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Viernes, 9 de julio de 2004 - 23:25 GMT
Neruda fue mi ídolo, amigo y camarada
Volodia Teitelboim    Foto: Manuel Toledo
Volodia Teitelboim en su casa de Santiago.

Volodia Teitelboim fue uno de los amigos más cercanos de Pablo Neruda.

Sobre él ha escrito varios libros, incluidos una biografía y un nuevo texto, "Neruda 100: Multiuso y Todoterreno", publicado esta semana por la editorial chilena Catalonia.

Teitelboim, de 88 años de edad, fue abogado, diputado, senador y Secretario General del Partido Comunista de Chile.

También publicó, entre otros, una polémica "Antología de poesía chilena nueva" (en colaboración con Eduardo Anguita, 1935), novelas como "Hijo del salitre" (1952) y "La semilla en la arena" (1957), y cuatro tomos de sus memorias, "Antes del olvido", el último hace pocos meses.

Además, ha escrito biografías de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Jorge Luis Borges.

En 2002 recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile.

Entrevista y foto: Manuel Toledo, BBC Mundo


Pablo Neruda fue un ídolo de mi infancia, como Gabriela Mistral.

En el liceo, el profesor de castellano llevó unos libros que habían aparecido hacía poco, que se llamaban "Crepusculario" y "Veinte poemas de amor". Y nos reveló no sólo otra dimensión de la poesía, sino también del hombre y de la mujer.

En el liceo, el profesor de castellano llevó unos libros que habían aparecido hacía poco, que se llamaban "Crepusculario" y "Veinte poemas de amor"

Entonces, yo, que tenía pasión por la lectura, sentí de inmediato esa atracción y le rogué al profesor que me prestara esos libros para copiarlos a mano en un cuaderno.

Efectivamente, tuvo el gesto de prestármelos y me los aprendí de memoria todos.

O sea que era un gran ídolo, pero yo, que soy del centro del país, había nacido en Chillán, después viví un corto tiempo en Talca y en Curicó, cuando llegué a Santiago en 1932, Neruda, que estaba en el Oriente, venía regresando.

Máscaras

Se anunció por los diarios que él daría un recital esa tarde en un teatro, Miraflores. Me pareció la ocasión ideal para oírlo, para verlo.

pablo Neruda y su primera esposa, Maruca Hagenaar. Foto: Fundación Pablo Neruda
Neruda regresó a Chile en 1932. Se había casado en Java. Foto: Fundación Pablo Neruda

Y lo oí, pero no lo vi. Porque él hizo toda su declamación, de más de una hora, detrás de unos grandes biombos orientales y máscaras chinas. Se ocultó del público como figura.

Lo que se escuchaba era sólo esa voz lamentosa, con sonsonete, extraña, de un declamador monótono, que recitaba una poesía que resultó desconcertante porque nada tenía que ver, al parecer, con la música melodiosa y la calidad cristalina que tienen los "Veinte poemas de amor", por ejemplo.

Eran los primeros poemas de "Residencia en la Tierra", que hablaban también de su vida solitaria en un mundo que él no conocía y que lo cambiaron, y también revolucionaron su poesía que entró a una etapa completamente diferente.

Porque una característica de Neruda fue el llamado carácter proteico, o sea él cambiaba de libro a libro, trataba de no repetirse nunca.

Huidobro sí, Neruda no

Yo, recién llegado a Santiago, era un estudiante de Derecho en la Universidad de Chile, pero era también un aspirante a poeta y había quemado, a mi juicio, no sólo la etapa mistraliana, sino también nerudiana.

Porque para mí Neruda todavía era un poco el poeta que yo había admirado y sigo admirando, de "Veinte poemas de amor", pero yo tenía la edad del parricidio, en que se trata de matar a los padres.

Yo traté de matar a la madre, a Gabriela, y traté de matar al joven padre, Neruda

Entonces, yo traté de matar a la madre, a Gabriela, y traté de matar al joven padre, Neruda.

Porque había recibido otra revelación, así como el rayo de Damasco, que era la llegada a Chile de un poeta vanguardista, que había vivido la vanguardia literaria y artística en el centro mundial de las artes, que entonces era París. Se trataba de Vicente Huidobro.

Huidobro tomó contacto con un poeta joven que se llamaba Eduardo Anguita y conmigo, para que fuéramos algo así como sus lugartenientes. Pero él era decididamente antinerudiano y antimistraliano.

Era la época de la crisis mundial, de la depresión del 29, y queríamos cambiar el mundo, queríamos cambiar la poesía, y para eso Huidobro sí, Neruda no.

Un don nadie

Entonces yo, que era absolutamente un don nadie, escribí una carta a Neruda, que estaba trabajando como cónsul en Madrid y le dije que se trataba de los muchachos, que querían hacer una antología de la poesía chilena nueva y consideraban indispensable su presencia y contar con poemas originales.

Pensé que no me contestaría porque yo era un desconocido por completo, pero inmediatamente contestó y mandó poemas inéditos de sus futuras "Residencias", que fueron publicados en la antología.

Rabindranath Tagore.
Rabindranath Tagore.

Yo era un gran devorador de toda la poesía que pudiera y en distintas lenguas.

Y un día, leyendo en la biblioteca nacional a un poeta hindú que en ese tiempo estaba de moda, Rabindranath Tagore, descubrí un texto en un libro llamado "El jardinero" que me pareció conocido y demasiado parecido al poema 16 de los "20 poemas de amor".

Se lo mostré al encargado de la sección que era un poeta y gran amigo de Neruda, desde la infancia, Juvencio Valle, y me dijo "Sí, son iguales". Entonces esto cundió, se difundió.

Lo aprovechó Huidobro para proclamar que Neruda era un plagiario, y que lo había plagiado a él y a otro poetas, inventando cosas.

Esto suscitó, con la antología también, la mayor polémica literaria que hubo en Chile en el siglo XX, que para mí fue bastante penosa.

Incluso, me penó la exclusión de Gabriela Mistral de la antología, que la sentí después como una injusticia, y traté de repararla. Siendo ya un hombre maduro, escribí una biografía sobre ella.

Entrevista

Siendo estudiante, para ganarme la vida, empecé a trabajar en una revista y su director, que era un gran amigo de Neruda, Luis Enrique Délano, un escritor, me ordenó que fuera a entrevistar, en el año 1937, a Neruda, que venía llegando de España, con el libro "España en el corazón".

Neruda era muy inteligente y sabía que había problemas, digamos daños permanentes, o cosas accidentales

Yo le dije: "Manda a otro porque he tenido cierto conflicto con él y no quiero que se produzca un encuentro desagradable".

"No, anda tú", me insistió. Bueno, me lo ordenaba el director y fui.

Allí conocí a Neruda, que me recibió como si nada hubiera pasado. Porque Neruda era muy inteligente y sabía que había problemas, daños permanentes, o cosas accidentales.

Y él vio en mí un muchachito que quería la literatura, que se interesaba por su poesía y me concedió la entrevista.

Me dio también algunos poemas para ser publicados y lo seguí viendo y fue una amistad que duró 36 años.

Amistad

Una amistad que al principio fue la del periodista, después fue la del hombre o del muchacho que tenía afinidad política con él, porque él llegó de España convertido en un comunista, pero no ingresó al Partido Comunista oficialmente sino en el año 1945, cuando era un hombre maduro.

Yo era un militante de la juventud comunista y después del partido. Tenía cierta experiencia política, más que él.

Pablo Neruda y Volodia Teitelboim en Normandía, Francia. Foto tomada por Julio Cortazar.
Pablo Neruda y Volodia Teitelboim en Normandía, Francia. Foto tomada por Julio Cortazar.

Eso a él le interesó porque también conversaba conmigo sobre problemas que no tenía claros.

Alguna vez lo dijo, en alguna de sus obras, que yo lo habría ayudado en situaciones en que él hubiera podido naufragar desde el punto de vista político.

Luego de la política, esta amistad se hizo una amistad personal, una amistad de hombre a hombre, de persona a persona, con mucha confianza en todo, llena también de los secretos de la vida, las opiniones.

Él era una persona muy directa, en el fondo era un plebeyo, un plebeyo de genio naturalmente, que no establecía diferencias entre el hombre importante y el hombre insignificante. Sino que eran dos amigos.

Siempre tuvo un gran sentido de la amistad. Contó con muchos amigos y ejercía la amistad. Para él, la primera categoría humana eran los poetas...y las mujeres.

Era un hombre de grandes almuerzos, de reuniones, de invitaciones. Y entonces podía estar el Presidente de una república, pero él no lo sentaba al lado. Sentaba a una amiga que era tenista (se ríe) pero que a él le gustaba.

Confidencias

Sin embargo, él tuvo para el amor, que eran amores sucesivos, un sentimiento. Como en su poesía él mismo lo dijo: "Yo siempre he sido sincero y si me interesa una mujer es porque la siento".

Volodia Teitelboim y su gata Miel.  Foto: Manuel Toledo
Volodia Teitelboim y su gata Miel. Foto: Manuel Toledo

Y no es puramente, digamos, un objeto sexual, sino un sentimiento. En verdad, él necesitaba las mujeres porque eran las mujeres, porque necesitaba el acto sexual pero, sobre todo, porque yo creo que el amor y las relaciones alimentaban su poesía.

Eran experiencias que él transformaba en poesía inmediatamente. Eso lo conversé con él varias veces y me dijo cosas sorprendentes. Le pregunté alguna vez si cuando era un muchacho, un joven, escribía tan directamente y sin correcciones como lo hacía el poeta maduro.

Me dijo: "Sí. Yo escribía varios poemas al día e incluso aprovechaba los encuentros sexuales para -cuando todavía estaban, digamos, calientes, frescos, presentes- convertirlos en poesía".

O sea, aprovechaba la experiencia viva y lo hacía rápidamente, de un momento a otro. Incluso, con el amor.

Campaña en versos

Yo acompañé a Neruda en toda su vida política porque yo era dirigente, tenía más experiencia política que él, pero trabajaba con él, desde que él fue candidato a senador por el norte, y a mí me tocó participar y organizar un poco su campaña.

Él tenía gran resistencia a aceptar una candidatura porque habló con la gente y dijo: "Esto de ser candidato para mí es muy duro. El candidato tiene que hablar políticamente y yo no sé hablar políticamente, yo sé escribir versos".

El candidato tiene que hablar políticamente y yo no sé hablar políticamente, yo sé escribir versos

Entonces, la gente del Partido le dijo: "De eso se trata, no hables políticamente, eso lo harán otros. Pero lee versos, haz una campaña en versos".

Entonces él escribe un largo poema que se llama algo así como "Canto al Norte", que en el fondo es un discurso poético de un candidato.

Pero luego comenzó a preceder esas recitaciones con alguna cosa concreta que él sabía y empezó, en el fondo, a hacer discursos, cosa a la que se acostumbró.

Senador

Él fue un gran senador, muy fiel a la gente y se jugó enteramente.

Trabajó por todos los candidatos populares a Presidente y no aceptó la política de Gabriel González Videla que traicionó, persiguió, estableció el campo de concentración de Pisagua e hizo imponer la llamada Ley de Defensa de la Democracia, que la gente llamó la "ley maldita".

Volodia Teitelboim, Salvador Allende y Pablo Neruda. Foto: cortesía Volodia Teitelboim.
Volodia Teitelboim, Salvador Allende y Pablo Neruda. Cortesía: Volodia Teitelboim.

En esa ley maldita se borraban de los registros electorales, del derecho a voto, a 30.000 personas, entre ellos a Neruda, que era senador.

Neruda contestó en el Senado, con un célebre discurso que tomó el nombre que le había puesto Émile Zola a su defensa de Dreyfus, "Yo acuso". Esto se publicó en varias partes y empezó la persecución contra Neruda.

Se fue para la Argentina, escapó a caballo, con grandes riesgos, cruzó la cordillera de Los Andes, para llegar hasta San Martín de los Andes y de allí se fue a Europa, y permaneció varios años en el exilio.

Un hombre lúdico

En el exilio, se transformó en un poeta de fama mundial -porque él era conocido en Chile, luego en la Argentina, en América Latina, en España- pero fue Europa entera la que lo aceptó.

Cuando el Partido tuvo de nuevo derecho a elegir, quiso que Neruda fuera candidato a senador por Santiago, pero él dijo: "No, con una vez basta, que sea Volodia".

Y de ahí nació mi candidatura a senador por Santiago y fui elegido en dos ocasiones.

Entonces él fue mi generalísimo, repugnante palabra que se usaba en Chile para significar el jefe electoral, un generalísimo juguetón que hacía frases, hacía cosas cómicas, compraba papeles de colores para hacer volantines, a fin de que la gente los encumbrara, como campaña electoral, porque se le ocurrían cosas novedosas, que no le ocurrían a los políticos tradicionales.

A él sí. Él era un hombre lúdico también. Y muy responsable.



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