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Jueves, 3 de noviembre de 2005 - 14:49 GMT
Reos y empresarios
Gilberto Villaroel
Gilberto Villaroel
BBC Mundo, Chile

Cárcel de Colina, Chile.
En la cárcel de Colina algunos reos se convierten en microempresarios.

Para entrar a la cárcel de Colina, ubicada a 30 minutos al norte de Santiago, hay que cruzar un subterráneo enrejado y dejar el teléfono móvil en custodia. Nadie se salva de la revisión personal ni de los detectores de metales, ni siquiera los gendarmes encargados de la seguridad.

Pero, a pesar de la rigurosidad de estas medidas, se trata de una cárcel muy particular, donde se lleva a cabo una política laboral que permite a los reos de buena conducta trabajar en sus propios negocios y convertirse en microempresarios.

Una vez al aire libre, cruzando otra reja, el panorama cambia, se vuelve más amable a la vista y aparecen jardines con rosales que los propios reos se encargan de mantener en buenas condiciones.

Se llega entonces a los galpones de los talleres y fábricas del Área Laboral, donde trabajan más de mil reos -o internos, como los llaman las autoridades-, de un total de 1.300 que tiene el penal.

En estos galpones funcionan 16 talleres y empresas.

El tiempo pasa volando

En la mueblería "Fama" BBC Mundo conversó con su dueño, Juan Maldonado Riquelme, quien lleva 17 años en la cárcel y 14 dedicado a la fabricación de muebles.

Taller de fabricación de muebles en la cárcel de Colina.
Juan Maldonado fabrica muebles en la cárcel desde hace 14 años.

"Todo lo que usted puede ver aquí es mío, soy un microempresario", cuenta con orgullo al enseñar sus máquinas, sus materias primas y los muebles que sus clientes le compran por catálogo o a través de un portal en internet.

Con los ahorros que consiguió trabajando en talleres fiscales, Juan Maldonado compró sus primeras máquinas. Hoy reinvierte sus utilidades en la mueblería y trabaja junto a cinco reclusos, a quienes ha capacitado previamente.

Aprender un oficio, cree, puede ser útil para todos cuando recuperen su libertad. "Tengo dos compañeros que se van a fines de año. Ellos pretenden seguir con esto. Espero que les sirva lo que aprendieron acá".

"El tiempo pasa volando aquí en el trabajo. Uno se olvida de la calle, se olvida que está preso", comenta Maldonado, quien dice que hace esto "por el bien de la familia".

A los 49 años, tiene siete hijos de dos matrimonios. Cuenta que espera salir de la cárcel en tres años más y llevarse el negocio al exterior.

También quiere pedir apoyo municipal para rehabilitar reclusos y para apoyar a jóvenes en riesgo social. Por ahora, ningún banco le ha ofrecido préstamos.

"Pero he sido autosuficiente para no molestar a nadie. Lo que gano, después de pagar los sueldos, lo reinvierto".

Uniformes, techos y pan

Otro caso exitoso es el de Raimundo Espinoza, quien consiguió una socia en el exterior para montar su taller de confecciones "Raysi".

Raimundo Espinoza muestra un traje confeccionado por él en la cárcel.
Con el dinero que Raimundo Espinoza obtiene, paga la universidad de uno de sus hijos.

Actualmente se encuentra fabricando 300 uniformes de seguridad, con colores reflectantes, para funcionarios de Vialidad, del Ministerio de Transportes.

Las utilidades que consigue en el taller le permiten financiar los estudios universitarios de uno de sus hijos.

La Corporación Nacional del Cobre, CODELCO, es la mayor empresa fiscal y apoya dos iniciativas dentro de la cárcel de Colina.

Una es la producción de tejas para techumbres de cobre, con 15 obreros y cuatro mozos encargados del aseo, y la otra es un taller artístico de grabados y repujados en láminas de cobre.

El Patronato Nacional de Reos puso en marcha una panadería dentro de la cárcel. Su supervisor técnico, Eduardo Muñoz, cuenta con un personal integrado por 65 internos.

"Aquí se selecciona a quienes tienen mayor interés y habilidades para trabajar en la panadería", explica.

Todos reciben un sueldo, tal como ocurriría si fuese una empresa privada. Producen diariamente cinco mil kilos de pan y abastecen no sólo a la cárcel de Colina sino también a otras cárceles de la Región Metropolitana.

Doble condena

Pero también existen empresarios privados que se han instalado dentro de la cárcel.

Alfredo Irarrázaval es dueño de la empresa DOT, que tiene oficinas tanto en la cárcel como en Santiago.

La empresa se dedica a la fabricación de muebles especiales para puntos de venta de marcas internacionales y multitiendas chilenas y extranjeras.

Hace cuatro años decidió apostar por los reclusos, a quienes define como "mano de obra que es muy fácil especializar, se complementa con nuestros requerimientos y hacemos un muy buen trabajo".

Mueble realizado por reos de la cárcel de Colina. (Foto gentileza DOT)
Mueble exhibidor fabricado por reos de la cárcel de Colina.

Hoy trabaja con 35 reos. "Y a medida que van cumpliendo condena, quedan automáticamente contratados en la fábrica de Santiago. Así que salen especializados y con pega (trabajo)", comenta.

Irarrázaval sabe que este caso es excepcional porque los reos, al cumplir sus condenas, suelen tener problemas para encontrar trabajo.

Les piden certificados de antecedentes y, al saber que estuvieron en la cárcel, no los contratan.

"Pagan una condena estando presos y después siguen pagando una segunda condena, estando en libertad, donde no tienen comida o cama y por esa razón muchos vuelven a lo mismo", sostiene Irarrázaval, quien suele decirle a los reos que "la cárcel es dura, pero la calle es mucho más dura".

Política laboral

Chile tiene más de cien cárceles, con 39.000 reclusos , que son vigilados por 12.000 funcionarios de Gendarmería.

El Director Nacional de Gendarmería, Juan Carlo Pérez, dijo a la BBC que las experiencias de trabajo dentro de algunas cárceles forman parte de un proceso de cambios que se ha venido desarrollando durante los últimos 15 años.

Desde la cárcel deberían egresar con un título técnico, si es posible, o con su enseñanza (básica y media) completa
Juan Carlo Pérez, Director Nacional de Gendarmería

En el sur de Chile, en Vilcún, existe un Centro de Educación del Trabajo, "focalizado en el trabajo como una forma de reinsertarse en la sociedad aprendiendo un oficio".

En aquel recinto, un predio forestal, no hay rejas. Y trabajan 300 personas. De los centros "intramuros" destaca los casos de las cárceles de Valparaíso (a hora y media de Santiago) y Colina.

"Para una adecuada reinserción es requisito fundamental que el lugar de reclusión sea apto y digno para un ser humano", declaró Pérez, quien anunció la construcción de diez nuevas cárceles, con participación del sector privado.

Lo que se pretende es garantizar que la infraestructura de los recintos permitirá una efectiva rehabilitación de los reos, ofreciéndoles, entre otras cosas, fábricas, escuelas y comunidades terapéuticas para abandonar el consumo de drogas.

"Desde la cárcel deberían egresar con un título técnico, si es posible, o con su enseñanza (básica y media) completa".

También esperan contar, en el futuro, con más asistentes sociales (uno por cada 200 internos) y sicólogos (uno por cada 240 internos).

Por ahora, las antiguas cárceles construidas en el Siglo XIX, con todos sus problemas de hacinamiento y seguridad, conviven con las del nuevo sistema.

Según el director de Gendarmería, "estamos en esta etapa de transición, que es bastante difícil de cumplir", pero la meta es adecuarse a los estándares internacionales.

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