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Lunes, 19 de junio de 2006 - 16:09 GMT
La ingratitud de las gradas

Vladimir Hernández
Enviado especial a Alemania 2006

Aficionados brasileños.
Alegría pero con un toque de disconformidad.
Dos partidos ganados. Tres goles a favor y ninguno en contra. Brasil pasó con comodidad a la segunda ronda y puede que llegue más allá. Pero el público, la torcida, no parece feliz.

A la salida del estadio de Munich, donde la canarinha venció a Australia, se escuchaba samba, garotas y garotos bailaban al compás de la música dentro y fuera de su cabeza, y se produjo una réplica del Sambódromo de cada carnaval de Río de Janeiro. ¿Por que no? Había ganado de nuevo la selección.

Pero cuando se va al detalle, y se le pregunta a los "felices" hinchas que celebraban si estaban contentos por el partido, se les tuerce la cara, sobran los gestos de molestia y se conoce en primera persona a una de las parcialidades más difíciles del mundo.

Para muestra un botón: "Este Brasil es muy malo"; "Somos uno de los equipos grandes mas lentos del torneo"; "No me gustó para nada el partido, Parreira (el técnico) no sabe lo que hace".

Con asombro uno tras otro entrevistado va soltando una fila de ponzoñosas críticas contra la seleccao, que pareciera haber tenido una actuación catastrófica. Si alguien ajeno al fútbol, o a este planeta, escuchara esto jamás lo relacionaría con el mismo equipo tildado de ser el ultra favorito y que cuenta con más nombres de estrellas que el vecindario de Beverly Hills de Hollywood: Ronaldinho, Ronaldo, Kaká, Adriano, et al.

Insatisfechos

Aficionado brasileño
Quizá se espere demasiado del "mediático" Brasil.
"Como se goza ganando", dice un conocido comentarista televisivo venezolano. Sin embargo, esto quizás no se aplica para toda la torcida brasilera.

No quieren ganar, quieren apabullar, disfrutar, ver el jogo bonito, divertirse y ser entretenidos como el público del Coliseo romano (sin sangre y leones, claro está).

Brasil tiene un conjunto de superestrellas del balompié, está haciendo las cosas necesarias para avanzar en la competencia, pero no está cumpliendo con las inmensas expectativas que se han generado alrededor de esta selección.

Pocas veces se ha visto semejante acompañamiento mediático y de mercadeo de un conjunto de fútbol. Uno de los primeros en ser patrocinado por una de las principales marcas deportivas, en el "planeta fútbol" se ha vendido la imagen de que Brasil jugará como se ve a sus jugadores haciendo malabares en cada publicidad televisiva.

Por ello las expectativas suben y suben y el seguimiento arrastra a las masas y a las empresas. Todo un círculo entre virtuoso y vicioso. No se puede negar que el conjunto brasileño hace maravillas con la esférica y que es por eso que suele recibir tanta atención. De ahí que no se sabe que fue primero, si el huevo o la gallina. Si la magia de los jugadores o la de las empresas de publicidad.

¿Chivo expiatorio?

Ronaldo es reemplazado ante Australia.
Muchos apuntan contra Ronaldo.
Y si hay quejas, debe haber seguro un responsable. Para los seguidores de Brasil este se llama Ronaldo.

El delantero, el "fenómeno", a un tanto de igualar la marca de goles para un brasileño en un Mundial que ostenta Pelé, ha sido el receptor de todas las criticas que llueven sobre el equipo.

"Esta muy gordito"; "es lento"; "juega parado"; "mejor es Robinho", señalaban algunos de los que hablé tras el partido en Munich de este domingo.

No importó que Ronaldo hiciera el pase del primer gol ante Australia, tampoco importa que en su carrera siempre se caracterizó por poca presencia pero una eficacia mortal cuando encaraba la portería rival.

Lo que pasa es que la controversia siempre va ligada al delantero brasileño. Que si se casó, que si se divorció, que si la fiesta de su boda fue así, que si se cambió de equipo, que si le dan mareos, etc.

Para la torcida pareciera necesaria la presencia de Ronaldo para explicarse porqué no han sido entretenidos desde las gradas. Hasta que el "fenómeno" marque tres veces en un partido o le de el título nuevamente a Brasil en la final del Mundial.

"Cuando ganas el público te dice que eres lo más grande, cuando poco tiempo antes habían dicho que eras lo peor", dijo Juan Román Riquelme a este enviado tras la goleada argentina contra Serbia y Montenegro.

Una frase que lo resume todo. La volatilidad de los que ven el partido desde afuera.

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