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Martes, 5 de diciembre de 2006 - 14:21 GMT
Yo odio/amo a EE.UU.: México
Vladimir
Vladimir Hernández
BBC Mundo, enviado especial a México

De izq. a der.: Joaquín,14; Carolina, 11; Ángel, 13.

Una semana entera estuve en México, en búsqueda de algo intangible y subjetivo: la opinión de los adolescentes acerca de Estados Unidos, como parte de la serie Yo Odio o Amo a Estados Unidos, de la temporada Generación Futuro de la BBC.

Pero tras días de entrevistas, caminar, ver, escuchar, oler y hasta saborear, me llevé la impresión de que cuando se habla de la relación de los mexicanos hacia Estados Unidos, la conclusión incluye siempre dos palabras: historia y muro.

Para un país que perdió casi la mitad de su territorio ante su vecino del norte, no importa que hayan pasado más de 150 años desde la guerra entre ambos por Texas, pues el hecho aún está marcado y bien lejos del olvido.

El conductor del primer taxi que me llevó del aeropuerto al hotel, los vendedores de tacos en la calle, los adolescentes que conocí, así como los amigos que vi o que hice, todos de una forma u otra me llevaron a través de la milenaria historia mexicana, incluso antes de que los Mexica (luego llamados aztecas) vieran al águila que se comía a la culebra. Mucho antes de Hernán Cortés.

Justamente esta pasión por su historia no deja pasar de largo el episodio, o más bien los episodios con Estados Unidos. Y desde temprana edad, en el colegio, los adolescentes aprenden quién se llevo qué, con respecto al territorio mexicano, y lo tienen más plasmado que los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional.

Resentimiento

"Híjole, te imaginas si lo devolvieran", dijo con un dejo de ilusión Alfredo, de 11 años, cuando junto a otros cinco de sus compañeros del colegio Paidós, en el Distrito Federal, hicimos un ejercicio de imaginación acerca de una hipotética devolución de tierras por parte de EE.UU. a México.

Alfredo, 11.
Para mí, todo es muy incierto
Alfredo, 11 años

"Sería súper padre", manifestó Carolina, de 11 años.

"Pues sería muy justo", sentenció Valeria, de la misma edad, con un rostro adusto.

Además del resentimiento histórico que se pone de manifiesto cuando se debate sobre Estados Unidos con algunos jóvenes en territorio mexicano, la otra cosa infaltable es el muro.

Una pared

Cuando surgió este proyecto de investigar qué piensan los adolescentes latinoamericanos sobre Estados Unidos, México era el país que más llamaba la atención, tanto por sus raíces históricas con el llamado "gigante del norte" como por su situación actual.

Muro entre México y Estados Unidos
"Es el muro de la vergüenza", dice Alfredo.

Estados Unidos está levantando un muro de 1.126 kilómetros -aprobado por el gobierno de George W. Bush, a un costo de unos US$2.000 millones- para evitar la entrada ilegal por su frontera con México.

"Es un muro de la vergüenza", dijo Alberto, de 13 años.

"No es justo que si nosotros los dejamos entrar, ellos no nos permitan hacer lo mismo", señaló Fernanda, con una seriedad que no compagina con sus 11 años de edad.

"Además, los mexicanos que van para allá no van a molestar, sino a trabajar", suelta Valeria, al hablar de un tema que es lo único que le borra la constante sonrisa del rostro.

George W. Bush

Cuando se habla de Bush, las opiniones se hacen más fuertes.

"Yo no siento que Estados Unidos sea un país despreciable, sino que el que gobierna el país es despreciable", dice Alberto.

Grupo entrevistados
Los adolescentes que formaron parte del grupo de debate.

"Es un país muy lindo, me parece que sería bueno para vivir, pero no me gusta su gobierno; es decir el presidente", le expresó a BBC Mundo, Raquel, de 13 años.

"A mí lo que no me gusta es que él (Bush) se mete donde no le importa. Además, siempre manda a los mexicanos a la guerra, sobre todo a los 'mojados' que se van para allá", acota Moisés, de 14 años.

"También quiere hacer guerra con todos los países por pelearse por el petróleo", dice Carolina, de 11.

Tanto el debate sobre el muro (que inmediatamente involucraba a Bush) como el de la historia, traen a la mezcla toda la discusión sobre la inmigración mexicana "al norte".

Y quizás ahí radica la clave del dilema que percibí en los jóvenes mexicanos con quienes hablé.

Hasta los que tenían profundas diferencias con la cultura o las autoridades estadounidenses, no podían evitar sentirse atraídos por ir -en avión, vehículo automotor, o de la mano de un "coyote"- a un país que ofrece algo más allá del muro.

El imán

En el parque de Chapultepec, me encontré con los hijos de la señora Tere, una mujer que se gana la vida haciendo labores de limpieza en casas y oficinas.

Diana, 13.
Pero no me parece justo como nos discriminan
Diana, 13 años
Justamente en este parque, personas como ella suelen pasear en su día de descanso, bien sea con su familia, con el novio o con la soledad de las aves o del lago.

"Estados Unidos se me hace un lindo país, los carros, las casas, todo", comentó su hijo Ángel, de 13 años.

"Pero no me iría para allá, me gusta más como es la vida aquí. Quizás lo haría en algún momento, pero con mi visa y papeles en reglas, no como 'mojado'", agregó.

"A mí también me gusta. Yo tengo una tía allá, que me manda fotos y eso, y la verdad se ve muy lindo todo", intervino Diana, de 14. "Pero no me parece justo como nos discriminan".

Es precisamente una relación de amor-odio.

Música popular

De hecho, de acuerdo a un sondeo de opinión sobre el sentimiento antiestadounidense, llevado a cabo en 2002, a nivel mundial, por el centro de investigaciones Pew Research Centre, con sede en Washington, el 60% de los encuestados en México manifestaron que les gustaba la cultura popular (música, cine, etc.) de EE.UU., pero el 65% no aprobaba la propagación de las ideas y costumbres de Estados Unidos.

Raquel, 14.
La ropa que compro es por lo general de Estados Unidos. Aquí no hay las mismas cosas de calidad
Raquel, 14 años

Varios años después, esas opiniones se reflejaron en las entrevistas realizadas por BBC Mundo.

"Yo veo, por lo general, las películas que vienen de Estados Unidos. Tienen más calidad y más recursos. No me gustan las mexicanas", admite Moisés, el mismo que poco antes hacía criticas apasionadas a Bush.

Igual Raquel: "La ropa que compro es por lo general de Estados Unidos. Aquí no hay las mismas cosas de calidad".

El futuro

Y, nuevamente, aparece el elemento histórico, cuando se habla del futuro que se imaginan los adolescentes con Estados Unidos.

No voy a tener hijos, porque no quiero que se mueran cuando deje de haber agua. Por ello, cuando sea grande, voy a ahorrar mucho dinero para irme a Australia
Carolina
"Para mí, todo es muy incierto", reconoce Alfredo.

"Creo que en algún momento empezará una guerra mundial y todos nos moriremos", dice Joaquín, de 14 años.

"Máximo viviremos hasta los 80 años", complementa Valeria.

"Es que va a haber problemas por el agua y seguramente nos la van a empezar a vender de Estados Unidos a precios caros y la gente se pelearía por el agua", dice Carolina.

"Con todo esto EE.UU. se va haciendo cada vez más poderoso y se podría apropiar otra vez de una parte del territorio mexicano", comenta Fernanda. Es decir una vuelta al ciclo histórico.

Ante este lúgubre panorama, ¿qué se puede hacer?

"Yo digo que no voy a tener hijos, porque no quiero que se mueran cuando deje de haber agua. Por ello, cuando sea grande, voy a ahorrar mucho dinero para irme a Australia a vivir lo que se pueda", revela Carolina.

¿Dramático? ¿Pesimista? Es posible. ¿Verídico? Es lo que algunos de la generación futuro tienen en mente.

"Tú puedes decir que vas a vivir, que vamos a mejorar, que recuperaremos lo que era de nosotros, como Texas, pero entonces te das cuenta que México ya no es lo que era", sentencia Valeria.



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