La decisión definitiva había sido tomada por el gobierno boliviano. Yo entro en la habitación donde él estaba sentado, me le paro en frente y le digo 'Comandante, lo siento, yo he tratado, pero son órdenes superiores...
El Che que yo conocí no es el Che del mito y de la leyenda. Era un hombre que daba pena. Daba pena verlo. No inspiraba ni admiración ni respeto. Era un hombre capturado, derrotado. Esa es la realidad...