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Miércoles, 21 de enero de 2004 - 14:21 GMT
La poesía subterránea
Héctor Riquelme Muñoz
Siempre me ha gustado escribir cosas relacionadas no solamente con mi trabajo sino con la vida, con cosas de la ciudad. Escribo en verso.
Héctor Riquelme Muñoz

Chile, a pesar de ser un país pequeño, recibió dos Premios Nobel de Literatura durante el siglo XX.

No es coincidencia que ambos, Pablo Neruda y Gabriela Mistral, hayan sido poetas. Tampoco es fortuito que ambos le hayan cantado a las montañas, a la Cordillera de los Andes, a esos "padrinos tremendos", como decía Gabriela Mistral, que son los cerros.

La cordillera atraviesa Chile de norte a sur y es fuente de enormes riquezas. Una de ellas, el cobre, sigue siendo el principal producto de exportación del país, "el sueldo de Chile" como lo definieron varios líderes políticos.

En el campamento minero de Sewell, ubicado en plena cordillera de Los Andes, la BBC encontró a un experimentado minero -un "viejo" como se dicen entre ellos- que en sus ratos libres escribe poemas dedicados al cobre, a los mineros, a Sewell y a todo aquello que lo ha rodeado durante toda su vida.


Me llamo Héctor Riquelme Muñoz. Tengo, en este momento, 55 años.

Nací en Rancagua, me crié en Caletones (fundición de cobre ubicada cerca de Sewell). Viví en Caletones hasta aproximadamente los 21 años.

Entré a la empresa Codelco (Corporación del Cobre) en 1972, al concentrador Sewell, donde sigo todavía. Comencé en Chancado Sewell, después en el año 80 pasé a Molienda Sewell y sigo aquí, donde ustedes me ven, después de 33 años.

Soy operario general de planta, pero en este momento soy jefe de turno subrogante.

Héctor Riquelme Muñoz
Riquelme, un hombre que gusta de rayar papeles.

Siempre me ha gustado rayar papeles. Alguien me dijo que yo contaba mentiras. No, yo no cuento mentiras. Me gusta rayar papeles.

Siempre me ha gustado escribir cosas relacionadas no solamente con mi trabajo sino con la vida, con cosas de la ciudad. Escribo en verso.

Mi profesor de castellano, que era normalista, nos dijo: "lean cualquier cosa, al gusto de ustedes". En la Escuela 55 de Caletones, la de hombres, teníamos una pequeña biblioteca. Empezamos con "Sandokán", y un montón de cuentos, nos encontramos con algunos de Dickens y Poe y así uno le fue tomando el gusto a la lectura.

Estos son algunos de mis poemas.

ELEGÍA

No me tiendas la mano
No me digas adiós
No te despidas
Dime hasta luego

Todos los que se alejan
Mañana o pasado
Volverán a pisar
Las antiguas gradas
De este ahora santuario

He sido bendecido
Por el ardor del trabajo
Por los quejidos
De tantos partos

Por penas de muerte
Por los llantos
De deseos no logrados

Mi suelo lo han pisado
Norteamericanos
Italianos, polacos, alemanes
Casi todas las etnias
Del mundo abierto

El campesino, el mapuche
El señorito, el artesano
El herrero, el jinete
También el vaquero

Tuve aulas que educaron
Morenos niños
Niños de pelo rubio
E idioma lejano

Fui la cuna del minero
Del molinero, del fundidor
Del arquitecto, del constructor
Del mueblista, del boxeador

Parí bomberos,
Camilleros
Bulteros, zapateros
Almaceneros
Farmacéuticos, timadores

Fui el imán
Que atrajo a medio mundo

La nieve y el viento
La soledad y el tiempo
Me están llevando
A un mundo ajeno

Un mundo que está
Entre la tierra y el cielo
Donde harán un alto
Todos quienes van
Camino
Al cielo o al infierno.

REFLEJO

Hoy ha sido un día de recuerdo
De volver un poco
A los días del inicio
De la vida laboral
Al principio el radio receptor
Con música y canciones
De los agitados años
De la transición
Los días de mirar soslayado
Y las noches con toque de queda
De temor al semejante
Y temiendo a las sirenas
Podían ser ambulancias
Tal vez un carro de bomberos
O el carro celular
Buscando sus pasajeros
La música había pasado
Hacía quizás un momento
Cuando cruza el umbral
Un viejo conocido
Gabriel Gómez San Juan
Egresado de la vieja escuela
De metalurgistas y moledores
De decantadores de pulpa
De aglutinadores
De concentrado cobre

Las escalas vuelven
A llenarse de gente
Cascos y rizos
Carreras y gritos
Las mujeres, los hombres, los niños
Habitando de nuevo en el recuerdo
La ciudad encaramada
Sobre los multicolores cerros
Meta de muchos sueños
Alegrías, penas, amores
Esperanzas adolescentes
Llenaron los paseos
Por las escaleras
Coger la piedra
Y transformarla en riqueza
Los años se han ido
Pasaron como nevadas
Las familias también partieron
En aras del valle
Yendo tras la libertad
Se perdió una sociedad especial
Se sepultó en el olvido
Toda la cultura
Del serrano minero
Y navega en el recuerdo
La lágrima del adiós

TIEMPO

La ondulación
De las cimas de los Andes
Llena el panorama
Que la vista abarca
Desde la ventanilla
Del bus que traslada
Desde el valle a la montaña
Al hombre que siega
El fruto de la piedra
Lo muele, lo amasa
Y fabrica el pan rojo
Del cobre de la esperanza
Y aquí donde el sol
Como niño juguetón
Salta de cumbre en cumbre
Enredando las nubes
Que como diademas
Coronan las alturas
Que se alzan en lontananza
Algunos son recientes
Otros cuentan años
Aquellos a los que la luna
Llena de diciembre
Sobre Punta de Rieles
Esparció sus rayos
Sobre el cabello
En tantas serenas noches
Triturando el cerro
Han pasado formas
Sistemas, técnicas
Una generación emigra
Otra generación envejece
Una generación nueva llega
Y pasan las noches
Se escurren los días
Pero la eterna nieve
Sigue colocando velos
Blancos, inmaculados
A la falda de los cerros
Que impasibles observan
El paso del tiempo.



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