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Lunes, 21 de agosto de 2006 - 16:09 GMT
Intermediaria y sanadora

Carlos Maza, creador del santuario de Gilda
Carlos Maza compró el terreno en el que se encuentra el santuario, como signo de gratitud a Gilda.

El Santuario de los Milagros de Gilda está a apenas 130 kilómetros de Buenos Aires por la ruta número 12, en el rincón sur de la planicie entrerriana.

Literalmente, en medio de la nada. Pero muy cerca de donde la cantante popular terminó sus días.

Es fácil dar con el lugar: se lo reconoce por la cantidad de vehículos que están parados al costado del camino, por las flores plásticas de colores chillones que contrastan con el verde uniforme del paisaje, y por las cumbias pegadizas que suenan por los altavoces del predio.

Este santuario sencillo es fruto del emprendimiento de Carlos Maza, un devoto de la cantante que, como signo de gratitud por un milagro recibido, decidió construir y administrar un lugar de culto para su santa patrona.

"Todo comenzó cuando nació mi hijo con un tumor. Justo prendí la televisión y vi un programa en el que un grupo de seguidores de Gilda contaba historias milagrosas ocurridas por su intermedio, y decidí rezarle con fuerza", relata Maza a BBC Mundo.

Desde arriba, la flaca nos está ayudando. La humanidad, no sólo la Argentina, está en busca de nuevas creencias, y Gilda fue un ser maravilloso que nos sirve de modelo
Carlos Maza, creador del santuario de Gilda
"La desesperación de un padre ante la enfermedad de un hijo te hace ir más allá de cualquier frontera. Si te dicen 'andá allá, que se te cumple el milagro', uno lo hace", agrega.

Maza, como otros fans de Gilda, cree que la cantante tenía poderes de sanación que ya se habían manifestado durante su vida.

"Por eso la gente pedía que ella les tocara la cabeza... tenía un don y sus seguidores lo sabían", expresa Maza.

El hombre no duda de que sus pedidos fervorosos tuvieron efecto. Su hijo fue operado con éxito y, una semana después, viajó con la familia al paraje entrerriano, a agradecerle a la fallecida cantante.

Allí junto a la ruta, donde estaban desparramados los restos del autobús del accidente, construyeron un monolito con una cruz, que luego fue trasladado varias veces por cuestiones de seguridad: la cantidad de gente que visitaba el paraje se convirtió en un peligro para el tránsito por la ruta nacional.

Devotos de Gilda
Los seguidores de Gilda llegan al santuario a pedir milagros y curaciones, entre rezos y cantos.
"Seguro que hay gente que lo podría haber hecho mejor que yo, porque tiene mayor poder adquisitivo... pero el elegido fui yo. Por eso, con mucho esfuerzo compré el predio y ahora nos pertenece. A nosotros, y a Gilda", revela el administrador.

En la adquisición de la finca, Maza también asegura que se nota la mano de la cantante: "Si tomás las medidas del terreno, de cualquier manera que las sumes, siempre dan siete: el número místico de Gilda. Es una señal..."

¿Cree que ella es santa, entonces?, le preguntamos.

"Bueno, va en la fe de cada uno. Lo que es seguro es que desde arriba, la flaca nos está ayudando. La humanidad, no sólo la Argentina, está en busca de nuevas creencias, y Gilda fue un ser maravilloso que nos sirve de modelo."

"Mi paraíso terrenal"

Roberto Cuesta es cordobés, mecánico de ocupación y visitante frecuente del santuario a la vera de la ruta.

Viaja hasta allí cada domingo que puede, y llega puntualmente con su familia todos los 7 de septiembre.

"Vengo desde hace ocho años, uno menos de los que lleva Gilda muerta. Primero fue por una promesa que había hecho por mi nieta Agostina, y luego seguí pidiendo otras cosas", relata Cuesta.

Roberto Cuesta, devoto de Gilda
Yo siempre digo que, si tengo que morir, me gustaría morirme acá, porque es mi paraíso terrenal
Roberto Cuesta, devoto de Gilda
"Yo hago mil kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, estoy sin dormir y me siento como si nada... como si recién me hubiera levantado. Es que aquí hay una energía especial, y yo siempre digo que, si tengo que morir, me gustaría morirme acá, porque es mi paraíso terrenal", afirma.

La devoción de Cuesta tiene fecha de inicio: la del nacimiento de una nieta con un problema digestivo grave, que luego se complicó con una neumonía.

Después de una seguidilla de visitas a médicos y curanderos, la familia decidió apelar a los presuntos poderes sanadores de la cantante popular.

"Nadie podía explicar qué tenía mi nieta. Los médicos ya nos habían avisado que no iba a sobrevivir. Cuando nosotros hicimos la promesa a Gilda, se mejoró de repente. La llevamos al hospital ocho días después, y el médico no lo podía creer", revela el devoto.

Aunque se define como "muy católico", Cuesta tiene un altar en su casa dedicado a la cantante. Allí no faltan las velas - una cada día, puntualmente, para cumplir con la promesa de por vida.

"Para mí es mi Dios... mi salvadora. Como católico, le he pedido a muchos santos, pero no me escucharon. Esta mujer sí, así que yo tengo que creer. Me cansé de pedir, y de ir a la Iglesia. Será que ésta era la santa para mí", reflexiona el cordobés.

En señal de gratitud, a la nieta menor la bautizaron Gilda.



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