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Lunes, 6 de noviembre de 2006 - 11:07 GMT
La inseguridad va a clases
Max Seitz
Max Seitz
BBC Mundo, Argentina

Daños en un aula de clase
Las escuelas no son inmunes al aumento en la delincuencia.

Comienza el recreo en la escuela 52 de la localidad de Benavides y, como el resto de los niños, los 600 alumnos de primaria y secundaria de este establecimiento charlan y juegan.

Es lo que se ve a simple vista, pero en el fondo hay tensión entre los pequeños, y entre docentes y estudiantes.

Esta escuela situada a unos 35 kilómetros al norte de Buenos Aires se encuentra en una de las tantas zonas de Argentina donde la desigualdad social es grande y, por lo tanto, también la inseguridad.

Allí barrios cerrados conviven con áreas marginales. A lado de la opulencia, no sólo la droga y el alcohol son moneda corriente sino también el delito con armas: en Argentina se estima que hay una pistola o revólver cada tres hogares.

BBC Mundo visitó la escuela 52, donde la inseguridad va a clases.

"Estamos en una zona de casas precarias. Si bien la mayoría de los habitantes son trabajadores, como en todo barrio bajo hay delincuentes y problemas con armas, drogas y alcohol", comenta al recibirnos Mariano Visoso, secretario del colegio.

"Esto se ve a diario en las aulas y hace que la población de la escuela sea un poco difícil de controlar".

Una vez adentro Alejandra Rodríguez, la directora, agrega: "La violencia está en las condiciones socio-económicas y la conducta de los chicos es la respuesta a eso. En la medida en que no tienen expectativas, futuro, ideales, actúan con recelo".

"Tenga cuidado"
Alejandra Rodriguez
Alejandra Rodriguez, la directora, señala a los problemas sociales como causa de delincuencia.

En los últimos tiempos, la escuela 52 ha sido escenario de varios delitos. En septiembre, alumnos de cuarto grado entraron a robar.

Visoso nos muestra el libro de actas en el que el profesor de inglés relata un hecho ocurrido en octubre en plena lección, en el que un estudiante le saca dinero de la billetera y lo amenaza: "Tenga cuidado que yo sé donde vive".

Meses antes, en la puerta del establecimiento un niño asaltó con un arma a docentes que llegaban a trabajar.

Cuentan que alumnos han llevado en ocasiones pistolas a la escuela y que los baños en un momento fueron el sitio escogido para drogarse, aunque ahora preceptores los vigilan atentamente.

Hasta hoy algunos pequeños asisten a clases alcoholizados, según la directora.

Temor entre maestros

Mariano Visoso
"Como en todo barrio bajo, hay delincuentes", dice Mariano Visoso

El tema de las armas preocupa especialmente a los maestros, que temen por su integridad física.

Hablando con un grupo de alumnos, Walter -quien parece ser el líder de la "barra"- nos dice que no ha visto pistolas en la escuela pero Pedro, a su lado, confiesa que sí ha tenido una ante sí, pero en su casa.

Por su parte, Belén dice que vio varias armas cuando "una vez en el barrio se agarraron a los tiros".

Marcelo Visoso, el secretario de la escuela, comenta que los niños están "constantemente" en contacto con pistolas por la realidad que se viven en su localidad.

"Todo mal... Gente drogándose, robos, armas, peleas, todo...", describe Paola, alumna del secundario, el sitio que la rodea.

"¿Y estás bien dentro de la escuela?", le pregunta BBC Mundo. "No", contesta. "¿Por qué? ¿No te sentís segura?". "Ajá".

¿Salida en la educación?

Niñas en la escuela
La escuela enfrenta crecientes problemas de delincuencia.

En este contexto adverso, el colegio tiene la difícil tarea de tratar de mostrar otras pautas de comportamiento y otros modelos de vida. Pero no resulta sencillo, como lo demuestra por ejemplo el alto índice de deserción escolar.

"Ellos tienen valores distintos a los nuestros, no ven en la educación una forma de progresar, de ganarse el pan. En algunos casos ven en el delito un modo de lograr cosas más fácilmente", afirma Rodríguez.

"Entonces, ¿cómo le digo yo a un chico que esto o aquello está mal cuando sus padres y hermanos salen a robar para comer?", se pregunta.

"Hay que llegar a un punto de acuerdo en el que todos podamos convivir y nos respetemos cada uno con nuestros valores, sin dejar de mostrarles que hay otro camino".

Según Rodríguez, los maestros no pueden hacer mucho para cambiar las condiciones socio-económicas que provocan la inseguridad, ya que eso -dice- le corresponde al Estado.

"Pero al menos tenemos que intentarlo".



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