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Jueves, 15 de julio de 2004 - 14:31 GMT
"Toda dictadura invita una reacción"

Gilberto Lopes
Nicaragua

Adolfo Calero
Calero cree que resultó "peor la medicina que la enfermedad".

Adolfo Calero fue comandante del ejército de la "contra", unos 22.000 hombres en armas contra el gobierno sandinista. Durante seis años lucharon, desde sus bases en Honduras y con el apoyo de Estados Unidos, para derrotar la Revolución.

No pudieron ganar en el campo de batalla, pero su papel probablemente fue decisivo para erosionar el gobierno sandinista.

En su casa, expropiada durante la Revolución, funcionaba la Asociación de Prensa Extranjera. Ahora la ha recuperado y allí, sentado en el corredor, conversó con la BBC sobre aquellos años de guerra.


¿Por qué decidió Usted sumarse a la lucha armada contra los sandinistas?

Toda dictadura invita a una reacción, así lo fue en la Revolución Francesa, en la Revolución Bolchevique, así lo fue en la Revolución Cubana y así lo ha sido en todas las revoluciones.

En Francia, los dos años de Robespierre fueron de violencia y luego vino la época del Termidor. Yo pertenecí a esa reacción, como conservador.

Estuve en Nicaragua hasta 1982; quise darle una oportunidad a la Revolución Sandinista pero vi que salimos de las brasas a las llamas.

En vez de tener la libertad, la democracia, a la que aspirábamos los nicaragüenses que éramos contrarios a Somoza, resultó peor la medicina que la enfermedad.

Estuve en Nicaragua hasta 1982; quise darle una oportunidad a la Revolución Sandinista pero vi que salimos de las brasas a las llamas

Los sandinistas impusieron en Nicaragua un sistema modelado en la Revolución Cubana, con Comités de Defensa de la Revolución -que aquí se llamaban Comités de Defensa Sandinistas- con limitaciones tremendas, con una mordaza a la prensa libre; confiscaron periódicos, radios, televisoras, confiscaron propiedades, le hicieron la vida imposible a los nicaragüenses y hubo un éxodo masivo.

Cuando vi que la única salida era por las armas, como ellos habían llegado al poder, salí en 1982, me uní a Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN) y luego fui elegido comandante en jefe de la organización.

¿Sigue pensando que era esa la única salida para la oposición al sandinismo?

FDN, como toda contrarrevolución, se constituyó como una reacción a los abusos de la Revolución Sandinista.

Fueron ex militantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), luchadores contra Somoza, los que iniciaron esa rebelión. Fueron Pedro Joaquín González (Cinco Pinos), Tigrillo, comandante Douglas, quienes iniciaron esa contrarrevolución, en 1980.

Luego otros nicaragüenses que estaban en el exterior, miembros de la extinta Guardia Nacional, se sumaron. Para 1982 ya habían recibido apoyo de Estados Unidos a través de unos militares argentinos que llegaron a entrenarlos y luego el gobierno estadounidense asumió el contacto directo con la contra.

Yo llegué en 1982 cuando se estaba dando ese traspaso a través de la CIA, del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional, en el cual estaba Oliver North, que cobró después mucha fama. (Por el escándalo Irán-contras).

Me integraron al directorio y luego el directorio me eligió presidente y Comandante en Jefe, como en los países democráticos, de la FDN.

¿Fue la guerra la que llevó a la derrota electoral del sandinismo?

Adolfo Calero (izq.)
Celebraciones políticas, Calero (izq.) agradece que ya no haya violencia.

Definitivamente la guerra ayudó, forzó elecciones libres en Nicaragua.

De no haber sido por la guerra hubiéramos tenido la consolidación del régimen sandinista en Nicaragua, a como se dio la consolidación del régimen castrista en Cuba; posiblemente hubiese triunfado también la revolución en El Salvador. El FSLN hizo lo posible por apoyar el triunfo del Frente Farabundo Martí.

De no haber sido por esa guerra que se dio en El Salvador y Nicaragua, quizás estaríamos ante un problema mucho más serio o, talvez, hubiera sido necesaria una intervención directa de Estados Unidos, como se vio en Granada, en Irak, en Afganistán.

Esa guerra que hicieron nicaragüenses entre sí tuvo como resultado el advenimiento de la democracia en Nicaragua a través de elecciones libres, de la libertad de prensa, de la libertad de movimiento.

No me gusta la guerra, no soy militar, sin embargo comprendo el porqué la gente de alza en armas ante una tiranía.

¿La contra fue resultado de la intervención estadounidense?

La contrarrevolución se inició antes de la intervención de Estados Unidos, casi de inmediato. Los mismos jóvenes que lucharon a favor de los sandinistas, contra Somoza, fueron los que se rebelaron contra los sandinistas cuando vieron el sesgo que tomaba la revolución nicaragüense.

Estados Unidos la apoyó directamente quizás dos años después de que se había iniciado.

De no haber sido por la guerra hubiéramos tenido la consolidación del régimen sandinista en Nicaragua, a como se dio la consolidación del régimen castrista en Cuba; posiblemente hubiese triunfado también la revolución en El Salvador

Yo me acuerdo haber conversado con el comandante Douglas, el comandante Tigrillo (que reclutó a unos cinco mil jóvenes).

Ellos me dijeron cómo habían luchado en contra de Somoza, pero que no lo habían hecho para buscar la opresión que ejercía el FSLN, para acabar con la religión Católica, como la pretendieron acabar los sandinistas.

Aquí vino Juan Pablo II en 1983 y fue vejado, insultado, fue tratado como no había sido tratado en ninguna parte del mundo.

Años más tarde regresó en un clima de libertad, ya siendo presidenta Violeta Chamorro, y Juan Pablo, que es hombre muy comedido, dijo que gracias a Dios Nicaragua había salido de la noche oscura, refiriéndose al período de gobierno del Frente Sandinista.

¿Qué papel jugó Estados Unidos en todo esto?

Coinciden estos 25 años con la muerte de Ronald Reagan, de quien tenemos el mejor de los conceptos, como un hombre de principios, de valores occidentales, de libertad y democracia.

Él apoyó la gesta nicaragüense que se originó un par de años antes de que recibiera apoyo alguno de parte de Estados Unidos.

Los sandinistas fueron apoyados por Cuba y la Unión Soviética, hubo una guerra dura, cruenta, por muchos años. Al final los sandinistas tuvieron que dar elecciones libres. Perdieron estrepitosamente y estas elecciones fueron a favor de Violeta Chamorro, quien trajo una nueva era para Nicaragua, de libertad y democracia.

Después hubo otras dos elecciones. Ortega (el ex presidente sandinista Daniel Ortega) ha participado en esas tres elecciones y va a participar en una cuarta, ya que se autoproclamó candidato.

La gesta nicaragüense (la contra) se originó un par de años antes de que recibiera apoyo alguno de parte de Estados Unidos

Ortega recibe censura inclusive de su propio partido, donde hay muchos disidentes, sandinistas de renombre, como Víctor Hugo Tinoco (durante 10 años vicecanciller de Nicaragua y dirigente del Frente Sandinista).

Ortega se mantiene en un grupo cerrado, que maneja a su gusto. Ahí no hay democracia alguna, estos sectores sandinistas han manifestado que Daniel está obsoleto, que ya tuvo su oportunidad y la desperdició.

¿Podría la contra haber sobrevivido sin el apoyo de Estados Unidos?

Recibimos un apoyo vacilante de Estados Unidos. Como en los países democráticos, el presidente no dice la última palabra, sino que la dice el Congreso.

Y el Congreso unas veces apoyó la lucha, otras veces no la apoyó. Ese vaivén nos causó problemas, pero la lucha siguió, hasta 1988, cuando ya contactados con los sandinistas (Víctor Hugo Tinoco inició esos contactos), acordamos un cese el fuego temporal, el cual se convirtió en permanente.

Eso coincidió con el entendimiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, con la perestroika, con (Mijail) Gorbachov, que acaba de expresarse muy bien de Reagan.

Se llegó a un acuerdo para las elecciones y el pueblo nicaragüense ratificó su rechazo a los sandinistas.

¿Valió la pena esa lucha?

Contras
Los "contras", como eran llamados los opositores armados al sandinismo.

La guerra la hicieron inevitable los abusos sandinistas. Toda revolución acarrea una contrarrevolución, dependiendo de qué tan violenta es.

Ninguna muerte vale la pena. Tenemos el ejemplo europeo, dos guerras mundiales, sin embargo ahora han llegado a comprender que a pesar de las diferencias lo que conviene a Europa es la Unión Europea, lo que nos puede servir a los centroamericanos de ejemplo para llegar a la unión que tanto ansiamos.

En la guerra europea -que tuvo su origen en otra tiranía, la tiranía nazi- sí hubo muchísimos muertos; 40, 50 millones de personas, infinitamente más de lo que pasó en Nicaragua.

A los nicaragüenses nos sirve de ejemplo, que tenemos que entendernos. Aquí murieron varios miles -desde la época de Somoza, de 1975 a 1988, cuando se dio el cese del fuego- pueden haber sido unas 20.000 personas. Es un cálculo amplio.

Ojalá no se hubiese dado un sólo muerto, pero esas muertes las invitan los tiranos cuando quieren someter a los pueblos. Recordemos a Thomas Jefferson: el árbol de la libertad a veces hay que irrigarlo con sangre.

Eso fue lo que sucedió en Nicaragua. Nuestra libertad de Somoza costó sangre, nuestra libertad de los sandinistas también costó sangre. Es desafortunado, pero son situaciones a la que obligan los tiranos.

¿Le satisface la situación actual del país?

Me preocupan las diferencias sociales que se dan no sólo en Nicaragua, sino en otros países del mundo.

El mundo jamás va a vivir libre de problemas. Sin embargo, a nosotros los nicaragüenses nos toca resolver los problemas locales. Ahora tenemos una emigración inmensa a Costa Rica.

Aquí vino Juan Pablo II en 1983 y fue vejado, insultado, fue tratado como no había sido tratado en ninguna parte del mundo

En lo político hay un diálogo fluido. Me encuentro con Daniel Ortega y converso con él, los nicaragüenses hemos superado ese clima de guerra. Hay diferencias que nos llevan a confrontaciones políticas, pero no a confrontaciones violentas.

Estuve contento con la elección de Violeta de Chamorro. Estuve contento con las elecciones libres que ha habido en Nicaragua desde entonces.

He estado contento con la libertad de prensa, con la libertad de expresión, de movimiento, he estado contento con muchísimas cosas políticas.

Pero no estoy contento con los problemas sociales, con la falta de despegue económico que ha habido en este último gobierno, en el cual teníamos muchas esperanzas.

No estoy contento con la globalización, en la que Nicaragua camina muy por detrás de los demás países centroamericanos; muy por detrás, con los países más pobres del mundo.

Los bienes no se han ubicado en forma equitativa en las distintas capas sociales, todo eso necesita más tiempo, trabajo con más ahínco de parte de las autoridades, de parte de la iniciativa privada, del pueblo nicaragüense.



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