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Jueves, 15 de junio de 2006 - 13:40 GMT
Alemania se desbordó
Vladimir Hernández
Vladimir Hernández
Enviado especial al Mundial de Alemania.

Miles de alemanes celebran
Los seguidores del equipo local aguantaron el aliento hasta el último minuto.
Imagínese a decenas de miles de hinchas alemanes que aguantaron la respiración por 90 minutos. Cuando la pelota entró en la arquería polaca al minuto 91, la exhalación fue ensordecedora y no paró hasta altas horas de la madrugada.

En Hamburgo se celebró el triunfo frente al archirival y vecino polaco como una final de un Mundial, miles tomaron las calles, carros tocaron bocinas y la ciudad se convirtió en una sola gran fiesta.

En los noticieros se decía que en mucho tiempo no se había visto tal despliegue de banderas germanas, que siempre fue un tema tabú por el miedo al nacionalismo que dejó la Segunda Guerra Mundial.

En este caso, quizás el motivo principal de las celebraciones era el pase logrado a la segundo ronda, pero también puede haber influido que en las calles había tanto alemanes como polacos gritando y apoyando a su equipo.

En un abrir y cerrar lo ojos, bien Hamburgo pudo haber sido Varsovia.

La calle Reeperbahn, mejor conocida como el barrio rojo de Hamburgo, fue hacia donde se dirigió el caudal de las celebraciones.

En una escena extremadamente kitsch, se mezclaban hinchas alemanes, polacos, ecuatorianos y costarricenses (estos dos últimos países juegan este jueves en la ciudad), con bailarinas exóticas que se asomaban a lo largo de la larga avenida de clubes nocturnos. La bacanal era total.

Vecinos

Un grupo de polacos deambula por las calles
Muchos polacos continuaron celebrando pese a la derrota. Otros se pusieron más violentos.
La policía tenía tomados varios puntos de la ciudad, y escuadrones de efectivos parecidos a Robocop corrían a través de las calles disipando cualquier foco de disturbios.

La principal preocupación de este juego era un posible enfrentamiento entre los hinchas (skinheads) polacos y alemanes, que hace dos meses se cayeron a golpes tras citarse previo acuerdo por Internet.

No todos los polacos se tomaron mal la derrota, pese a que no por ello dejaban de gritar con orgullo el nombre de su país: "Polska, Polska, Polska, Polska, Gol".

Pero pequeños grupos sí que buscaban pelea y a mi lado pasaron tres skinheads que empujaron y arrancaron banderas a cualquier alemán que pasara a su lado.

En un instante, con los puños siempre crispados, increparon a un grupos de personas, jóvenes y más pequeñas en estatura. Todo estaba listo para una pelea, pero los alemanes prefirieron no empañar las celebraciones.

"Esto es lo que no me gusta del fútbol, que luego estas situaciones son muy peligrosas", me dijo el taxista que me llevó luego a mi hotel.

El peligro de la alegría y la euforia surge cuando se mezclan con el fanatismo o la derrota difícil de digerir.

En Dortmund, donde se jugó el partido del miércoles, mas de 300 personas fueron detenidas en disturbios entre barras. La alegría de muchos la entristecen sólo unos pocos.



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