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Viernes, 23 de noviembre de 2007 - 12:15 GMT
Un paseo por la calle Montera
Inma Gil, productora de BBC Mundo
Inma Gil
BBC Mundo

La calle Montera está en el centro de Madrid, a pocos metros de la siempre concurrida Puerta del Sol, pero no suele ser un sitio recomendado para turistas.

Calle Montera
La mayoría de los transeúntes pasan apurados frente a las prostitutas.
Aún así es uno de los lugares más conocidos de la capital española: el escenario más emblemático de la prostitución de calle en Madrid.

Son apenas 100 metros de aceras y suelos empedrados que bajan hasta llegar a la Puerta del Sol.

A los ojos de una visitante como yo, podría ser una calle bonita si no fuera por la explotacion sexual que tiene lugar las 24 horas del día.

Ya desde primera hora de la mañana las mujeres esperan agrupadas por territorios. Las caras se repiten en los mismos lugares cada día y se van multiplicando a medida que pasan las horas.

Hacia un extremo están las africanas, la mayoría de Nigeria. Hacia el otro, las latinas (de Ecuador, Brasil y Colombia principalmente) y por el centro las de Europa del Este, de mayoría rumana.

Estas últimas parecen ser las más numerosas. Y también las más jóvenes.

El paso rápido de los transeúntes contrasta con la eterna espera de las prostitutas.

Un coche de la policía está estacionado casi permanentemente en la parte más alta de la calle y varios agentes charlan fuera del vehículo.

Calle Montera
Cartel de la Calle Montera, en el centro de Madrid.
Su presencia no disuade el comercio de sexo: es "business as usual" en esta mañana de un martes de invierno.

El ejercicio de la prostitución no está prohibido en España. Lo que sí es ilegal es el proxenetismo: el obtener beneficios de la prostitución de otra persona.

Algo más abajo hay un salón de juegos por cuya entrada siempre pululan hombres aparentemente ociosos.

Hacia las ocho de la noche una veintena de ellos, la mayoría de aspecto extranjero, charla bajo el techo de la entrada al negocio de "máquinas tragaperras".

Algunos son chulos, el término coloquial que se utiliza para los proxenetas. Parecen conversar distendidamente entre ellos, pero de reojo siempre tienen controladas a sus trabajadoras.

En cuanto me acerqué a hablar con dos de las prostitutas latinas uno de ellos me siguió calle abajo. Supongo que habrá concluido que una curiosa en la calle Montera sólo puede ser policía o periodista.

"Todo para la prostituta extranjera"

Para distraer al chulo entro en el locutorio.

Conexión a internet, ropitas de niño a 5 euros (US$7), cabinas telefónicas, giros, fotocopias y CD's de salsa... Hasta un abogado de extranjería se ofrece en este locutorio, uno de tantos en la zona, que bien podría tener por lema comercial "todo para la prostituta extranjera".

Cualquier hora es buena para enviar algo de plata, hablar por teléfono o chatear con la familia... y de paso hacer un descanso lejos del frío de la calle.

Calle Montera
La calle Montera ofrece servicios las 24 horas del día.

Desde el otro lado del mostrador la gerente del local, una latina que lleva seis años al frente del negocio, nos explica que la mayoría de las mujeres que envían dinero a sus familias desde este locutorio son rumanas.

"LLegan y lo que quieren es que el dinero llegue seguro y en el acto, no se fijan en la comisión", dice.

"Pero a las latinas les parece caro el servicio que yo tengo acá y envían desde otros lugares. Parece que les preocupa más el dinero, miran cada euro que gastan", tal vez porque tienen familias más numerosas, se aventura a decir más tarde.

Las cantidades que se envían desde este local oscilan entre los 100 y los 400 euros (US$150 y US$600).

Al principio la gerente se muestra reticente a hablar, pero poco a poco se va relajando y nos da más detalles de la vida en la calle Montera vista desde el locutorio. "Las nigerianas son las que más llaman. Y hablan mucho tiempo".

(...) el marido cuidaba del bebé acá mismo en el locutorio mientras ella trabajaba en la calle
Gerente de un locutorio

Hace poco había unas cuantas rumanas "que salían llorando todos lo días de las cabinas y al final se fueron porque no aguantaban más".

"Ecuatorianas también hay muchas. Y dominicanas, aunque menos", continúa.

"Los maridos saben que están por acá y saben que ejercen la prostitución. Recuerdo el caso de una latina muy jovencita que tuvo un bebé con su marido, de su mismo país. Y el marido cuidaba del bebé acá mismo, en el locutorio, mientras ella trabajaba en la calle".

Hay un constante trasiego de mujeres y hombres, de idiomas y nacionalidades diferentes.

Dos chicas rumanas de aspecto muy joven entran para mandar un giro de 300 euros (US$445). La única que habla español le explica a la dependienta lo que quiere su compatriota y traduce en rumano que son 25 euros (US$37) de comisión.

Cumplida su misión de traductora, vuelve apurada a la calle.

Calle Montera
Se diría que es una calle bonita, si no fuera por la explotación sexual que allí tiene lugar a diario.
La gerente entonces le pregunta a la joven rumana, que ahora está sola, dónde vive. La chica no entiende y después de repetirle la pregunta varias veces consigue balbucear "Montera".

Dudo mucho que viva realmente en esta calle de prostitución, aunque seguramente sea el lugar donde más tiempo pase. O pierda.

Vuelta a la calle

Salgo del locutorio y veo en la acera de enfrente a la improvisada traductora, con sus vaqueros ajustados y sus botas negras altas.

Está en el tramo de las rumanas, como le corresponde.

Y mientras camino cuesta arriba, ya hacia el final de la calle Montera, observo una imagen que me resulta tremendamente grotesca: en la acera de la izquierda un anciano se apoya con una mano sobre un bastón, mientras con la otra frota los genitales de una chica de aspecto aniñado.

La "operación" dura apenas unos segundos. A cambio, unos cuantos euros.

Son las 21.30 de la noche. Fin del paseo.



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