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Sábado, 10 de julio de 2004 - 00:55 GMT
Gonzalo Rojas: "prefiero al Neruda sombrío"
Gonzalo Rojas        Foto: Ilonka Csillag P.
Gonzalo Rojas, Premio Cervantes. Foto: Ilonka Csillag P.

¿Qué piensa uno de los más grandes poetas chilenos de su compatriota Pablo Neruda?

Para saberlo, conversamos con Gonzalo Rojas, a quien hace pocos meses el rey Juan Carlos de España calificó de "prototipo del poeta buscador" que "quiere descifrar el significado del mundo", mientras le entregaba el Premio Cervantes 2003.

El autor de "La materia del hombre", "Contra la muerte" y "Materia de testamento" también ha sido merecedor del Premio Nacional de Literatura de Chile, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Octavio Paz de Poesía y Ensayo.

Rojas, quien tiene 86 años, vive en Chillán, Chile.

Entrevista: Manuel Toledo, BBC Mundo


Don Gonzalo, ¿cómo recuerda usted a Pablo Neruda?

A escala personal tengo múltiples recuerdos porque nos vimos y volvimos a vernos, dialogamos muchas veces.

Lo recuerdo como una figura, ¿qué le diría?, especial, especialísima, con su tono, con su modo, con su gracia, y también con su ironía

Incluso, a veces él dormía en la casa mía, en el sur de Chile, y yo en la suya de acá, de Valparaíso.

A escala poética, yo recién lo vi allá por 1937, cuando llegó, en medio de la Guerra Civil Española, a mostrar ese libro que se llama "España en el corazón"

Y después lo vi, siempre en la línea de la poesía, muchas veces.

Y lo recuerdo como una figura, ¿qué le diría?, especial, especialísima, con su tono, con su modo, con su gracia, y también con su ironía.

¿Qué posición usted cree que Neruda ocupa en la poesía chilena y en la poesía hispanoamericana?

Mire, no hay dos, ni tres, ni 25 Nerudas. Hay un solo Neruda, eso quiere decir un solo sistema imaginario, llamado Neruda.

Pablo Neruda, Fernando Alegría y Gonzalo Rojas.  Foto: Cortesía Universidad de Chile.
Pablo Neruda, Fernando Alegría y Gonzalo Rojas.

Ahora, de todas maneras, en él, como en otros escritores grandes, se advierten variables, visiones diferenciadas, en distintos plazos, y hasta lenguajes diferentes.

Por ejemplo, el Neruda que yo me atrevería a llamar primero, el primer Neruda, se me da a mí en el arco desde 1923 hasta 1936, que es el plazo en cual entrega él su visión del mundo con un lenguaje verdaderamente singular.

Allí aparecen o se incluyen sus libros como "Crepusculario", que es el primerísimo libro de sus 16 años porque este hombre era precocísimo, luego los "Veinte poemas", "Tentativa del hombre infinito", otro que se llama "El habitante y su esperanza", que es un librito en prosa admirable.

Una vez Cortazar me dijo que a él le parecía de tan buen nivel como el mismísimo Rulfo en esa línea. No sé si tanto

Una vez Cortazar me dijo que a él le parecía de tan buen nivel como el mismísimo Rulfo en esa línea. No sé si tanto.

Y su gran libro de ese primer plazo que yo le señalo, con cierre en 1935, es "Residencia en la tierra".

Luego viene el giro en profundidad o, si usted quiere, en 180 grados, por la Guerra Civil Española, que opera en su ánimo y en su imaginación de un modo ya distinto.

Y de gran desesperado que era, de gran desesperanzado mejor, y de anarca, como era, pasa a ser un esperanzado y uno que atiende a la Historia.

Pablo Neruda y Maruca Hagenaar, en Batavia, Java,
Pablo Neruda y Maruca Hagenaar, en la época en que él escribía "Residencia en la tierra". Foto: Fundación Pablo Neruda.

Antes era un animal a-histórico y anarca, y después de la guerra se produce en él esta mudanza en profundidad.

Entonces, ya le digo, el sello de esta segunda etapa es la esperanza, la confianza en la tierra y en el hombre, y también el combatiente, un combatiente a su modo, por supuesto.

De ese ciclo, yo me atrevo a decir que la expresión mayor es su libro, publicado en 1950, llamado "Canto General", que ha tenido una gran repercusión y que muchos llegan a poner por encima de "Residencia en la tierra".

Yo no. Yo creo que los dos libros fundamentales son esos, pero -pero, pero- son distintos.

Y me quedo con la visión sombría y sobre todo con el lenguaje tan único de su primera fase, eso que yo he llamado el primer Neruda -pero no es que haya dos o tres o cinco Nerudas- es el primero no más en cuanto a desarrollo.

Recuerde que un hombre grande, coetáneo de Pablo, y que se llamó Vallejo decía: "No hay dios ni hijo de dios sin desarrollo".

Eso opera y se cumple, efectivamente, en Neruda.

Me quedo con la visión sombría y sobre todo con el lenguaje tan único de su primera fase, eso que yo he llamado el primer Neruda

Ahora, él produjo demasiado para mi gusto. Éste es un punto de vista personal.

No es fácil proseguir con la misma vivacidad y con la misma gracia a lo largo de, me parece, 115 libros.

Eso se me da como un prolífico escritor y desde luego como el que tiene mayor resonancia.

Huidobro también la tiene, entre los chilenos, lo mismo la tiene acá la Mistral, por cierto, que es una figura cumbre, y me queda también Pablo de Rokha, que a mí me parece también fundamental.

Ahora, el que llega más a la audiencia de mundo es Neruda.

De los poemas de Neruda, ¿hay alguno que le guste a usted especialmente?

Claro. Si yo pongo los ojos en el libro "Residencia en la tierra", me paro y leo, supongamos, un poema portentoso, que lo escribe a los 21 años, es el primer poema del gran libro ese, "Galope muerte", es un poema increíble que lo haya escrito un hombre a esa edad y con esa gracia.

Ahí está ya el Neruda grande, sobregrande.

Otro poema fundamental es "Sólo la muerte", que no es un poema que se pudiera llamar metafísico del todo, ni fisiológico tampoco, no es un poema elegíaco...es una visión del mundo también singularísima, un gran poema balbuceante, muy secreto también, y mira como nace y como sigue el texto:

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos, como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte...

Es bien mágico, ¿no? Ése es un poema mayor. Ahí ya tienes tú el sistema que te decía, el sistema nerudiano en toda su vibración, su vivacidad imaginativa, su gracia expresiva, su libertad, su libertad libérrima.

Otro poema, en el orden del eros, hay uno que se llama "Juntos nosotros", en ese mismo libro.

Perdone que le insista en el libro que para mí es el mayor, de ese primer ciclo de él y que se llama "Residencia en la tierra".

Perdone que le insista en el libro que para mí es el mayor, de ese primer ciclo de él y que se llama "Residencia en la tierra".

Y no olvido, por cierto, la grandeza que tiene ese otro gran libro que pasa a ser como el epicentro de su segunda fase o ciclo, edad, si uno quiere, me refiero a "Canto General".

Y si quiero remontarme todavía más lejos, al primerísimo Neruda, hay un poemita escrito a los quince años que se llama "Mariposa de otoño".

Es impresionante pero todavía, claro, bajo el influjo, con el influjo de los simbolistas franceses, sobre todo, me parece ahí...no sé si Rimbaud.

"La mariposa volotea / y arde -con el sol-"... el "volotea" es un verbo que inventa él, no es un vocablo, es un neologismo...

LA mariposa volotea
y arde -con el sol- a veces.

Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.

Me decían: -No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: -No tienes nada.

No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas.
El sol, ahora,
convalece.

Todo se va en la vida, amigos...

Y después empieza un juego metafórico como en el Eclesiastés, pero con una eficacia expresiva notable, impresionante en un niño.

Cierra ese poema con estas líneas:

La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

Es muy mágico, a mí me gusta, es simple, pero ya es una visión existencial como fue la que ofreció en grande en su libro mayor para mí, que se llama "Residencia en la tierra".

Además está allí el tiempo, lo efímero de todo, esa mariposa, y está además la ambigüedad, la aproximación, el secreto poético

Además está allí el tiempo, como tú puedes ver, lo efímero de todo, esa mariposa, y está además la ambigüedad, la aproximación, el secreto poético.

A mí me gusta. Bueno pero puedo recordar otros poemas más importantes para mí.

Del mismo plazo, adentro de esos cinco libros que se me ofrecen como primera etapa nerudiana, la que empieza en "Crepusculario", palabra inventada por él también, porque esa palabra no existe en español, pero él la hace, como quien dice, una suma de crepúsculos...

Ahí está la diferencia entre este pequeño Rojas que te habla y el gran Neruda: a Neruda se le ofrecía... el crepúsculo que el amaba era el crepúsculo vesperal, de la tarde, y mi crepúsculo mío es el crepúsculo matinal, antes de que aparezca el Sol, esa primerísima claridad. ¿Me entiendes?

Bueno, cada uno tiene su modo de pararse y de ver el mundo.



ESCUCHE/VEA
Gonzalo Rojas habla sobre Neruda
BBC Mundo - 23.04.2004



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