El contexto político de los atentados del 11 de marzo no pareció casual: los resultados de las elecciones presidenciales del 14 de marzo de 2004 nunca podrán separarse de la tragedia sin precedentes que había asolado a Madrid tan sólo tres días antes.
Ya a muy pocas horas de las explosiones, el dolor de la gente se mezclaba con los intereses políticos, y emprendía junto a los electores el camino a las urnas.
Para evaluar el efecto de los atentados del 11 M sobre la actitud política de los españoles, Inma Gil, de BBC Mundo, conversó con Pere Vilanova, catedrático de ciencias políticas de la Universidad de Barcelona.
Vilanova recordó que España ya tenía experiencia con el terrorismo antes de los atentados del 11 de marzo.
"Los españoles por supuesto tuvieron un shock por las dimensiones del atentado, pero a la vez España es uno de los países Europeos cuya sociedad tiene -por desgracia- una larga experiencia de convivencia con el terrorismo, porque la amenaza de ETA está muy presente y con atentados de relativa importancia además".
"Pero esta vez fue diferente, primero por la magnitud del atentado -sin precedentes-, y segundo por su autoría, que no tiene nada que ver con ETA sino con el terrorismo islamista", puntualizó.
Primeras reacciones
En muchas grandes ciudades hubo protestas contra ETA, a quien se culpaba inicialmente por los atentados.
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Tras los atentados del 11-M, y en momentos todavía plagados de dudas, las autoridades españolas se precipitaron a sacar conclusiones sobre la autoría de las explosiones.
Y en la versión oficial del gobierno, que desde el principio se centró en el radicalismo armado vasco de ETA, las sospechas fueron dando paso a las acusaciones.
Aunque fuera de España se barajaron desde el primer momento hipótesis alternativas, -como la autoría de un grupo islamista-, en Madrid el gobierno se concentró en ETA, una decisión que condicionó la información divulgada.
"Una primera señal del cambio de actitud (de los españoles) fue con las elecciones del 14 de marzo", explicó Pere Vilanova. "La gente reaccionó con dureza contra el gobierno por haber mentido y no haber dado la información que tenía".
Protestas y participación electoral
El luto no paralizó al electorado: el dolor, unido a la sensación de falta de transparencia informativa, dio pie a manifestaciones multitudinarias por todo el país.
El día antes de las elecciones -y rompiendo la jornada de reflexión-, millones de españoles salieron a la calle para mostrar su solidaridad con las víctimas de los atentados.
Miles desafiaron la veda electoral y se concentraron en la sede del PP en Madrid.
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Pero una gran parte de los manifestantes también protestaba contra el gobierno de José María Aznar y el oficialista Partido Popular (PP).
Según algunos analistas, antes del 11 de marzo la abstención del electorado socialista parecía ser una de las claves para el resultado electoral, que se esperaba favoreciera al PP. Pero todo cambió despues de la tragedia, como explicó Vilanova.
"El atentado aumentó en ocho puntos la participación. La previsión de participación era del 70%, que ya es muy alta. Ese plus de participación tuvo que ver no sólo con el terrorismo sino con una reacción en cadena que fue creciendo contra el modo en que el gobierno gestionó esto".
Según el catedrático de ciencias políticas, ese aumento de la participación se debió por un lado a la indignación de la población, y por otro a la decisión de parte del electorado de sancionar en las urnas el comportamiento del gobierno.
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El atentado aumentó en ocho puntos la participación (electoral)
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Para Vilanova la reacción contra el gobierno de Aznar, que fue creciendo a medida que se aproximaba el día de las elecciones, fue espontánea y no obedeció a ningún tipo de orquestación política.
"Si alguien se cree que con teléfonos móviles y alguna rueda de prensa o algún comunicado o algún político, en 48 horas se sube ocho puntos la participación (electoral) y se gira el resultado de las elecciones, ha traspasado la frontera del ridículo."
Credibilidad política
Los socialistas estaban varios puntos atrás del oficialismo en los sondeos de opinión previos al 11-M.
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Según Vilanova, la forma en que se desarrollaron los acontecimientos previos a los comicios y los resultados de las elecciones fortalecieron la credibilidad política del nuevo gobierno.
"Cuando hay una crisis de estas características y la respuesta cívica es manifestarse -por millones de personas- pacíficamente en la calle, y luego como respuesta acudir a las urnas, y luego además tanto social como políticamente en pocas semanas se resuelve el caso -en el sentido de que casi todos los participantes en la acción terrorista del 11-M han sido detenidos o están muertos (por autoinmolación)-, y todo esto gracias a medios estrictamente policiales y judiciales dentro del estado de derecho: esto es una gran victoria de la sociedad española", dijo Vilanova.
Un año después, las encuestas de opinión de diversos medios, incluido el Centro de Investigaciones Sociológicas y varias empresas privadas, parecen apuntar a que la diferencia de puntos entre el PSOE y el PP se mantiene.
Pero en cuanto a los efectos a largo plazo del atentado sobre la mentalidad política de los españoles y en cuanto a la valoración política del año de gobierno de Rodríguez Zapatero, Vilanova no quiso hacer especulaciones.
"No se puede extrapolar más allá de los datos existentes, las elecciones sucesivas lo dirán", concluyó.