Algunos, como Mario Mereles, deben viajar cientos de kilómetros para tratarse.
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Las autoridades sanitarias en el Paraguay se han declarado en alerta roja. La muerte de varios niños a causa de enfermedades respiratorias dejó al desnudo una situación denunciada por los médicos y pacientes desde hace años.
"Definitivamente la salud pública no existe", dice el Dr. César Pimienta, vicepresidente de la Federación de Trabajadores de la Salud de Paraguay.
"El personal es insuficiente. Estamos penúltimos en América. Solo Haití nos gana. Paraguay es el país que menos invierte en salud por población. Solo 19 dólares al año por persona, cuando la mayoría invierte más de cien y hasta más de doscientos".
Los indicadores sociales en el Paraguay son la muestra más patente de la falta de inversión en áreas como la educación o la salud. Paraguay encabeza las listas de los países con mayor mortalidad infantil en niños menores de cinco años y de parturientas.
¿Inversión sin retornos?
"El gobierno ve la inversión en salud como un gasto que no va a tener retorno. ¿Cuál es la consecuencia? Hospitales vacíos y sin recursos, farmacias sin medicamentos, hospitales sin médicos, sin enfermeras y pacientes agonizando en las calles y recorriendo los distintos centros de salud para encontrar donde ser atendido", señala el doctor Pimienta.
Hace un año, Pimienta inició un cruzada junto a otros profesionales calificados para lograr que el gobierno adopte una política de salud basada en las necesidades y en las proyecciones de la población.
En un esfuerzo desesperado por detener una súbita ola de muertes infantiles, el nuevo ministro de salud Oscar Martínez Doldán, quien asumió las riendas tras la renuncia de su predecesora ordenó, hace mes y medio, que se entregaran algunas medicinas básicas en forma gratuita a los menores de diez años.
Los críticos señalan que la medida equivale a una gota de agua en un desierto y que los costos ni siquiera han sido incluidos en el presupuesto de salud. Hasta el momento, el Dr. Martínez Doldán no respondió a repetidas solicitudes de una entrevista para BBC Mundo.
Sin embargo, donde no hay recursos, todo pequeño esfuerzo es importante.
La enfermera Liz Oviedo, jefa del área de salud pública del barrio de Trinidad, en Asunción, señala que gracias a la medida son más las madres que se acercan a hacer consulta. "Las consultas pediátricas aumentaron mucho. Las mamás traen más temprano a sus niños", dice.
"Podía morir"
La situación que se vive hoy es el resultado de varias décadas de abandono y la ausencia de una política de inversión en la población.
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El hospital no tiene medicamentos, no hay doctor. No hay incubadoras. El hospital es un desastre
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Incluso en la capital, la mayoría de las instalaciones sanitarias son inadecuadas, mal equipadas y no dan abasto ante la gran demanda.
En Paraguay, el 80% de la población depende de la salud pública y solo un 10% tiene acceso a la seguridad social, pero lo que es más preocupante, en la opinión del Dr. Pimienta, de la Federación de Trabajadores de la Salud es que dos de los seis millones de habitantes no han tenido jamás ningún contacto con los servicios de salud del país.
Eso obliga a un gran número de gente a emprender un largo peregrinaje en caso de necesidad o a enfrentar solos todo tipo de situaciones.
En el Hospital Materno Infantil de Trinidad, Don Mario Mereles y su señora Catalina, padres de ocho hijos, habían viajado 200 kilómetros para el nacimiento de su nieto.
Don Mario tuvo que hacer de partero en varias ocasiones, lo aprendió de su madre, pero recuerda triste la muerte de uno de sus niños por una infección en el cordón umbilical, fácilmente prevenible, y la de uno de sus sobrinos mellizos que él intentó traer al mundo.
También hablé con Doña Elsa, una mujer de cinco hijos que había viajado 45 kilómetros desde su ciudad natal, Villa del Rosario, para acceder a una cesárea.
"Si yo me quedaba allí podía morir. El hospital no tiene medicamentos, no hay doctor. No hay incubadoras. El hospital es un desastre".
Altas de emergencia
Pero en la capital, este pequeño hospital de apenas 25 camas, no da abasto: "Hay momentos en los que estamos sobrecargados. De repente tenemos que dar altas de emergencia para poder ingresar otros pacientes que están llegando en situaciones un poco difíciles".
La enfermera Liz Oviedo cree que la situación está mejorando.
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"Tratamos de no rechazar pacientes", dice el doctor Pío Martín Palacios, director del hospital, desde donde se coordinan las campañas de vacunación y de prevención del ministerio.
Antes de despedirme le pregunté al doctor Palacios porqué había rejas en todas las salidas del área de internación. Su respuesta es una muestra más de las grandes deficiencias en el Paraguay: "Es para controlar la entrada de los familiares y la salida de las pacientes".
"Algunas de ellas escapan con toda su familia para no pagar las cuentas pero no es necesario que lo hagan. Tenemos un departamento de social y en el caso las pacientes más pobres quedan exoneradas".
Las consultas médicas tienen un costo de menos de un dólar pero los partos suelen costar entre 200 y 400 dólares, algo que la mayoría de las familias paraguayas no pueden pagar.