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Jueves, 9 de febrero de 2006 - 12:59 GMT
Por los pueblos del viento
Max Seitz
Max Seitz
Enviado especial de BBC Mundo a Chubut, Argentina

Aterricé en el norte de la Patagonia argentina tras un vuelo turbulento y al bajar del avión comprendí enseguida el porqué de tantos sacudones.

Marcos Nahuelhual junto a un aerogenerador en la Patagonia
Marcos nos acompañó en la travesía por los "pueblos eólicos".

Una fuerte corriente de aire me impedía avanzar por la pista hacia la terminal aérea de la ciudad de Trelew, en la provincia de Chubut, a unos 1.400 kilómetros al sur de Buenos Aires.

Allá lejos, grupos de árboles resistían encorvados ese empujón invisible.

Experimenté así, de primera mano, lo que me habían adelantado. Que el viento patagónico no es cosa menor, sino una robusta y constante presencia.

¿Cómo no va a mover, entonces, las aspas de una turbina eólica (o aerogenerador)?

Y mucho más: la electricidad que genera el viento está cambiando vidas en la región, alumbrando hogares y escuelas en sitios remotos, en medio de una apagada aridez.

"La Patagonia presenta condiciones ideales, casi únicas en el mundo, para el desarrollo de la energía eólica", me dijo Héctor Mattio, director del Centro Regional de Energía Eólica (CREE).

Esta institución depende del gobierno de Chubut y se encuentra en la ciudad de Rawson, la capital del distrito, muy cercana a Trelew.

"Tenemos vientos intensos, sostenidos, que llegan a 11 metros por segundo, mientras que en Europa suelen ser de hasta nueve. Hay un gran potencial, pero aún queda mucho por hacer para aprovecharlo bien a gran escala".

Salir del aislamiento

Por lo pronto, el CREE tiene en marcha numerosos proyectos de instalación de aerogeneradores en el nivel comunitario, no tanto pensando en el sistema energético provincial y nacional.

Hasta el momento más de 300 aldeas rurales y escolares aisladas de Chubut, varias de ellas habitadas por indígenas y sus descendientes, han recibido pequeñas turbinas eólicas que les proveen iluminación, la posibilidad de usar electrodomésticos y comunicación.

Para verlo con mis propios ojos viajé a los caseríos en torno de la pequeña población de Chacay Oeste.

Me acompañó Marcos Nahuelhual, un joven técnico del CREE descendiente de indígenas tehuelches.

En automóvil viajamos durante horas y horas por rutas de ripio en medio de un paisaje árido y una soledad de la que cada tanto nos sustraía algún avestruz, algún guanaco o alguna oveja que se cruzaba en el camino. Ni una torre eléctrica se veía por allí.

Cuando el sendero se desdibujó y se tornó casi intransitable, encontramos vida en un grupo de viviendas extraviadas en un asentamiento sin nombre. Por suerte Marcos sabía adónde íbamos.

"Y cambió la vida"

A la puerta de su casa baja de piedra nos recibió el indígena araucano Julián Ibañez, de 66 años. Posee caballos y ovejas, pero su bien más preciado es un aerogenerador de 12 metros de altura con tres palas y 600 watts de potencia (equivalente a 10 bombillas).

Julián Ibañez
No teníamos electricidad antes, usábamos lamparita a keroseno, vivíamos así nomás
Julián Ibañez

Don Julián nos saludó cordialmente y nos invitó a pasar. Nos convidó con galletas y mate.

"El molino (aerogenerador) lo instalaron hace un tiempo y cambió la vida de uno. No teníamos electricidad antes, usábamos lamparita a keroseno, vivíamos así nomás; ahora podemos tener luz y escuchar la radio", me aseguró.

El dueño de casa me condujo a un dormitorio despojado, donde había un tablero y una batería de automóvil de 12 voltios (V). Él mismo me explicó cómo funcionaba todo.

Me dijo, palabras más palabras menos, que el viento hace girar el molino y la energía generada es transportada por un cable a un control dentro de la casa. Éste regula la tensión y la carga de la batería.

Molino eólico instalado en un caserío cercano a Chacay Oeste
Uno de los molinos instalados en zonas aisladas de Chubut.

Marcos acotó que el suministro eléctrico es constante, ya sea directo desde el aerogenerador o, cuando no sopla viento, de lo que ha almacenado el acumulador.

En algunas viviendas se ha colocado un aparato llamado "inversor", que transforma la corriente de 12V a 220V, ideal para el uso de electrodomésticos.

"Ahora siento que me comunico más con el resto de la gente. Antes no, porque éramos muy ariscos", dijo don Julián tras contarme que suele escuchar radio para enterarse de lo que ocurre a su alrededor y que aprecia mucho las visitas de los técnicos del CREE.

En el CREE aseguran que en esto consiste, precisamente, el impacto social de la tecnología instalada en comunidades aisladas. Integra.

Autosuficientes

Otro poblador de la zona, el también araucano Adelino Cual (30), comentó: "Tenemos luz las 24 horas, no esa lamparita de antes; no tenemos gastos en keroseno, en gasoil. Nos resulta más barato".

Adelino me contó que los técnicos le enseñaron la operación y el mantenimiento básico del aerogenerador y el tablero: "Cómo cambiar los fusibles si se queman; los he cambiado varias veces".

Ana Maria Huenchulef
Los molinos han cambiado muchas cosas para los chicos. Ahora tienen computación
Ana María Huenchulef

El técnico Marcos agregó que la idea es que los beneficiados sean autosuficientes.

Después de visitar los caseríos que rodean a Chacay Oeste, fuimos al corazón de este pueblo, el cual se reduce a una docena de casas y una escuela-albergue que recibe a una treintena de alumnos de asentamientos aledaños.

El centro educativo cuenta con seis molinos eólicos instalados por el CREE en la parte más alta de la localidad.

Ana María Huenchulef, coordinadora de la Escuela Nº 63 Juan Gallo, se mostró agradecida por el aporte de los aerogeneradores.

"Los molinos proveen energía al establecimiento, al albergue y a las casas de los maestros. En época de vacaciones, cuando la escuela no funciona, se usan también para dar luz al resto de la aldea".

Hasta la colocación de las turbinas eólicas, el pueblo recibía electricidad de un gran generador a combustible, cuyo sonido se había vuelto acostumbrado para los lugareños.

"Los molinos han cambiado muchas cosas para los chicos. Ahora tienen computación y los docentes pueden enseñar usando programas de televisión".

Los pequeños no sólo han notado las mejoras en el aprendizaje, sino también en el tiempo libre. Algunos de ellos destacaron que ahora pueden entretenerse con la "tele" cuando permanecen en el albergue escolar por periodos prolongados.

"Acostumbrados"

César Antillanco
César vive aislado y sin luz.

Con Marcos dormimos en la escuela -era el único sitio donde pernoctar- para, al día siguiente, vernos con César Antillanco (41).

César, un descendiente de araucanos, vive en un campo en Arroyo Mirasol, a varias horas al oeste de Rawson. Allí, como en el resto de la provincia, son muchos los que carecen de electricidad.

"Nosotros todavía usamos los tradicionales candiles. Nos hemos acostumbrado a vivir así, pero claro que nos gustaría tener un molino eólico para la luz y para poder comunicarnos, sobre todo que mi madre es mayor".

Hay pocos médicos a mano y en casos de urgencia deben viajar grandes distancias para ver a sus pacientes.

Marcos, el técnico del CREE y mi compañero de travesía, tomó nota y prometió hacer algo al respecto.

Y mientras le daba a César su número telefónico, el viento -como en el resto del viaje- seguía soplando y soplando, les aseguro. Esta fuerza vigorosa y persistente realmente está cambiando vidas.


RESULTADOS
Si pudiera, ¿tendría un pequeño molino eólico en su casa?
 97.79% 
No
 2.21% 
907 votos
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