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Lunes, 6 de noviembre de 2006 - 11:08 GMT
Privatización de la seguridad
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, Argentina

Aquiles Gorini
Aquiles Gorini sostiene que el mercado de seguridad privada está creciendo.

Con el aumento de la delincuencia en Argentina, han proliferado las empresas de seguridad y los sitios de Internet que ofrecen servicios para que la población se sienta más a salvo.

A los guardias privados se los ve en comercios, oficinas, bancos, edificios de apartamentos, barrios cerrados y escuelas fundamentalmente en Buenos Aires y el conurbano, y cada vez más en el interior del país.

Según la Cámara Argentina de Empresas de Seguridad e Investigación (CAESI), que reúne a la mayoría de las compañías del sector (unas 220), cerca de 150.000 personas trabajan en este rubro.

Habría otros 200.000 guardias que no figuran en el listado de CAESI.

Grupos de derechos humanos han llamado la atención sobre el hecho de que muchos de los empleados de la seguridad privada son ex policías, algunos activos en el último gobierno militar.

¿Estamos ante una fuerza policial paralela? ¿El Estado ha cedido funciones que le corresponden?

"Hoy la extracción de los guardias privados es civil y su capacitación poco tiene de militar, porque estudian por ejemplo derechos humanos. Además, el 80% de la actividad es sin armas", asegura Aquiles Gorini, presidente de CAESI.

"Si hay ex policías, o están más involucrados en la custodia de valores porque pueden portar armas o bien participan en la dirección de seguridad de alguna empresa".

Límites
Vigilante privado
El gobierno argentino niega haber cedido atribuciones a vigilantes privados.

En los últimos tiempos ha habido algunas quejas por la presencia de guardias privados en escuelas estatales de Buenos Aires.

Según datos oficiales, hay unos 360 custodios en 163 establecimientos porteños.

Padres han denunciado que algunos hacen rondas y requisas por aulas, pasillos y baños, por lo que preocupan los límites de sus atribuciones.

Hay quienes se han quejado de que en ocasiones los vigilantes asumen poderes de policía como, por ejemplo, pedir documentos en la entrada de barrios cerrados.

Una ley de la capital argentina regula los servicios de las empresas de seguridad prohibiéndoles prestar servicios en los espacios públicos salvo si cuentan con expresa autorización.

Aún no se ha aprobado una regulación en el nivel nacional, pero sí hay decretos, normas u ordenanzas en las provincias.

"No hay delegación"

Cristian
Para Cristian, los guardias privados sin buen entrenamiento pueden ser peligrosos.

El gobierno argentino niega haber cedido atribuciones a los guardias privados.

Gorini coincide: "El poder de policía lo tiene el Estado, no lo delegó nunca. Las empresas de seguridad sólo aportan lo que le está faltando a la seguridad pública, que no tiene recursos para apostar un policía por cuadra".

En la calle, los "nuevos uniformados" parecen generar opiniones encontradas.

"No me dan confianza. Proceden siempre en la línea de reprimir al pobre por una cuestión de piel, de condición económica", comenta a BBC Mundo Francisco, un empleado porteño.

Por su parte Soledad, una promotora de productos, opina: "Es lo mismo. Es pagarles a otros para que te cuiden cuando debería cuidarte la policía".

"Una persona con menos preparación que alguien de las fuerzas de seguridad y que está armada puede ser peligrosa", dice Cristian, quien trabaja en sistemas.

Mercado en expansión

Soledad
Soledad opina: "Es pagarles a otros para que te cuiden cuando debería cuidarte la policía".
Según Aquiles Gorini, la seguridad privada es un sector en expansión "porque evidentemente se está en presencia de una mayor inseguridad" en Argentina.

Claro que solamente aquellos que cuentan con recursos pueden pagar una protección así, por lo que el cliente promedio tiende a identificarse con las clases media o alta.

El presidente de CAESI afirma sin tapujos: "Esto es un negocio", y añade: "No es tanto lo que hay que pagar".

El abono de un servicio de seguridad privada puede costarle a una familia unos US$15 en un país donde el salario mínimo es de US$280.

En el último año las firmas del sector -que tienen como principales clientes a bancos, empresas y barrios cerrados- registraron ganancias de cerca de los U$2.000 millones, según CAESI.

Asimismo, este mercado crece actualmente a un ritmo anual de hasta un 5%.

Hay quienes han denunciado que en Argentina se promueve la sensación de inseguridad para favorecer este negocio. Gorini lo niega tajantemente.

Tal vez una muestra de la importancia que han cobrado los "otros" guardias en tiempos recientes sea la creación del Día de la Seguridad Privada. En las compañías del ramo, cada 10 de diciembre suena un brindis.



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