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Martes, 5 de septiembre de 2006 - 14:12 GMT
La lucha en Cuba
Fernando Ravsberg
Fernando Ravsberg
Habana

Samuel Hernández. Imagen: Raquel  Pérez
No es algo que ando gritando a los cuatro vientos, pero tampoco lo ando escondiendo. Lo importante es cuánto quieras y lo seguro que estés de lo que quieres
Samuel Hernández

Los homosexuales cubanos han pasado luchando durante toda su existencia contra los criterios homofóbicos y machistas de una sociedad que no les reconoce sus derechos y que los margina dentro de su propio país.

No hay un solo club gay en toda ciudad de La Habana y las fiestas particulares se hacen en la clandestinidad, cambiando cada fin de semana de casa y trasladando a las personas sin decirles de antemano la dirección.

Hace apenas unos años comenzaron a reunirse en el malecón y la policía, a pedido del director del periódico Tribuna de La Habana, los desalojó con el fin de "recuperar el lugar para la familia cubana".

Sin embargo, los gays se resisten a volver a encerrarse en sus casas, como pretenden algunos, y continúan reuniéndose cada noche en diferentes calles de una ciudad que sienten que les pertenece tanto como a los demás cubanos.

Mejoría

Cuba
Muchos gays se reúnen para hablar sobre la prevención del VIH/SIDA.

Pero ahora la situación de los homosexuales ha mejorado considerablemente respecto a los años 60, momento en el que muchos de ellos fueron a parar a la UMAP, que no eran más que granjas de trabajo forzado.

"Crearon las granjas con el objetivo declarado de regenerarnos", nos cuentan "Luis", "Carlos" y "Tony", tres gays que hablaron con la condición de que no se publicaran sus nombres verdaderos.

"Fueron verdaderos campos de concentración", nos dice Carlos y agrega que en esos años incluso se realizó una campaña de depuración de la Universidad donde se expulsó a todos los "antisociales", entre ellos a los homosexuales.

"En la UMAP era un lugar donde se podía caer por homosexual o por ser hippie o porque no se quería trabajar, había una ley contra los vagos", explico "Tony" quien se define a sí mismo como revolucionario.

Opiniones cambian

Rosaida Ochoa, directora del Centro Nacional de Prevención de SIDA. Imagen: Raquel Pérez
Yo digo siempre que hay un antes y un después de 'Fresa y Chocolate', película gracias a la cual las personas tuvieron una visión diferente de lo que es un homosexual
Rosaida Ochoa, directora del Centro Nacional de Prevención del SIDA

El Centro Nacional de Prevención del SIDA es una de las pocas instituciones en las que se pueden nuclear los homosexuales, y lo hacen para realizar acciones de prevención dentro de la comunidad gay de la isla.

La Directora del CNP, Rosaida Ochoa, cree que el país está cambiando y que las diferentes expresiones culturales como el cine por ejemplo contribuyen de forma determinante a que la sociedad varíe sus puntos de vista sobre el tema.

"Yo digo siempre que hay un antes y un después de 'Fresa y Chocolate', película gracias a la cual las personas tuvieron una visión diferente de lo que es un homosexual", nos explica la Doctora Ochoa.

"Fresa y Chocolate" es una película cubana de los años 90, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, que reflejaba el universo homosexual cubano a través de la amistad surgida entre un gay y un joven comunista.

La psiquiatra dice ser "optimista" y para demostrarnos cuánto se ha avanzado nos explica que hasta hace apenas una década todavía en Cuba y en otras partes del mundo se trataba la homosexualidad como una enfermedad.

"Aunque en la máxima instancia del país tenemos todo el apoyo para desarrollar nuestra labor, muchas veces aparecen barreras intermedias entre quienes deciden políticas", nos explica Raúl Regueiro, coordinador del grupo de prevención de "Hombres que hacen el amor con hombres".

Postura institucional

Institucionalmente ocurren cosas como la prohibición de que los gays se junten en el malecón, o la más reciente advertencia policial a los travestis para que no aparezcan en lugares céntricos durante la Cumbre de los No Alineados.

Todavía los transexuales deben llevar una carta firmada por la sobrina de Fidel Castro, Mariela Castro, para poder vestir de mujer, y aún así muchas veces son arrestados bajo la acusación de escándalo público.

Sin embargo, las nuevas generaciones de gays no parecen dispuestos a ceder en sus derechos. "No me importa lo que piense la sociedad, lo que me interesa es quedar bien conmigo", afirma Samuel Hernández desde sus 19 años.

"No es algo que ando gritando a los cuatro vientos pero tampoco lo ando escondiendo", dice Samuel y agrega que la identidad se puede defender "aquí en Cuba y en cualquier lugar, "lo importante es cuánto quieras y lo seguro que estés de lo que quieres".



 

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