianas y una albanesa. Ninguna pasaba de los 30 años.

Cada una de ellas tiene detrás una historia de pobreza y necesidades que la ha traido hasta aquí.

Me voy con el corazón encogido.



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