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Domingo, 25 de noviembre de 2007 - 19:26 GMT
¿Quiénes son los explotadores?
Inma Gil
BBC Mundo

LOS EXPLOTADORES
Calle Montera de Madrid

La lista de quienes se benefician de la explotación sexual de las mujeres es larga.

Va desde las familias en los países de origen, pasando por los intermediarios de la red hasta llegar a los proxenetas, clientes y otros personajes que rondan los ambientes de prostitución y que aprovechan la situación.

La esclavitud sexual de una sola mujer genera ganancias suficientes para sustentar a todo un grupo variopinto de explotadores, que justifican sus acciones con discursos muy diferentes.


El proxeneta

En muchos casos, el proxeneta puede convertirse en objeto de amor u odio para las víctimas de explotación sexual.

Muchas, al menos en un principio, consideran a sus traficantes como sus salvadores: las personas que les brindaron una alternativa a la pobreza y a la falta de oportunidades en sus países de origen.

Las mujeres forzadas a prostituirse están solas en un país ajeno, muchas no conocen el idioma, no tienen a quien recurrir, temen a la policía y no tienen documentos ni dinero.

En esas circunstacias necesitan a sus proxenetas para sobrevivir, y pueden llegar a aferrarse emocionalmente a las mismas personas que las explotan.

En muchos casos es precisamente la pareja de la mujer quien se convierte en su propio proxeneta.


El dueño del club

Afiche de neón de un prostíbulo
Muchos empresarios regentan más de un club de prostitución, porque es un negocio muy lucrativo.

El dueño del club suele jugar un papel de relaciones públicas o de intermediario, entre los clientes -con los que tiene una relación de pseudo amistad- y las mujeres prostituidas.

Conoce el producto que busca la clientela y escoge a las mujeres de su club de acuerdo a esa demanda.

Valora a las mujeres desde el punto de vista de la rentabilidad: para él son una especie de "posesión temporal", de mano de obra extranjera, y sus intereses económicos priman sobre el bienestar de las trabajadoras sexuales.

Yo les dejo dinero para el viaje... pero vienen a trabajar... porque saben que a los tres meses tienen que volver a Brasil
Dueño de un club de prostitución

A pesar de su perspectiva eminentemente económica, no es infrecuente que mantenga relaciones sexuales bajo coacción con las mujeres prostituidas de su local. A veces para "probarlas" y darles el visto bueno antes de que ingresen en su club.

"Yo les dejo dinero para el viaje... pero vienen a trabajar... porque saben que a los tres meses tienen que volver a Brasil", decía el dueño de un club de carretera con respecto a la deuda que muchas mujeres contraen para poder salir de sus países.

Estos empresarios no consideran su negocio como una forma de explotación sexual, sino como una empresa cualquiera en la que hay un intercambio comercial de la mujer con el cliente, una transacción que a sus ojos es justa y libre de presiones.

Según Silvia Pérez Freire, coordinadora de la organización que ayuda a las mujeres prostituídas Alecrín, los dueños de los clubes suelen seguir la filosofía de que "el cliente siempre tiene la razón". Este principio deja a la mujer prostituida en una situación de debilidad a la hora de negociar los servicios con los clientes, que a menudo piden prácticas sexuales de riesgo o exigen el consumo de drogas.

Para Freire, el discurso de los dueños de los clubes suele estar plagado de argumentos "racistas y machistas": a menudo sugieren, por ejemplo, una supuesta "predisposición natural" de las mujeres inmigrantes hacia el sexo, por contraposición a la mujer local.

Asumen también, añade Freire, que la elección de ejercer la prostitución es fruto de una decisión bien informada y totalmente voluntaria.

"A la mujer latina no le resulta nada duro, el sexo para esa gente es un deporte", dijo a Alecrín el dueño de un club.

Hay clientes que me acompañan desde hace 20 años. No he perdido nunca a un cliente
Dueño de un club de prostitución

Los dueños de los clubes tampoco suelen concebir, señala Freire, la posibilidad de una agresión sexual o violación dentro de las paredes de sus locales.

Este negocio de hombres para hombres es tan lucrativo que muchos dueños regentan más de un club de prostitución.

Freire denunció ante la BBC que los propietarios de burdeles con frecuencia ponen sus negocios a nombre de sociedades anónimas o utilizan testaferros para evitar eventuales problemas legales, relacionados por ejemplo con la trata de personas o con la explotación de inmigrantes ilegales.

Según la coordinadora de Alecrín, los dueños de los clubes suelen ser empresarios conocidos a nivel local, con influencias comerciales y contactos que muchas veces les advierten de una inminente redada policial. Freire sostiene que muchos están relacionados también con actividades de blanqueo de dinero.


El cliente

Los clientes suelen ser habituales, estables en cada escenario de prostitución.
Cliente de prostitución
Porque tú pagas existe la prostitución
Lema de la campaña de concienciación del Ayuntamiento de Madrid

"Hay clientes que me acompañan desde hace 20 años. No he perdido nunca a un cliente", proclama orgulloso el dueño de un club de Lugo (España) en una entrevista con Alecrín.

En general, a los clientes de prostitución les importa poco la historia humana que hay detrás de los cuerpos que alquilan. Lo que quieren es sexo rápido y sin complicaciones.

"No quieren saber", dice Silvia Pérez Freire, recordando a un cliente que durante una entrevista con su organización reconoció que sólo le importaba la situación de la prostituta "si estaba llena de golpes", porque entonces sentiría reparo al estar con ella.

Tanto las mujeres víctimas de la trata como los expertos consultados por BBC Mundo coincidieron al afirmar que la mayoría de los clientes son casados y suelen pedir relaciones sexuales sin preservativo.


La familia

"Cuando vine para acá mi madre no lo sabía. Pero después de estar aquí le dije que estaba trabajando en la noche... y a ella no le gustó pero no había otra solución".

Familia de emigrante retornada
Las mujeres van compatibilizando el dinero entre la deuda y las remesas.
Fabiola salió de Brasil a los 24 años. Al llegar a España, el dueño del club que pagó su viaje le quitó el pasaporte y la mantuvo encerrada en su prostíbulo durante meses, mientras ella iba saldando su deuda.

Fabiola enviaba parte del dinero que ganaba a su madre y al hijo que dejó en Brasil.

"Es una situación más frecuente de lo que nos podamos imaginar", dice la Hermana María de las Hermanas Adoratrices de Colombia, que en sus más de 20 años trabajando con víctimas de la trata en Colombia y Ecuador ha visto muchas veces cómo la presión familiar mantiene a las mujeres en el círculo de la prostitución, incluso después de haber pagado su deuda de viaje.

"Conozco varios casos en los que las chicas están ejerciendo la prostitución, forzadas o no, en el extranjero y quisieran salir pero todos los días tienen la presión de su familia: que necesita plata para pagar las cuotas de la casa, del equipo de sonido... Y como ven que la hija les empieza a mandar dinero, entonces cada vez hay mayores necesidades".

En América Latina la trata de personas se ha normalizado como una estrategia de supervivencia (...) porque el dinero al final lo redime todo
Silvia P. Freire, Alecrín

Según Freire, el dinero que ganan las mujeres prostituídas y las víctimas de la trata lo dividen entre el pago de la deuda y el envío de remesas.

El problema, según Freire, es que "en América Latina la trata de personas se ha normalizado como una estrategia de supervivencia (...) porque el dinero al final lo redime todo", concluyó.



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