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Jueves, 3 de noviembre de 2005 - 17:18 GMT
Jóvenes, sin sentencia ni esperanza

Mery Vaca
BBC Mundo, Bolivia

Jacqueline, Wilfredo, José Luis, Pedro: cuatro jóvenes bolivianos con edades comprendidas entre los 16 y 21 años, que están en la cárcel, pero que no tienen sentencia judicial.

Pedro, Bolivia
Pedro, 17 años, recluido en la cárcel de San Pedro, Bolivia.
No son los únicos. 605 jóvenes de esas edades están presos en los penales del país de los cuales 90% no tiene condena, según una investigación de la Dirección de Régimen Penitenciario.

Esto equivale a decir que la justicia no tiene certeza de que hayan cometido los delitos por los que se les acusa.

En Bolivia, la mayoría de edad se logra a los 21 años, pero los jóvenes pueden ser acusados por la justicia desde los 16.

Para estos casos, la Ley de Ejecución de Penas dispone que los jóvenes deben ser internados en centros de rehabilitación.

Sin embargo, a falta de estos espacios, los menores de 21 años son recluidos en las cárceles comunes, según señalan a BBC Mundo el director nacional de Régimen Penitenciario, Tomás Molina, y el director del penal de San Pedro (el más numeroso de La Paz), coronel Ramiro Ulloa.

Hace cinco años entró en vigencia el Nuevo Código de Procedimiento Penal en Bolivia con la expectativa de reducir la demora de justicia, sin embargo, los números muestran que el objetivo no ha sido alcanzado.

De acuerdo a un estudio publicado en junio de este año, sobre la Realidad Penitenciaria en Bolivia, 75% de un total de 7.207 presos no tiene sentencia y sólo 25% está en la cárcel cumpliendo una condena.

En el caso de los jóvenes -que representan 12% de la población penal- la situación es peor, pues 90% se encuentra sin condena. Sólo en el caso del penal de San Pedro, hay 116 menores detenidos, de los cuales, sólo siete fueron condenados.

Historias

Pedro, de 17 años llegó a la penitenciaría de San Pedro hace año y medio, según dice, por haber estado en la escena donde robaron una cartera.

Ramiro Ulloa.
Todos los privados de libertad están en un solo saco y esto repercute en el comportamiento de los jóvenes
Coronel Ramiro Ulloa, director del penal de San Pedro (el más numeroso de La Paz).
Sólo espera que lo echen de este centro de reclusión porque no tiene ninguna opción de que su caso avance.

José Luis, de 19 años, lleva preso tres años por haber golpeado a una persona que luego murió. Dice que su caso "está en blanco".

Por su parte, Wilfredo, de 16 años, entró hace sólo tres meses y aún tiene esperanzas en la justicia.

En las cárceles de mujeres las historias tienen mucho parecido. En el Centro de Orientación Femenino de Obrajes (COF), pasa sus días Jacqueline, de 17 años, esperando que un juez se pronuncie sobre su futuro.

Giovana es una de las pocas excepciones, pues está en la cárcel un año y dos meses, pero ya sabe que debe pasar en ella ocho años, al ser acusada de tráfico de drogas.

Entre ellas destaca, por sus rasgos europeos, una muchacha de 23 años que lleva en ese sitio más seis meses acusada de complicidad en el tráfico de drogas sin que la justicia decida su repatriación o su condena. Está enferma, pero guarda su nombre y su origen en reserva para que su familia no se entere.

Todos juntos

Tomás Molina considera que los jueces le prestan más atención a los grandes criminales y no así a los jóvenes que, por lo general, están involucrados en delitos menores.

Wilfredo, Bolivia.
Wilfredo, otro joven recluido, no pierde la esperanza.
Califica esta situación como algo "horroroso" .

Si bien el retardo en la aplicación de justicia es un asunto preocupante para las autoridades, también lo es la mezcla que existe en los penales entre jóvenes, adultos, enfermos, delincuentes peligrosos y hasta niños.

"Todos los privados de libertad están en un solo saco y esto repercute en el comportamiento de los jóvenes", admite el coronel Ulloa, del penal de San Pedro.

A esta voz se suma la teniente Célida Vera, quien se queja del hacinamiento en el penal femenino.

Molina revela que "(los jóvenes) cuando comparten celdas son sometidos a una serie de vejámenes, de ataques a su sexualidad y también tenemos el contagio criminal".

Esta situación mejorará, dice, con la construcción, hasta el año próximo, de dos centros de rehabilitación, uno en el oriente y otro en el occidente del país.

Pero mientras tanto, sigue la espera por sentencia.



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