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Miércoles, 5 de julio de 2006 - 15:53 GMT
Un festín de fútbol
John May
BBC

Si como se dice el fútbol es el juego lindo, la semifinal entre Italia y Alemania fue una supermodelo en una pasarela.

El Westfalenstadion de Dormund fue el escenario perfecto para lo que pasará a ser considerado como uno de los clásicos mundialistas.

Pero ¿cuáles fueron los ingredientes que hicieron de este partido un festín especial?

LOS TÉCNICOS

Jurgen Klinsmann y Marcello Lippi tienen que recibir gran parte del crédito.

Klinsmann y Lippi
La calidad del partido fue un homenaje al trabajo de Klinsmann y Lippi.

Se trata de dos entrenadores que sabían lo que estaban haciendo.

A diferencia de otros técnicos como el de Inglaterra, Sven-Goran Eriksson, ambos tenían un plan, conocían íntimamente a los jugadores que tenían a su disposición y los colocaron sobre el campo adecuadamente.

También a diferencia de Eriksson, desde el banco mostraron una pasión que se transmitió a los jugadores dentro del terreno de juego.

El ex delantero Klinsmann sólo conoce una forma de jugar: al ataque. Su sistema 4-4-2 tenía mediocampistas que jugaron hacia las puntas y laterales a los que se le estimulaba a subir con todo.

Lippi, por su parte, hizo bastante por desmantelar la reputación que ha sufrido el fútbol italiano de estar constantemente sofocado por una chaqueta defensiva.

Es verdad que el mejor jugador sobre el campo fue Fabio Cannavaro y que la defensa italiana lució tan dura como siempre.

Sin embargo, esa férrea defensa es ahora vista como una plataforma en vez de un candado y la presencia de los mediocampistas Andrea Pirlo, Genaro Gattuso y Francesco Totti le otorga a Italia movilidad, velocidad y vocación ofensiva.

No fue una coincidencia que el primer gol fue anotado por el lateral izquierdo Fabio Grosso quien, conjuntamente con Gianluca Zambrota, pasó tanto tiempo en la mitad alemana como en la suya propia.

LOS JUGADORES

Resultaría casi demasiado simplista decir que siempre hubo 22 buenos jugadores en la cancha, pero es verdad.

La presencia del árbitro mexicano Benito Archundia Tellez fue refrescante... Su decisión de preferir mantener abotonado el bolsillo de sus tarjetas provocó la reacción adecuada entre los jugadores

Sin excepción, todos mostraron un buen dominio, podían encontrar un compañero con un simple pase y se desmarcaban para recibir el balón. Suena fácil, así que por qué Inglaterra no pudo hacerlo.

Parece que los jugadores también llegaron al encuentro con la actitud correcta.

Quizás se sintieron avergonzados por las actuaciones operáticas vistas en el torneo, pero lo cierto es que no se vio el melodrama que ha dominado otros encuentros del Mundial.

Fue refrescante no ver a jugadores pidiendo al árbitro que le saque tarjeta a un contrario, uno de los gestos que ha pasado a ser de los más odiados en el fútbol actual.

Ambos equipos querían jugar y estaban contentos con dejar que el árbitro siguiera adelante con su trabajo.

EL ÁRBITRO

La presencia del árbitro mexicano Benito Archundia Tellez fue refrescante. Los expertos de la FIFA seguramente mirarán su actuación con lupa crítica, pero su decisión de preferir mantener abotonado el bolsillo de sus tarjetas provocó la reacción adecuada entre los jugadores.

Cannevaro y Del Piero se abrazan
Italia añadió vocación ofensiva a su tradicional filosofía defensiva.

Correctamente interpretó que el fútbol es un deporte de contacto. No toda falta amerita una amonestación y no toda caída es de mentira.

Mientras que, por ejemplo, el colegiado ruso Valentin Ivanov se dedicó a mostrar tarjetas por todos lados para hacer valer su autoridad, Archundia recurrió al efecto de hacer que los jugadores se sintieran avergonzados.

Casi uno podía escuchar el diálogo con los jugadores que intentaron burlar al colegiado. "¡Vamos, levántate y sigue jugando!" Pocos quisieron arriesgarse a ser culpables de interrumpir la fluidez del espectáculo.

Las tres tarjetas amarillas que mostró fueron decisiones correctas por entradas por detrás, pero todo el tiempo dejó que el juego fluyera.

QUIÉN LE TEME A LOS FANTASMAS?

Las prórrogas suelen ser decepcionantes. Por miedo de perder, los equipos tienden a cerrarse y se muestran dispuestos a dilucidar todo en los penales.

Pero los dos equipos se mostraron asustados por la alternativa de los doce pasos.

A pesar de que nunca han perdido una definición por penales, los alemanes no querían depender de esa posibilidad.

Los italianos ciertamente no confiaban en los penales, así que lo que se vio fue a dos equipos buscando la victoria sin cesar en los 30 minutos del tiempo extra.

Impulso

Un tren a toda velocidad es difícil de detener y ambos equipos llegaron a semifinales con mucho impulso. De nuevo esto es un tributo al trabajo de los respectivos técnicos.

Sabiendo que tenía que ganarse a una nación que no estaba muy convencida con su actuación, la Alemania de Klinsmann arrancó más rápidamente que Justin Gatlin. A partir de entonces, Alemania estuvo en la cresta de la ola.

En contraste, como una buena salsa para pasta, al comienzo Italia se fue calentando a fuego lento, se revolvió en los intervalos justos y finalmente se puso a hervir en el momento perfecto.



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