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Viernes, 28 de enero de 2005 - 14:36 GMT
Irak: "es necesario recomenzar"
Jabbar Yassin Hussin

Jabbar Yassin Hussin es un novelista, poeta y cuentista iraquí que salió de su país en 1976 perseguido por el gobierno de Saddam Hussein.

Ha publicado una decena de libros en francés y en árabe en los que entrelaza la tradición literaria iraquí con la experiencia del exilio.

En 2003, tras el derrocamiento de Hussein por tropas estadounidenses, un diario francés lo invitó a visitar su país tras 27 años de exilio. Poco después publicó "El lector de Bagdad", un libro de cuentos que, para algunos críticos navega entre lo fantástico y lo documental.

Manuel Toledo, de BBC Mundo, conversó con él a pocos días de la celebración de los primeros comicios electorales en Irak en treinta años.


Algunos críticos señalan que en sus historias confluye la destrucción actual en Irak con la caída de la capital del Imperio Islámico en 1258. Por otra parte, el bibliotecario en "El lector de Bagdad" lee libros en blanco porque considera que no hay necesidad de hacer referencia a "lo que se repetirá continuamente hasta el final del género humano". ¿Es cíclica la historia de su país o tal vez la historia de la humanidad?

Es necesario recomenzar, yo no diría de cero, pero de otro punto de partida y la historia antigua ayuda, al mismo tiempo, a ver otra realidad.

La historia son las páginas no escritas. Son los hombres quienes deben escribir la historia.

La caída de Bagdad en 1258 no fue más que un hecho que permitía recomenzar otra historia.

Hoy constatamos que la historia se repite porque en Bagdad hace dos años, el 9 de abril, ocurrió lo mismo, se reempezó a escribir otra historia, una historia que indudablemente se parece a la otra de hace casi ocho siglos.

Mi visión de la realidad iraquí es que, como todas las realidades, es repetitiva.

La situación de caos que reina en el país recuerda también el caos que tuvo lugar hace ocho siglos.

Es necesario recomenzar, yo no diría de cero, pero de otro punto de partida y la historia antigua ayuda, al mismo tiempo, a ver otra realidad.

Hoy, a pocos días de las elecciones, uno tiene la impresión que, después del caos del 9 de abril, Irak debe recomenzar otra historia, pasar una página en el gran libro de la historia para ir adelante.

Pero no sabemos si dentro de algunos siglos todo empezará de nuevo.

¿Considera usted que, en medio de ese caos del que hablaba, es posible el ejercicio democrático en Irak?

Hombre mayor en Bagdad
Creo que Irak siempre fue un país pluralista, un país con varias naciones, con muchas etnias, con varias religiones. Hace miles de años que Irak funciona así. Por eso la idea de la democracia, que hasta ahora no se llamaba democracia, la idea de aceptar a los demás, de dialogar con los demás, existe.

Sí. Creo que Irak siempre fue un país pluralista, un país con varias naciones, con muchas etnias, con varias religiones.

Hace miles de años que Irak funciona así. Por eso la idea de la democracia, que hasta ahora no se llamaba democracia, la idea de aceptar a los demás, de dialogar con los demás, existe.

Es cierto que desde hace 35 años, o incluso 50 años, desde 1954, cuando tuvieron lugar las últimas elecciones en Irak, este diálogo, este intercambio, está ausente.

Pero hoy en la legislación, en la ley fundamental, se incluye la posibilidad de diálogo entre los diferentes componentes de Irak.

Por eso creo que hay una posibilidad muy grande de que los iraquíes acepten la democracia y pongan en marcha un régimen democrático.

Después de un período de ruptura, después de la cultura de violencia de los últimos 35 años, creo que los iraquíes pueden avanzar hacia la democracia.

Hace dos años, después de la caída de Bagdad, todo el mundo pensaba que iba a haber una guerra civil, pero no pasó nada de eso.

A pesar de los intentos de los grupos islamistas, de la red al-Qaeda, de Abu Musab al-Zarqawi, de la gente del antiguo régimen, por iniciar una guerra civil, no lo han logrado porque, en mi opinión, los iraquíes han alcanzado una determinada madurez que hace que quieran, absolutamente, ir hacia adelante.

Me parece que la democracia es posible en Irak y en el Medio Oriente porque es universal.

¿Cree que se puede imponer la democracia con las armas?

Soldados estadounidenses durante la Guerra del Golfo, 1991
Después de la Guerra del Golfo de 1991 toda la población se levantó contra Saddam Hussein, pero no tuvo éxito. Ellos esperaban el apoyo de los países vecinos, el apoyo de Europa, algo que nunca llegó.

Con las armas no se puede imponer nada, pero hay que ver un poco la historia reciente de Irak.

Los iraquíes han intentado varias veces cambiar la situación, pero no ha funcionado.

Después de la Guerra del Golfo de 1991 toda la población se levantó contra Saddam Hussein, pero no tuvo éxito.

Ellos esperaban el apoyo de los países vecinos, el apoyo de Europa, algo que nunca llegó.

Es evidente que Estados Unidos tenía sus propios intereses para hacer la guerra contra Irak, y esta guerra, como todas, fue terrible, pero tuvo un buen resultado: hizo caer a un dictador y hoy el pueblo iraquí tiene todas las posibilidades abiertas.

La democracia la decidirá el pueblo iraquí, no las armas.

Mujeres iraquíes pasan frente a carteles electorales
A pesar de los hechos trágicos que tienen lugar todos los días en ese país, no pierdo el optimismo porque creo que un pueblo como el iraquí, con 6.000 años de historia, no se puede sacrificar así, no se puede dispersar y no puede desempeñar un papel secundario en su propio país.

Es esencial establecer ahora un Estado iraquí fuerte, con sus organismos, su administración, sus fuerzas de seguridad, que pueda negociar realmente la salida de los estadounidenses o por lo menos limitar su acción en Irak.

La gran mayoría de los iraquíes quieren ir a votar el 30 de enero, a pesar de los atentados y las amenazas.

A pesar de los hechos trágicos que tienen lugar todos los días en ese país, no pierdo el optimismo porque creo que un pueblo como el iraquí, con 6.000 años de historia, no se puede sacrificar así, no se puede dispersar y no puede desempeñar un papel secundario en su propio país.

Usted dijo que la guerra tuvo un resultado positivo porque hizo caer un dictador. Usted vivía en Francia, un país que se opuso abiertamente a la guerra, ¿cuál era su posición en ese momento?

Caída de la estatua de Saddam Hussein, 2003
Los estadounidenses cometieron muchos errores y son responsables ante la Historia por todos los errores cometidos contra el pueblo iraquí, pero como dije, la guerra tuvo el resultado positivo de sacar del poder al mayor dictador de la historia del país.

Mire, yo estaba en contra de la guerra y participé en todas las manifestaciones contra esa guerra y contra la anterior, en 1991.

Pero cuando comenzó la guerra, mi único deseo era que terminara rápidamente, que fue lo que sucedió porque ya se sabía que el régimen de Saddam Hussein no era tan sólido y cayó como un castillo de naipes.

Pero hay que aprovechar las cosas, de nada sirve encerrarnos en las consignas.

Es cierto que no se pudo encausar la guerra en el buen camino y crear inmediatamente las condiciones para que los estadounidenses se tuvieran que ir.

Los estadounidenses cometieron muchos errores y son responsables ante la Historia por todos los errores cometidos contra el pueblo iraquí, pero como dije, la guerra tuvo el resultado positivo de sacar del poder al mayor dictador de la historia del país.

También hay que mirar hacia el futuro. Uno no se puede limitar a lo que está pasando en estos momentos y espero que el 30 de enero se pase una página de la historia de Irak, una página que propicie el diálogo en el seno de la sociedad iraquí.

De lo contrario, si el terrorismo se instala en Irak, sus estragos afectarán a toda la región y al resto del mundo.

Poco después de la guerra, el periódico francés Le Nouvel Observateur lo invitó a visitar Irak. ¿Cómo fue esa experiencia después de casi 30 años en el exilio?

Niños iraquíes en una calle de Bagdad
(Cuando regresé a Bagdad) ya no estaban mis padres, ya no estaban muchos amigos que habían muerto en las guerras o a causa de la represión. Pero encontré otras generaciones, gente que me contó sus historias, que, a su manera, querían dar testimonio de lo que había pasado.

Encontré un país que había cambiado demográfica y culturalmente.

Muchas cosas habían empeorado, pero algo quedaba: el alma de ese país, que es lo esencial.

Por supuesto, ya no estaban mis padres, ya no estaban muchos amigos que habían muerto en las guerras o a causa de la represión.

Pero encontré otras generaciones, gente que me contó sus historias, que, a su manera, querían dar testimonio de lo que había pasado.

Fue una experiencia muy dura, pero me ayudó a comprender mucho lo que realmente había ocurrido en ese país, que fue una especie de holocausto durante 30 años.

Basta con ver las cifras: de los 24 millones de iraquíes, dos millones murieron, cuatro millones se tuvieron que ir al exilio, hay 1.300.000 mutilados de guerra, cuatro millones de huérfanos, un millón de viudas y casi dos millones de niños sin escuelas.

Además, la economía está completamente por el suelo; la sociedad está destruida.

Esa es la herencia que tenemos del régimen de Saddam Hussein.

Pero es un país que antes de Hussein vivió en paz y que volverá a vivir en paz.

El alma iraquí está herida, pero hay que curarla, hay que ayudarla a hacer frente al duelo de toda una época de sufrimiento y de infortunio.



ESCUCHE/VEA
Entrevista con Jabbar Yassin Hussin
BBC Vía Libre 31.01.2005



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