A cinco años de la tragedia, muchas heridas aún no cierran.
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Casi 3.000 personas murieron en los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos, pero la cantidad de gente que se ha visto afectada en los días, meses y años posteriores ha sido infinitamente superior.
En estos cinco años, la Cruz Roja de Estados Unidos ha ayudado a casi 60.000 familias a lidiar con problemas relacionados con la tragedia, y todavía sigue recibiendo a nuevos pacientes.
"Cada semana vienen a vernos entre 50 y 90 personas que quieren anotarse en nuestro plan de salud mental", señaló a BBC Mundo Alan Goodman, director ejecutivo del programa de recuperación del 11 de septiembre de la Cruz Roja.
El plan de salud mental del programa de recuperación de la Cruz Roja ofrece servicio a más de 10.000 personas, mientras que otras 40.000 están anotadas en otros planes.
Para ello la Cruz Roja cuenta con un fondo de poco más de US$1.000 millones, que fue donado por el público.
Problemas psicológicos y físicos
Los problemas que enfrenta la gente no sólo se relacionan con aspectos psicológicos, sino también con dolencias físicas.
"Por suerte no hubo muchos con quemaduras importantes, pero luego aparecieron los problemas respiratorios, que no esperábamos", sostiene Goodman.
Las explosiones, especialmente en Nueva York, generaron inmensas nubes de humo y deshechos que tardaron varios días en desaparecer.
Aquellos que ayudaron en las tareas de rescate y de limpieza fueron los más afectados, pero también la gente que siguió viviendo en la zona sufrió mucho.
Estados Unidos nunca había enfrentado una tragedia de tal proporción. Lo más parecido había sido el ataque contra un edificio del gobierno federal en Oklahoma, en 1995, en el que murieron 168 personas.
Según un informe de la Cruz Roja publicado en mayo de este año, 2/3 de los adultos que recibieron ayuda por problemas psicológicos considera que todavía sigue afectado en mayor o menor medida por la tragedia.
Antipatía
En los días posteriores a los ataques, la gente que trabajaba en las tareas de rescate se mostraba fuerte y dispuesta a no bajar los brazos, cuenta Goodman. Fue después cuando los síntomas postraumáticos comenzaron a aparecer.
"Los problemas se manifiestan de diferentes maneras, a través de la bebida, el uso de drogas, violencia, insomnio... Y muchas veces la gente no sabe a qué se debe esto, tardan en darse cuenta qué está detrás de sus problemas", comenta Goodman.
Ante este contexto, no resulta fácil hablar de cura. "Se trata de un proceso largo y complicado", agrega.
Otro problema que enfrentan los afectados por la tragedia es que muchos a su alrededor ya no se muestran tan comprensivos como antes.
"Estamos viendo que el público en general no entienden la cantidad de tiempo que hace falta para recuperarse de todo esto," sostiene Goodman.