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Jueves, 15 de julio de 2004 - 10:51 GMT
"El Papa le faltó el respeto al pueblo"

Gilberto Lopes
Nicaragua

Padre Ernesto Cardenal
Cardenal recuerda el triunfo sandinista como "lo más bello".

Es quizás una de las imágenes más fuertes de la época del gobierno sandinista: el padre Ernesto Cardenal, arrodillado en la pista del aeropuerto de Managua, amonestado públicamente por el Papa Juan Pablo II.

Poco después, en una misa campal, se daría el que fue, probablemente, el momento más dramático en los incontables viajes del Pontífice por todo el mundo. En medio de la guerra que desangraba Nicaragua, la multitud le gritaba "Queremos la paz", mientras el Papa exigía: "¡silencio!".

El padre Cardenal, poeta, escultor, ex ministro de Cultura, sentado en su modesta oficina de Managua, rodeado de los cuadros de su comunidad de la isla de Solentiname, lo recuerda en una conversación con la BBC.


¿En su opinión, cuál fue el gran logro de la Revolución?

El gran logro de la Revolución, y que ha quedado, es el de la democracia. Después de una tiranía de medio siglo de los Somoza, la Revolución libertó a Nicaragua.

Esa democracia se mantiene, aunque ahora sea una democracia corrompida. Muy corrompida, pero democracia es; no tenemos una dictadura militar, no hay presos políticos, no hay un régimen policíaco, hay democracia.

No fue lo que pretendió prioritariamente la Revolución. Sin embargo, fue su resultado mas importante; porque la Revolución, ante todo, lo que pretendía era un cambio social, y el cambio social tenía que hacerse con una revolución popular y fue lo que se hizo, la Revolución fue el pueblo en el poder.

Se puede decir también que otro gran logro ha sido el ejército. En este continente, el único ejército democrático es el de Nicaragua. Es el ejército de la guerrilla, el ejército guerrillero sandinista que ha pasado a ser el ejército nacional.

Pero eso ha sido nada más que un cambio de nombre. Era un ejército sandinista nacional y ha pasado a ser un ejército nacional, pero también es un ejército sandinista. Se puede decir algo similar con la policía. Ejército y policía han estado, desde la Revolución y hasta ahora, identificados con el pueblo.

Hay, además, otros logros culturales que se han mantenido: la artesanía, el folclore y la pintura popular. Y un cambio de conciencia, sobre todo, que todavía persiste.

En su libro más reciente -"La revolución perdida"- usted dice que tiene que haber otra revolución en Nicaragua. ¿Por qué lo dice?

El Papa y el padre Ernesto Cardenal
La famosa reprimenda del Papa en el areopuerto de Managua. (Gentileza: La Prensa)

Tiene que haber otra revolución porque la que tuvimos fue frustrada, inconclusa, quedó a medio hacer y tiene que completarse.

Pensando globalmente, el mundo entero necesita una revolución, una revolución global, porque tenemos un sistema injusto, costoso, que no puede seguirse manteniendo así. Por razones de la misma ley científica de la evolución tiene que haber un cambio.

Decía Mao que la revolución es un salto de la evolución, que la revolución avanza por saltos. Se puede decir entonces que evolución y revolución son lo mismo y tiene que haber cambios. Un mundo nuevo y mejor es posible.

Después de aquellos años de enorme efervescencia de la Revolución, Nicaragua me parece, a veces, un país sin alma.

¿Tiene usted esa impresión?

Sin alma, está bien dicho; un pueblo muerto, pero los muertos resucitan. Por eso yo pienso en una revolución, aunque actualmente no note ningún síntoma de ella.

Lo importante de este país es que ha tenido una revolución, el acontecimiento más importante de su historia. Una Revolución que fue modelo para el mundo, que para muchos fue la mejor del mundo, que tuvo un gran cariño, una solidaridad mundial como ninguna otra.

Esto fue lo que Estados Unidos no podía permitir. No porque Nicaragua fuera fuerte o importante económicamente, o políticamente, sino por el ejemplo moral que estaba siendo su rebelión.

Estados Unidos ya había tenido que permitir que hubiera una segunda Cuba, que era la Revolución de Nicaragua. Pero llegó un momento en que no podían ellos permitir que hubiera en Centroamérica una segunda Nicaragua (que era El Salvador).

La primera visita del Papa a Nicaragua, en 1983, resultó en una confrontación con la Revolución. ¿Qué recuerdos tiene usted de aquella visita?

No sólo yo, sino todo el mundo recuerda cuando él me hizo una reprimenda en el aeropuerto. Era porque no quería que yo, siendo sacerdote y miembro del gabinete, estuviera en el aeropuerto.

Como el gobierno de Nicaragua insistió en que yo tenía que estar, porque era ministro, pues él llegó y me regañó y me dijo que yo tenía que regularizar mi situación. Eso no tenía ningún sentido. Mi situación estaba regularizada porque los obispos de Nicaragua habían permitido a los sacerdotes que teníamos cargos en el gobierno que siguiéramos en ellos por cierto tiempo.

¿Qué fue lo más importante de la primera visita del Papa a Nicaragua?

Esa fue una prueba de fuego que tuvo la Revolución. Si el pueblo hubiese ovacionado al Papa el gobierno caía esa misma tarde

Lo más importante de esa visita fue el enfrentamiento que él tuvo con el pueblo durante la misa campal a la que asistieron 700 mil nicaragüenses.

Nicaragua tenía entonces unos tres millones de habitantes, era la tercera o la cuarta parte de los habitantes del país que estaba en esa plaza. Y el Papa empezó a atacar la Revolución.

El plan del Papa era derrocar el gobierno en ese momento, porque en un país mayoritariamente cristiano, un Pontífice, ante una cantidad de población tan grande, atacando la Revolución, pues ese gobierno caía si el pueblo lo aplaudía.

Al principio empezaron a aplaudirlo, porque había una consigna del gobierno para los sandinistas -que eran la mayoría de ese público- que aplaudieran todo lo que el Papa dijera, que creían que no iba a ser nada hostil, ni político. Y el pueblo comenzó a aplaudir.

Poco a poco empezó a haber menos aplausos, cierta confusión entre la multitud, y después empezaron a gritar consignas contra el Papa, cuando vieron que estaba atacando la Revolución.

Unas dos o tres veces el Papa tuvo que gritar a la multitud: ¡silencio! Eso enardeció más al público, que no estaba acostumbrado a que sus dirigentes revolucionarios le gritaran silencio.

El pueblo le faltó el respeto al Papa, porque le gritó consignas, no le dejaba decir las palabras de la consagración y la bendición papal. Ya, por último, cantando el himno del Frente Sandinista. Pero es que el Papa también le faltó el respeto al pueblo.

El Papa cometió ese error creyendo que Nicaragua era Polonia. Él había dicho que Nicaragua era su segunda Polonia. Cuando llegaba a Polonia, todo el pueblo lo aclamaba, un pueblo mayoritariamente católico ante un gobierno comunista, que era antirreligioso.

Con la pérdida de las elecciones, la mayoría de los dirigentes se desmoralizaron y se corrompieron. Fue lo que se llamó la "piñata", que fue el robo descarado de los principales dirigentes, una traición a sus principios, al pueblo, y a ellos mismos

En Nicaragua tenía un pueblo católico, pero también revolucionario y, en vez de aplaudir al Papa, le protestó y defendió su Revolución.

Esa fue una prueba de fuego que tuvo la Revolución. Si el pueblo hubiese ovacionado al Papa el gobierno caía esa misma tarde. Entonces, en las noticias mundiales, que hubiesen dicho que el pueblo se sublevó contra la Revolución, se dijo que el pueblo le faltó el respeto al Papa.

¿Qué consecuencias tuvo ese incidente para la Revolución?

Más bien en contra de la gran propaganda mundial de que había sido un gran sacrilegio, una blasfemia, de que había sido una provocación. Toda clase de cosas se dijo; una misa de desagravio se hizo al día siguiente, en Costa Rica, por la falta de respeto, o por la forma anticristiana como había reaccionado el gobierno sandinista.

Fue el mismo pueblo el que lo hizo, la Revolución no pensó nunca que iba a haber ese incidente.

¿Habiéndose planteado la Revolución como defensora de los intereses populares, ¿por qué perdió las elecciones?

Por dos razones: las elecciones prácticamente se perdieron por la injerencia de Estados Unidos, por una guerra de ocho años, un bloqueo económico, la hostilidad en todo sentido, la prohibición de comerciar Nicaragua con Estados Unidos, cuando el único país con el que Nicaragua comerciaba era Estados Unidos.

Todo eso llevó a un sector de la población a que votara por un cambio de gobierno, para tener un cambio de situación, para resolver la crisis económica que Nicaragua estaba pasando.

Pero eso no fue lo grave, porque la Revolución podía perder elecciones -porque la Revolución era una revolución democrática- y por lo tanto corría el riesgo de perderlas y después volver otra vez a recuperar el poder.

Lo grave fue que, con esa pérdida de las elecciones, la mayoría de los dirigentes se desmoralizaron y se corrompieron. Fue lo que se llamó la "piñata", que fue el robo descarado de los principales dirigentes, una traición a sus principios, al pueblo, y a ellos mismos.

¿Cuál es su mejor recuerdo de ese período?

Todo, principalmente el momento del triunfo que fue una cosa realmente bella, conmovedora. Para mí, lo más bello de mi vida.



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