Pasado más de un mes y medio del paso del Huracán Stan en Guatemala, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtió de que más de 280.000 personas pueden padecer una hambruna y que urge que la ayuda internacional llegue cuanto antes.
BBC Mundo conversó con el vicepresidente de Guatemala, Eduardo Stein Barillas, quien comenzó explicando como encara su gobierno esta situación.
Nosotros tenemos desde hace cuarenta años, gracias al trabajo de la FAO, detectado un mapa general de sequías anuales, de ciclos de sequías anuales, que ya están siendo atendidos en tres frentes de trabajo.
Uno que es puramente asistencial. Hay lugares donde hay necesidad de llevarles alimentos donados a las familias.
Un segundo frente es el de una asistencia especial, como una papilla alimentaria para lograr atacar de raíz la desnutrición crónica infantil que comienza desde las madres gestantes.
El tercer frente es el esfuerzo de reconstitución de huertos familiares aceleradamente. La mayoría de comunidades indígenas de tierras altas, tienen costumbre ancestral de vivir justamente en donde cultivan, al lado de sus parcelas, de forma que la capacidad de generar alimentos se les cayó.
Señor Stein, al pasar por algunos de los pueblos afectados uno escucha la preocupación de los pobladores que dicen que la ayuda que les está llegando es muy poca.
Que los alimentos que tienen son muy pocos para alimentar grandes familias. ¿Qué están haciendo ustedes concretamente con estas personas ahora?
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Ahora se está llevando una gran cantidad de alimentos donados a todas las comunidades que fueron afectadas por el huracán.
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Bueno, ahora se está llevando una gran cantidad de alimentos donados a todas las comunidades que fueron afectadas por el huracán, pero eran casos contados.
Yo puedo asegurar que la abrumadora mayoría de familias afectadas está recibiendo sus raciones.
No queda la sensación una vez más que dependiendo del estrato social, dependiendo del origen, ¿la población tiene más vulnerabilidad para perder su vida y sus cosechas?
Bueno, en realidad las vidas que se perdieron no respetaron barreras étnicas, pero sí se concentraron en áreas de pobreza, tanto indígenas, como no indígenas, y tanto en tierras altas como en tierras bajas.
Aquí hay temas que corregir evidentemente, que se han acumulado. Como costras sucesivas de errores por años, en donde la población va a vivir en donde puede.
Muchas de ellas son zonas de riesgo. Por esa razón, nuestro plan de reconstrucción está planteado, no para dejar las cosas como están, sino utilizar y aprovechar el esfuerzo de reconstrucción - consecuencia de la emergencia - para transformar verdaderamente estas condiciones de vida.