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Redacción BBC Mundo
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Francisco Javier Errázuriz, presidente de la Conferencia de Obispos Latinoamericanos y del Caribe.
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La visita del Papa Benedicto XVI a América Latina vuelve a traer a discusión una de las realidades más alarmantes para la Iglesia Católica del siglo XXI: la pérdida de fieles ante el avance de las iglesias evangélicas.
BBC Mundo conversó sobre el tema y sobre la próxima Conferencia de Obispos con el cardenal Francisco Javier Errázuriz, cardenal chileno y presidente de la Conferencia de Obispos Latinoamericanos y del Caribe.
No cabe duda que las iglesias evangélicas han crecido en la región a expensas de la Iglesia Católica. ¿Qué están haciendo al respecto?
Muchos fieles se han ido buscando algo que la Iglesia no ofrecía, dice Errázuriz.
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En primer lugar creo que es importante decir que en muchos países se piensa que la Iglesia Católica pueda perder miembros por el secularismo, o que esté perdiendo miembros por una cierta aversión contra la Iglesia Católica.
A veces han faltado sacerdotes, han faltado religiosas, diáconos permanentes y por eso mismo muchos grupos de la población quedaron sin un contacto vivo con las comunidades de la Iglesia Católica.
Y esa gente tiene una anhelo de conocer a Jesucristo, quiere conocer el Evangelio, y por eso cuando han llegado pastores se han acercado a ellos con mucho interés, no por un rechazo a la Iglesia, sino que yo diría, por un hambre de aquello que la Iglesia no les estaba dando.
Pero también se debe a falencias de la Iglesia Católica.
Es evidente. Por eso se dice "misioneros de Jesucristo", porque en una parte es un iglesia que se acostumbró a que el continente entero era católico, y por lo tanto el compromiso misionero no se despertó con suficiente fuerza, cosa que ha sido distinta en muchos de los grupos Pentecostales.
¿Cree usted que la Iglesia Católica ha perdido poder e influencia en América Latina?
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No buscamos el poder. Lo que nosotros quisiéramos es servir, es ayudar al que está en situación marginal, en situación de ignorancia, de pobreza, de enfermedad, sin esperanza
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No buscamos el poder. Lo que nosotros quisiéramos es servir, es ayudar al que está en situación marginal, en situación de ignorancia, de pobreza, de enfermedad, sin esperanza. Nosotros quisiéramos llegar a esas personas.
La iglesia, en ese sentido, ha perdido fuerza o influencia, en el sentido que no ha podido contener leyes que vienen en buena parte inspiradas de otros países del mundo occidental.
Eso es cierto. Pero no es que estemos buscando el poder. Por el contrario, con medios muy sencillos, muy cerca del pueblo, estamos tratando de servir.
Uno de los problemas que tiene la iglesia en Latinoamérica, como en el resto del mundo, es la escasez de sacerdotes. ¿Cómo se enfrenta este reto?
Según Errázuriz, en algunos países ha aumentado el número de sacerdotes.
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Es un tema que tiene muchas dimensiones. En algunos países crece el numero de sacerdotes. De hecho hay una pastoral juvenil mucho más fuerte ahora que antes, aun más fuerte que hace 40, 50 años.
Nosotros esperamos que con el apoyo a la familia, que las hay también familias numerosas cristianas, muy valiosas, muchas de ellas participando de forma muy activa en movimientos eclesiales, y con una pastoral juvenil que sea más profunda que lleve a una conversión de las personas, a un acercamiento al Señor para querer seguir su camino.
Nosotros esperamos que por esa vía van a haber más vocaciones.
Latinoamérica tiene dos de los países con mayor población católica del mundo: Brasil y México. ¿Cree usted que el catolicismo latinoamericano de alguna forma va a definir el catolicismo en general en el siglo XXI?
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El catolicismo de A. Latina tiene que ser más misionero, tiene que ir a ayudar a otras iglesias, y esperamos que se produzca un despertar misionero en esta Quinta Conferencia general
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Bueno, yo no soy profeta, los caminos del Espíritu Santo son tan distintos de lo que uno podría imaginar. A veces en situaciones así como las que atraviesan algunos países de Europa, Dios suscita tal cantidad de santos y tal cantidad de nuevas fundaciones carismáticas, que Dios revierte esas situaciones con mucha facilidad.
Pero sin duda el catolicismo de América Latina tiene que ser más misionero, tiene que ir a ayudar a otras iglesias, y esperamos que se produzca un despertar misionero en esta Quinta Conferencia general.
Usted mencionaba la pobreza, la violencia, el narcotráfico son otros de los problemas que, según el Papa, también debe enfrentar la iglesia latinoamericana. ¿Habla la jerarquía católica en América Latina con suficiente fuerza contra esos problemas?
Mucho, y en muchos países existen grandes acciones, por ejemplo en Colombia en la búsqueda de la paz, en contra de la violencia, de la pobreza, teniendo mucha conciencia que no basta con hacer una denuncia.
O sea, hay que formar a los empresarios de tal manera que los sueldos sean justos, hay que formar también a los trabajadores, de manera que ellos con su esfuerzo, con su compañerismo, con su solidaridad cuando trabajen en los sindicatos estén promoviendo el bien de sus compañeros.
Es un trabajo global y se está haciendo permanentemente.
El Papa Benedicto XVI viene por primera vez a América Latina. ¿Qué puede esperarse de esta visita?
"Nos alegra mucho que el Papa venga", afirma Errázuriz.
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Nos alegra mucho que el Papa venga. Nos dio una inmensa alegría, y yo creo que ese vínculo tan profundo que existió con el Papa Juan Pablo II, y que se ha renovado al ver este Papa en su sencillez, en su cercanía, la gente lo admira, dicen ¿cómo puede ser tan humilde, siendo un hombre de tal profundidad, intelectual y de fe?
Eso, trasladado al mismo continente va a tener un efecto muy benéfico en las personas.
Usted lo conoce a él personalmente, ¿qué piensa él de América Latina y de los latinoamericanos?
Poco a poco está hablando de Latinoamérica. Hay visitas anteriores de él cuando era Cardenal de la Congregación de la Doctrina de la Fe, donde se ha expresado de esta fe que ha llegado a tocar tan profundamente el corazón, el sentimiento, las costumbres de los pueblos, percibe exactamente algo muy propio de nuestros pueblos.
Seguramente echará de menos que no existan más teólogos del nivel de muchos teólogos que existen en Europa. Por desgracia no es el fuerte nuestro el ser intelectuales, eso es cierto, pero la vitalidad de esta iglesia, sus grandes celebraciones litúrgicas, su solidaridad, su defensa de los derechos humanos en tiempos de dictadura, es algo que sin duda él admira profundamente.