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Lunes, 26 de junio de 2006 - 09:12 GMT
Alemania renace por el fútbol

Sergio Correa
Berlín, Alemania

Alemana con bandera de su país pintada en la cara.
Los símbolos patrios eran asociados a los funestos recuerdos del nacionalsocialismo.
En 1996 fue mi primera visita a Alemania, exactamente cuando se jugaba la final de la Copa Europea de Fútbol en Inglaterra, que finalmente ganó Alemania.

Ese día vi en la televisión alemana como un anonadado aficionado de la ciudad de Colonia era casi policialmente interrogado por periodistas sobre por qué había colgado la bandera alemana en su balcón y qué quería decir con eso.

Entonces debí entender, en una suerte de curso intensivo de cultura alemana moderna, la primera lección: quien llevaba la bandera y en general todo símbolo patrio era inmediatamente sospechoso de simpatizar con los funestos recuerdos del nacionalsocialismo.

La revolución del Mundial

Primero comenzó tímidamente; aficionados con el rostro con pequeñas rayas negras, rojas y doradas, los colores de la bandera alemana, paseándose discretamente por las calles.

Con el primer triunfo de Alemania se vieron unas pequeñas banderas adosadas a los autos.

Con el segundo triunfo fue la apoteosis; las banderas ya eran grandes y hasta colgaban, enormes, de muchísimos balcones y cientos de miles de aficionados las llevaban por las calles.

"Nadie había esperado que pasara esto dos semanas atrás" comentó el semanario Die Zeit.

La izquierda suspicaz

No me parece del todo bueno esto de estar ondeando la bandera alemana. En otros países es como obvio, pero nosotros tenemos un pasado reciente del que no podemos estar de ninguna manera orgullosos
Hans Cristhian Ströbele
"No me parece del todo bueno esto de estar ondeando la bandera alemana. En otros países es como obvio, pero nosotros tenemos un pasado reciente del que no podemos estar de ninguna manera orgullosos" comentó, desconcertado frente a tantas banderas, el senador Hans Cristhian Ströbele, uno de los fundadores del Partido Verde alemán.

Pero las palabras de Ströbele sonaban viejas en las calles alemanas. Nadie parece querer ser el eterno heredero de una herencia atroz pero ya remota.

"Han pasado dos o tres generaciones" me dice un muchacho vestido con la bandera alemana "es hora de un nuevo comienzo".

Y a todas las personas que pregunté, me confesaron que por primera vez tenían una bandera alemana entre las manos.

Redimidos por el fútbol

Bandera de Alemania.
La vergüenza por la propia historia parece ahora redimida por el fútbol.
La mejor señal parece ser la actitud de los alemanes con los aficionados de las selecciones derrotadas: bailan y beben juntos enormes cantidades de cerveza dándose palmaditas en la espalda, sin que aparezca la menor muestra de agresividad.

Un millón de espectadores vieron la victoria de Alemania sobre Suecia en la llamada "Fiesta de los Aficionados", frente a la puerta de Brandemburgo en Berlín.

Un millón de personas sin que ocurriera el menor incidente, aún con miles de aficionados suecos presentes, una suerte de milagro en la historia de las masas.

Quien lo diría, la dura herencia alemana, la vergüenza por la propia historia, parece ahora redimida por el fútbol.

Ya muchos pensamos qué pasará después del mundial, cómo este sano patriotismo, que parece haber salido de las piedras, se mantendrá en el futuro. Pero un aire de liberación y de alegría se siente por todas partes, acaso el comienzo de una nueva Alemania.



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