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Lunes, 10 de julio de 2006 - 17:05 GMT
"Hay condiciones de esclavitud"
Emilio Álvarez
Es muy probable que si una empleada doméstica comienza a construir un discurso de derechos, la despidan

Más de 1 millón 600 mil mujeres se dedican al trabajo doméstico en México, según cifras de la última encuesta nacional de empleo. La mayoría son migrantes de las zonas más pobres del país que se aventuran a las ciudades en busca de mejores oportunidades.

¿Qué encuentran?

BBC Mundo habló de éste y otros temas con Emilio Álvarez Icaza, presidente de comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.


En la Dirección de Prevención del Trabajo de México hablan de que es posible que más de la mitad de las mujeres que trabajan como empleadas domésticas sufran de violaciones de sus derechos. ¿Usted comparte este criterio?

Yo comparto ese criterio, incluso me parece que podría quedarse corto.

Creo que hablamos de un grupo que sufre una serie de agresiones muy dramáticas y concentra prácticas discriminatorias muy acentuadas: primero porque son mujeres, segundo porque son pobres, tercero porque la gran mayoría vienen de poblaciones rurales y, por lo tanto, muchas de ellas pertenecen a poblaciones indígenas y hablan español como segunda lengua.

Debate
Está el debate de cómo quieren ellas ser llamadas: 'somos empleadas del hogar, somos empleadas domésticas, no somos ni sirvientas, ni muchachas, ni gatas, ni familia. No somos de propiedad de nadie', dicen. Y están dando la pelea por eso

Un segundo nivel de problemas tiene que ver con el conflicto entre lo público y lo privado. Son mujeres que realizan una labor pública en el ámbito privado, es decir, que trabajan, pero trabajan en casas. Y eso genera una situación de constante tensión, porque debido a ese hecho pareciese que no tuvieran las características de derecho que tiene cualquier otro empleo.

La tercera problemática es claramente laboral. A muchas no se les reconocen sus derechos laborales en términos de prestaciones, seguridad social e incluso de horarios. De alguna manera pareciese que al final de cuentas depende de la bondad del empleador o la empleadora: porque la persona es "buena", entonces le da vacaciones, por ejemplo.

Pero hay leyes por las cuales se supone que estas empleadas deben gozar de beneficios, de seguro social, etcétera etcétera. ¿Por qué si existe una legislación se está produciendo esta situación a estas alturas?

Por una parte, porque las leyes son ineficientes. Yo creo que no existe el marco regulatorio adecuado para este tipo de actividades, de manera que tanto empleadoras como empleadas tengan claras sus responsabilidades y sus obligaciones.

Pero también hay un fenómeno extraordinario de simulación, es decir, muchos empleadores les dicen a las trabajadoras "está bien, tienes el trabajo, pero no pidas más". Y estas mujeres por su condición de pobreza, de bajo nivel educativo, de necesidad, aceptan esas condiciones.

¿Y qué pasa si reclaman?

Es muy probable que si una empleada doméstica comienza a construir un discurso de derechos, la despidan.

Abusos
Se dan situaciones extraordinariamente humillantes, desde empleadoras que deciden administrar una píldora anticonceptiva en el jugo de la trabajadora del hogar sin que ella sepa para que no se embarace y no se vaya, hasta casos de que quedan encerradas bajo llave o casos de acoso sexual

Y se dan situaciones extraordinariamente humillantes, desde empleadoras que deciden administrar una píldora anticonceptiva en el jugo de la trabajadora del hogar sin que ella sepa para que no se embarace y no se vaya, hasta casos de que quedan encerradas bajo llave, casos de acoso sexual por algunos de los integrantes de la familia, inclusive casos muy dramáticos de mujeres que resultan embarazadas y no tienen ningún derecho.

Ahora, también hay una contraparte. En este escenario de ausencia de una regulación clara hay empleadores que se sienten en situación de riesgo, porque a veces, cuando se rompe la relación contractual, se dan casos de de robo o de sustracción de pertenencias personales, que obviamente es sentida como un abuso.

¿Usted tiene la impresión de que este tema está o no en la agenda? Por lo que hemos recogido, los organismos tienden a decir que no pueden hacer nada por una razón u otra.

Yo creo que no es un tema de agenda. Hay muy pocos grupos feministas, de trabajadores o de derechos humanos que lo trabajan. Por eso digo que es un fenómeno de concentración de discriminaciones.

Pero estoy convencido de que sí es un tema emergente. Ya empiezan a surgir organizaciones de trabajadoras domésticas que empiezan a defender sus derechos. Y no sólo a nivel local, sino nacionales y regionales.

Está, por ejemplo, el debate de cómo quieren ellas ser llamadas: "somos empleadas del hogar, somos empleadas domésticas, no somos ni sirvientas, ni muchachas, ni gatas, ni familia. No somos de propiedad de nadie", dicen. Y están dando la pelea por eso.

Puertas adentro
Es difícil porque toca el asunto de lo privado y a la gente no le gusta que se le metan a su casa. Una cosa es que te digan qué hacer afuera y otra cosa es que te digan cómo debes de tratar a tu mujer, a tus hijos y a quien trabaja en tu casa

También están construyendo un día internacional. Ya se está hablando del 31 de marzo como el Día Internacional del Trabajo Doméstico. Todo eso apunta a hacer visibles sus problemas.

Pero es difícil, porque toca el asunto de lo privado y a la gente no le gusta que se le metan a su casa. Una cosa es que te digan qué hacer afuera y otra cosa es que te digan cómo debes de tratar a tu mujer, a tus hijos y a quien trabaja en tu casa. Eso le cuesta mucho trabajo a la gente.

¿Pero no hay también una cuestión aquí se hacer cumplir una ley, como un papel del Estado?

Claro que lo hay. Y eso tiene que pasar por una corresponsabilidad: por una parte, uno de los desafíos más importantes es que quienes sean víctimas de abuso, lo denuncien.

Pero además el Estado tiene que comprometerse a que cuando alguien se atreva a denunciar, pase algo, porque si no, lo que surge es una cultura de impunidad, que yo creo que es uno de los problemas más grandes de México y de América Latina.

¿Pero usted diría que el problema de las empleadas domésticas podría ser tan grave como para llegar a hablar de esclavitud moderna?

No creo que sea esclavitud, pero sí hay condiciones de esclavitud.



 

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