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Jueves, 10 de febrero de 2005 - 11:38 GMT
Confieso que emito CO2
Carolina Robino
Carolina Robino
BBC Mundo

Hace unos años usaba bicarbonato de sodio como desodorante.

Protestas contra el cambio climático en Londres
Aunque en forma inconsciente, todos contribuimos al cambio climático.

Fue un poco después de la adolescencia, en días en que me sentía orgullosa de mi "despertar ecológico". Quería contribuir a hacer del planeta un lugar más limpio. Contaminar lo menos posible era mi lema.

No tardé mucho en descubrir que mi espíritu verde era más bien frágil.

Sin darme cuenta volví a la rutina de las cremas y aerosoles de marca, dejé de fijarme en cuánta agua gastaba y ni se me ocurrió buscar una manera de reciclar mi basura, por ejemplo. O sea, me convertí en una ciudadana promedio.

Ahora el peso de la culpa me acosa.

Tras una larga discusión, el protocolo de Kioto entra por fin en vigencia y luego de renegar de los países que se han negado a firmarlo y obligada por mi labor de periodista a leer sobre la cuestión, confirmo que el aumento de la temperatura del planeta no es sólo culpa de las naciones industrializadas, sino que todos -o casi todos- tenemos nuestra cuota de responsabilidad.

Porque todos, usted y yo incluidos, producimos en nuestras casas y lugares de trabajo una cuota personal de dióxido de carbono (CO2), el más común de los gases con efecto invernadero que el acuerdo de Kioto pretende combatir.

¿Cuánto? Encontré una posible respuesta en un artículo publicado en el periódico británico The Guardian.

Mea culpa

Científicos de la universidad inglesa de East Anglia inventaron un sistema para medir la cantidad de CO2 que una persona común y corriente emite en su vida cotidiana.

Imagen de una cocina
La cocina puede convertirse en una "aventura ecológica".

Un reportero de The Guardian se sometió a la prueba y descubrió que cada día aporta a las atmósfera unos 14 kilos de CO2 sólo por usar calefacción central y el gas de la cocina.

La luz de las seis bombillas de 100 watts con que alumbra su casa libera 1 kilo más.

Sumando y sumando, el computador + la radio + el refrigerador + la plancha + el auto, el profesional llegó a una cifra triste: su cuota de CO2 llega a entre 5,5 y 8 toneladas anuales.

Debo confesar que pese a mis mejores intenciones yo no lo hago mucho mejor. Todo esto sin pensar siquiera otras "faltas ecológicas", como el derroche de agua y el abuso de materiales no biodegradables.

Con el fin de mejorar mi evaluación navegué por la internet, leí libros y hablé con gente. El resultado es una pequeña lista de consejos prácticos para contribuir desde el propio hogar a los objetivos del protocolo de Kioto.

Lo invito a leerla haciendo clic en la nota que sigue, en la que también encontrará un formulario para compartir con los lectores de BBC Mundo sus ideas y conocimientos para limpiar el planeta. O al menos para ensuciarlo menos.



 

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