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Miércoles, 21 de enero de 2004 - 16:33 GMT
La salud mental y el sistema político
Carlos Pierini
Aquellos que crían, dirigen o lideran tienen la responsabilidad y la obligación moral de estar lo suficientemente sanos en cuerpo y mente para realizar sus tareas.
Carlos Pierini

Carlos Pierini es sicoanalista y su especialidad es el trabajo con adolescentes. Comparte su trabajo entre Argentina y Perú.

En este escrito da una mirada a cómo el comportamiento de algunos gobernantes pueden producir como resultado que las sociedades que gobiernan terminen tan desequilibradas como ellos mismos.


¡Qué difícil es decir la verdad dentro de un sistema social infiltrado por la corrupción, el autoritarismo, la irresponsabilidad, el abuso de poder, el corporativismo y sus adeptos y la idealización patológica del dinero y el "poder" como valores supremos.

En un sistema social de estas características, donde reinan las leyes mafiosas, la violencia, quiere imponerse a la razón.

¡Qué difícil es, bajo estas circunstancias, acercarse a la verdad sin quemarse las alas como Ícaro!

La Argentina vive una democracia joven y con cierta estabilidad desde hace pocos años. Pero, los factores antes mencionados la amenazan sistemáticamente.

El fin y los medios

Sin negar factores previos, la revolución de setiembre del año 1930 sentó las bases de un sistema nefasto. El general Uriburu y sus secuaces decidieron asaltar la casa de gobierno y romper en pedazos las tablas de la ley representadas por nuestra Constitución Nacional. Este modelo arbitrario y megalomaníaco que se abrevó en el fascismo europeo se infiltró en todos los estamentos de la nación y perdura hasta hoy.

Con enormes esfuerzos estamos intentando vivir en una sociedad abierta, libre y justa. Los enemigos de esta forma democrática, inteligente y crítica -es decir, los corruptos, autoritarios, delirantes, irresponsables y mafiosos- tratan de oponerse amenazando la libertad y el bienestar de los ciudadanos.

Para los enemigos de una sociedad abierta, libre y justa, el fin justifica los medios. En la idea autoritaria de que el fin justifica los medios, el "fin" tiene como base un delirio.

Regreso a la democracia en Argentina, Plaza de Mayo el 10 de diciembre de 1983
"La Argentina vive una democracia joven".

Aquellos que crían, dirigen, guían, o lideran tienen la responsabilidad y la obligación moral de estar lo suficientemente sanos en cuerpo y mente para realizar las tareas que han decidido llevar a cabo.

En esa trama indisoluble de individuo, familia y sociedad, la salud y la enfermedad mental en cualquiera de los sistemas influye poderosamente en los otros.

La salud mental del sistema

Las personas que por diversos motivos en un momento de su historia tienen poder, léase madre, padre, líderes, maestros, gobernantes, jueces, representantes de la ley, del orden público o de defensa de la Nación, deben tener la suficiente salud mental para poder lograr individuos, familias y sociedades que encuentren sentido a la vida y puedan disfrutar de ella más allá de las lógicas dificultades y sinsabores que debemos atravesar por el hecho de estar vivos.

Un sistema mentalmente saludable permite y estimula a sus miembros a crecer, a tener cada vez más capacidad de juicio crítico y sobre todo estimula el reconocimiento de la existencia de los otros, sus semejantes, y que esos semejantes no son objetos descartables.

Poder cuestionar sobre bases sólidas teorías, convicciones y formas de ver el mundo y ser defendidos por los que lideran, gobiernan o conducen la familia o la sociedad es un signo de alto nivel de salud mental.

El permitir la crítica, tener el valor de la autocrítica y el reconocimiento del error para cambiar de rumbo, son signos que se suman a los anteriores en términos de salud mental. El reconocimiento que los otros existen y deben ser cuidados crea salud social.

Un sistema mentalmente saludable permite y estimula a sus miembros a crecer, a tener cada vez más capacidad de juicio crítico y sobre todo estimula el reconocimiento de la existencia de los otros, sus semejantes, y que esos semejantes no son objetos descartables

Cuando el sistema está enfermo, mentalmente enfermo, ocurre algo que fue muy bien descrito por Gregory Bateson y su equipo de Palo Alto, en el relato del caso de un joven que se había recuperado bastante bien de un episodio esquizofrénico y vuelve a desquiciarse.

Internado en una clínica esperaba ansioso después de muchos meses la visita de su madre. Cuando la ve llegar se alegra y corre a abrazarla. En el momento del abrazo la mamá se pone tensa y en forma muy sutil presiona hacia afuera con sus brazos; el joven, al sentir ese movimiento de resistencia, afloja su abrazo y se aparta.

La madre lo mira como asombrada y le dice: "hijo, ¿qué te pasa? ¿Por qué no me abrazas? ¿Es que ya no me quieres? ".

El joven no puede decirle a su madre lo que él ha percibido, o sea el rechazo. No puede denunciar el hecho. Ha sido entrenado para el silencio. Si comentara los hechos, como en el pasado alguna vez ocurrió, la mamá le hubiera dicho: "¡cómo me puedes decir eso! ¡Cómo puedes pensar que te rechazo! ¿Estás loco?".

Una vez que la madre se retiró de la clínica, el joven atacó a una enfermera y rompió objetos propiedad de la clínica. Es decir que el joven sabía la verdad pero no la podía decir. Si la decía era tratado como loco.

Silencio cómplice

Podemos en nuestro país citar mil ejemplos de estas características desde hace muchos años, muchos de ellos trágicos.

Pero citemos uno muy reciente: el actual ministro de Justicia de la República Argentina, Gustavo Beliz, con gran valentía dijo la verdad al denunciar la corrupción, el abuso del poder, los sistemas corporativos mafiosos infiltrados en todas las estructuras del Estado, desde el Congreso hasta la policía. Por suerte el presidente Néstor Kirchner lo apoyó. Los dos dieron muestras de salud mental.

Néstor Kirchner
Kirchner y su ministro de Justicia "dieron muestras de salud mental".

¿Qué le pasó a Beliz a las pocas horas de su animarse a hablar "del rechazo y el desprecio que todos estos sectores mafiosos tienen hacia los ciudadanos de nuestro país"?

Por decir la verdad recibió esta opinión nefasta del ministro del Interior, Aníbal Fernández, quien emulando a la madre del joven esquizofrénico dijo: Beliz se equivocó; o se hace la denuncia, aunque sean conocidos o amigos, o nos callamos.

Al decir que Beliz se equivocó niega, como la madre del esquizofrénico, la percepción del ministro Beliz acerca de la realidad y tácitamente propone el silencio. Los dichos de Beliz también generaron gran malestar entre otros dirigentes del partido oficialista (el peronismo).

Los que tienen el poder y lo ejercen desde su patología mental, como la madre del joven, saben muy bien cómo ocultar las pruebas de sus estafas y sus crímenes.

Como además se mueven en sociedades mafiosas, se protegen entre ellos ocultando las pruebas de sus delitos de la misma forma en que el padre del joven esquizofrénico no denuncia en voz alta la estafa afectiva y la tergiversación de la realidad que su esposa y madre de su hijo hace con este hijo.

Los ciudadanos, como el joven esquizofrénico, quedan encerrados en una situación llamada de doble vínculo, un callejón sin salida.

Si no dicen la verdad se llenan de violencia y pueden reaccionar asocialmente. Pierden el juicio. Si dicen la verdad son tratados como locos y pueden ser juzgados por calumnias o presionados de diferentes formas para sellar su boca y aceptar en silencio la realidad deformada.

Bibliografía:

  • Bateson, Jackson, Haley y Weacland: "Hacia una teoría de la esquizofrenia".
  • Freud, Sigmund: "El malestar en la cultura".
  • Luna, Félix: "Breve historia de los argentinos".
  • Sebreli, Juan José: "Crítica de las ideas políticas argentinas".



 

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