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Sábado, 10 de julio de 2004 - 01:20 GMT
Víctor Pey: "le debo más que la vida"

En una entrevista que le dio a la BBC en 1965, Pablo Neruda habló de los cambios extraordinarios que experimentaron su vida y su poesía a raíz de la Guerra Civil Española.

Habían muerto Federico García Lorca, "gran amigo mío de cada uno de aquellos días", Miguel Hernández y Antonio Machado, "tres expresiones de diferentes etapas de la más grande poesía después del Siglo de Oro" y varios otros amigos de Neruda tuvieron que irse al exilio.

Pablo Neruda
Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie

Por eso, como le dijo a la BBC su amigo y biógrafo Volodia Teitelboim, para Neruda salvar españoles era como salvar a miembros de su propia familia.

Y lo hizo organizando el traslado a Chile de más de 2.000 refugiados españoles en el barco "Winnipeg".

"Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie", escribió luego sobre el papel que desempeñó en aquel viaje.

Alguien que recuerda bien esos días es Víctor Pey, quien era entonces un joven ingeniero catalán que se había alistado como voluntario en el lado republicano.

Ésta es su historia y la de las circunstancias en que pudo, de cierta manera, devolverle el favor a Neruda.

Entrevista: Manuel Toledo, BBC Mundo


La ciudad de Barcelona cayó el 26 de enero de 1939 y se produjo un éxodo hacia la frontera de Francia. Se pasó en épocas muy difíciles, era invierno. Yo pasé por los Pirineos, en compañía de mi hermano.

Víctor Pey 1938.
Víctor Pey durante la Guerra Civil Española, 1938.

Fui a parar a un campo de concentración en Francia, en el pueblo de Lebolou, después estuve en un campo de concentración en Perpiñán y, por último, después de una odisea muy larga y muy penosa, fuimos a parar, con mi familia, a Lyon.

Se veía venir la Segunda Guerra Mundial. En vista de eso, yo me trasladé a París, a pesar de que no tenía permiso ni autorización, para ver a qué país podíamos salir de Francia, con objeto de eludir esta guerra que ya se venía encima.

Leí en un periódico parisino una pequeña noticia, en la cual se hablaba de que el día anterior había llegado un barco a Marsella, en el cual venía el poeta Pablo Neruda con una misión especial, que era la de hacer una selección de españoles para ir como refugiados a Chile.

Fue en esas circunstancias que yo me dirigí a la embajada de Chile, creo que al día siguiente o subsiguiente de que Neruda llegase a la embajada.

Primer encuentro

Es bien sabido que la figura de Neruda no concitaba la simpatía del propio personal de la embajada. Casi todos ellos eran simpatizantes del régimen franquista.

Yo llegué, pregunté por Neruda, subí al cuarto piso, me encontré con un español que era su secretario, Darío Carmona, y me dijo: "Mira, espérate un poquito, seguramente va a llegar".

Yo salí de esa entrevista muy desanimado porque me pareció que Neruda me recibía con muy poca calidez

Efectivamente, al cabo de poco rato llegó Neruda y charlé con él.

Me hizo algunas preguntas. Iba anotando, de su puño y letra, la profesión, los estudios que tenía, el lugar en el cual me podían ubicar en el caso de que fuese seleccionado...y ése fue el primer contacto que tuve con Neruda.

Yo salí de esa entrevista muy desanimado porque me pareció que Neruda me recibía con muy poca calidez. Después, naturalmente me di cuenta, cuando lo conocí, de que era su forma de ser, poco efusivo.

De manera que me fui muy desanimado y seguí haciendo mis gestiones en otros consulados, en otras embajadas.

A último minuto

Al cabo de 30 o 40 días, muy poco tiempo para lo que se trataba, me llegó un telegrama en el cual se me conminaba a que me presentase en el puerto de Burdeos, en el atracadero de Trompeloup, con mi familia, con el objeto de embarcar en el "Winnipeg".

En el momento de abordar el barco volví a ver a Neruda. Estaba con la Hormiguita (su esposa Delia del Carril) y tres o cuatro personas más, pero lo vi muy fugazmente.

Placa sobre el
Placa sobre el "Winnipeg" en Isla Negra.

Ocurrió un incidente. En el cupo de selección que me habían hecho, habían dejado de colocar a mi madre y a mi hermano.

Yo me adelanté, con mi hermana y con mi cuñado, y le dije a Neruda que se había quebrado la familia.

Neruda, como si fuese una cosa de mero trámite, me dijo: "Pues, ponles un telegrama y diles que vengan inmediatamente".

Así lo hice y quedé esperándolos, estaban en Lyon, de suerte que nosotros abordamos el "Winnipeg" tal vez una hora o media hora antes de que partiera.

Gratitud

El "Winnipeg" fue seguramente el último barco que pudo salir de las costas francesas y de Europa antes de la guerra.

Nuestro destino en Francia -un mes después empezaba la guerra- hubiera sido catastrófico

Sin la más remota duda, nuestro destino en Francia -un mes después empezaba la guerra- hubiera sido catastrófico. Sin ninguna duda.

De manera que el sentimiento de gratitud es primero hacia Neruda, por habernos seleccionado en medio de 400.000 refugiados españoles que estaban en campos de concentración en ciudades de Francia, y, en segundo lugar, hacia un pueblo y un gobierno como el chileno, que propiciaban y hacían posible que viniéramos a este país.

El "Winnipeg"

El "Winnipeg" era un barco carguero, de más o menos unas cinco mil toneladas, que ya había hecho transportes militares durante la Primera Guerra Mundial.

Cuadro del
Cuadro del "Winnipeg" regalado por el capitán Gabriel Pupin a la hermana de Víctor Pey.

Tenía dos bodegas grandes y se habilitaron, de una manera muy precaria, unas literas de madera, en las cuales había unas colchonetas de paja, para que pudiesen cobijar a unos 2.000 refugiados, más o menos. Una de las bodegas estaba habilitada en calidad de comedor.

Pero las condiciones en las cuales viajamos fueron excelentes, en comparación con los lugares de donde veníamos.

Más allá de las condiciones físicas, nosotros salíamos de ser considerados como prisioneros de guerra e íbamos a un país en el cual íbamos a encontrar la libertad.

Conciertos en alta mar

El capitán tenía un camarote, en el cual había un pequeño piano vertical y encima tenía un cuadro, pintado al óleo, del propio barco, del "Winnipeg".

Mi hermana era profesora de educación musical y tocaba el piano con cierto mérito.

Tarjeta del  capitán del
Tarjeta del capitán del "Winnipeg" deseándole felicidad a la familia Pey.

Eso dio origen a que, en más de una oportunidad, ella diese conciertos en el "Winnipeg", con ese piano, que lo sacaron de la cabina del capitán.

Se hizo una amistad con el capitán por ese motivo y, el día antes de llegar a Valparaíso, como un gesto de simpatía y de reconocimiento, él le entregó a mi hermana, que estaba con mi madre y con nosotros, ese cuadro que estaba en su cabina, junto con una tarjeta dedicada muy emotivamente a la familia Pey, deseándonos un buen porvenir.

Nunca más tuvimos contacto. Ese barco regresó hacia Francia y no mucho tiempo después, en el Atlántico, fue torpedeado y hundido, con toda la tripulación a bordo.

Desafuero de Neruda

A Neruda no lo volví a ver hasta muchísimo después.

En el año 1948, el presidente González Videla, que había sido elegido con los votos del Partido Comunista y uno de los jefes de la campaña había sido el propio Neruda, hizo aprobar por el Parlamento chileno la Ley de Defensa de la Democracia, también llamada ley maldita, por la cual se perseguía las ideas de los comunistas y se les declaraba fuera de la Ley.

Neruda, como senador de la República, pronunció un discurso que las autoridades del momento y, especialmente, González Videla estimaron ofensivo para el Presidente de la República, y obtuvieron el desafuero de Neruda.

El Presidente de la República ha dado un paso más en la desenfrenada persecución política que lo hará notable en la triste historia de este tiempo
Pablo Neruda, discurso del 6 de enero de 1948

El Partido Comunista había organizado la salida de Neruda para el día antes al cual se esperaba que fuese aprobado el desafuero.

Partió Neruda en un auto, con dos militantes comunistas, hacia la frontera argentina, pero sucedió que, advertida la policía chilena de que iba Neruda para allá, se valieron de un pretexto para impedirle el paso: Neruda llevaba el documento de identidad chileno como Neftalí Reyes y un pasaporte a nombre de Pablo Neruda.

En el viaje de regreso a Santiago, ya se había aprobado el desafuero de Neruda y la policía de todo Santiago se había lanzado a su búsqueda, para su detención.

Rencuentro

En esas circunstancias, que no habían sido previstas, optaron por llevarlo a la casa de un amigo mío, un ingeniero chileno, don José Saitúa Pedemonte, ya fallecido, que era un militante del Partido Comunista y vivía con su esposa e hijos pequeños.

Pablo Neruda y Delia del Carril, 1939, Isla Negra. Foto: Fundación Pablo Neruda.
Pablo Neruda y Delia del Carril, 1939, Isla Negra. Foto: Fundación Pablo Neruda.

Yo lo supe a los pocos días y, en conocimiento de la condición precaria en la cual se encontraba, le propuse tanto a Saitúa como a los dirigentes del Partido Comunista, con los cuales tenía cierta amistad, que podía tenerle a buen recaudo en un departamento pequeño en el cual yo vivía solo.

Puse una serie de indicaciones que tenían que cumplirse a rajatabla, como el aislamiento completo, que nadie me contactase, que nadie me llamase ni a mi domicilio ni a mi oficina, etc., tomando las precauciones rigurosas del caso.

Y fue así que llegó a mi departamento. Volví a verle, por tercera vez. Y por primera vez en Chile.

Junto con él y con la Hormiguita, conviví bastante tiempo, no recuerdo bien cuánto, pero algunos meses.

Retribución

De alguna manera, simbólicamente, físicamente y emocionalmente, a Neruda, a Chile y al gobierno del Frente Popular de entonces, le debíamos tal vez algo más que la vida.

Le debíamos tal vez algo más que la vida...y ocurría que el destino me daba la oportunidad de poder devolverle la mano

Le debíamos también el haber eludido las torturas o el haber eludido los sufrimientos horrorosos que a veces preceden a la propia muerte.

Y ocurría que el destino me daba la oportunidad de poder devolverle la mano, de poder retribuir, en una circunstancia penosa para Neruda, librándole tal vez de sufrimientos y de penalidades a las cuales se hubiese visto abocado, en el caso de haber caído en las manos de la policía, que le estaba buscando.

Está de más explicar lo emocionante y lo efusivo que fue este encuentro.

Versitos rimados

En ese departamento, él estuvo trabajando en parte del "Canto General" y escribió la totalidad de la obra "Que despierte el leñador".

Además, trabajaba en unos versitos, unos versos rimados, que hacía con suma facilidad, sobre los personajes del régimen, y que yo copiaba en una máquina portátil que tenía allí.

Víctor Pey, 2004, foto: Manuel Toledo
Víctor Pey en su casa en Santiago, 2004. Foto: Manuel Toledo

Yo hacía diez o doce copias, con papel de calco, y me ocupa de despacharlos por correos a periodistas, diputados, senadores.

Eran versos irónicos, algunos de ellos obscenos, y que realmente causaron una gran sensación porque la gente no estaba acostumbrada a encontrar una forma de hacer política con tanta ironía, con tanta sagacidad y además, naturalmente, con tanta inteligencia.

Eran versos anónimos. Nunca han sido publicados. Yo podría leerle uno de ellos, que se refería a un senador que, en ese momento, tenía mucho prestigio, Ulises Correa, un hombre alto que tenía una manera de andar muy apacible y muy ligera.

Ésta es una primicia que le doy. Creo que es la primera vez que se transmite.

Los versitos decían lo siguiente:

Ulises Correa

Mezcla de anguila y oblea
es don Ulises Correa

Moviéndose despacito
va haciendo sus negocitos

Besándole la trasera
a don Gustavo Rivera

Y pescando lo que queda
cuando barren La Moneda.

Y así se queda callado
con su cara de pescado

Para que calle un besugo
con arrojarle un mendrugo

lo dejarás satisfecho

La Moneda así lo ha hecho

Copie Ud. Estos versos y envíelos a 50 personas.
¡Viva Chile Independiente!
Abajo la tiranía sostenida por la coima
Muera el traidor González Videla y los secuaces que los secundan.

(Siluetas electorales)

¿Qué pasó después?

A pesar de que yo llevé el asunto con un rigor extraordinario, estaba toda la policía de Santiago detrás de él, los diarios todos los días decían que estaban a punto de detenerlo, que lo tenían cercado, y nunca hubo nada, en lo absoluto.

Pero el Partido Comunista creyó que era preferible cambiarlo de lugar y un buen día lo dejé en un auto que pasó y lo recogió, eran como las 11 de la noche.

Naturalmente yo no sabía, ni quería saber, el lugar a dónde iba porque siguió en la clandestinidad. Así permaneció algo más de un año.

Estaba toda la policía de Santiago detrás de él, los diarios todos los días decían que estaban a punto de detenerlo

Supe que se habían hecho dos o tres intentos de sacar a Neruda del país y habían fracasado. Se me ocurrió la idea de organizar una salida que fuese eficiente.

Fue así como, en silencio, detecté a un gran amigo mío, don Jorge Bellet Bastías, un hombre de un coraje, de una valentía y de una nobleza ejemplar, además de un gran talento, que a la sazón estaba al frente de un aserradero de madera en el sur de Chile, relativamente cercano a la frontera argentina.

En detalle

Sin decirle de quién se trataba -no era necesario porque en ese momento la Ley de Defensa de la Democracia servía para perseguir a muchos comunistas- en los viajes que hacía Bellet a Santiago para consultarme cosas técnicas sobre el aserradero, le hice ver que tenía un amigo, un comunista español, que yo quería tratar de liberar de la posibilidad de que fuese detenido.

Los Andes, en la zona cercana a San Martín de los Andes. Foto: Manuel Toledo
Neruda tuvo que atravesar Los Andes a caballo para escapar de la persecución policial. Foto: Manuel Toledo

Y, con él, organicé en detalle la salida de Neruda a través de ese aserradero.

Cuando lo tuve suficientemente determinado y precisado, se lo informé a los dirigentes del Partido Comunista. En ese momento era ya Secretario General Galo González.

Un día hice venir a Bellet. En un auto que yo manejaba recogí a Galo González, que naturalmente estaba clandestino, y ahí, en el auto, Bellet supo que la persona de la cual yo le había hablado durante algún tiempo era nada más y nada menos que Pablo Neruda.

Escape por los Andes

Un día determinado, fuimos en dos autos, en uno de los cuales iba Bellet con Neruda y el doctor Raúl Bulnes, amigo de Neruda y médico de carabineros.

San Martín de los Andes. Foto: Manuel Toledo
San Martín de los Andes. Foto: Manuel Toledo

Él tenía una credencial que servía para poder atravesar un control de carabineros que sabíamos que había a unos 80 kilómetros al sur de Santiago.

Llegamos a ese control, el doctor Bulnes mostró su credencial, pasamos sin ningún problema y unos kilómetros más al sur detuvimos los dos autos, nos tomamos un whisky en medio de la noche, y yo me regresé con el doctor Bulnes a Santiago.

Teníamos previsto con Bellet el hecho de que llegase ahí, a su casa en Hueinahue, donde iban permanecer una semana o cosa así, para descansar, y a partir de ahí hacer la travesía, con mulas, hasta llegar al lado argentino, a una localidad que se llama San Martín de los Andes.

Visita sorpresiva

Ocurrió un percance y fue el siguiente: ese aserradero era propiedad de un terrateniente, de un industrial, de un gran empresario y de un hombre muy noble y realmente muy corajudo, don Pepe Rodríguez, quien era del íntimo círculo de Gabriel González Videla, a la sazón Presidente de la República, que era precisamente quien actuaba como persecutor de Neruda.

Don Pepe Rodríguez era del íntimo círculo de Gabriel González Videla, a la sazón Presidente de la República, que era precisamente quien actuaba como persecutor de Neruda

Bellet estaba actuando en nombre muy personal y sin que nadie más supiese de todo eso.

Ocurrió que se desencadenó una tormenta que duró largas semanas y que hacía intransitable el camino hacia el lado argentino.

Súbitamente, estando Neruda en esa casa con Bellet, el dueño del fundo maderero, don José Rodríguez, anunció una visita.

Bellet no tuvo más remedio que dejar a Neruda alojado en la casa de uno de los campesinos que actuaban como operarios del fundo.

Cambio de planes

Contrariamente a lo que habitualmente ocurría que don Pepe Rodríguez, cuando visitaba el aserradero estaba solamente un día, en esa oportunidad puso de manifiesto que se pensaba estar varios días, dado que naturalmente hacía mal tiempo.

Jorge Bellet. Archivo: Familia Bellet.
Jorge Bellet Bastías, "un hombre de un coraje, de una valentía y de una nobleza ejemplar".

Jorge Bellet se vio en la necesidad de tener que informar a don Pepe de la presencia, en el fundo, de Neruda.

Don Pepe Rodríguez, con una nobleza y un coraje dignos de hacer mención, le pidió a Jorge Bellet que le llevase inmediatamente hasta la casa del campesino donde estaba Neruda.

Se acercó ahí y don Pepe Rodríguez le dijo a Neruda que, desde ese mismo momento, él era su invitado y estaba bajo su protección.

Fue así como se hicieron grandes amigos y se quedaron ahí hasta que el temporal permitió el hecho de iniciar la salida de Neruda con Bellet hacia el otro lado de la cordillera.

Don Pepe Rodríguez estuvo unos días, se regresó a Santiago y permaneció en silencio.

De Pablo a Pablo

Habíamos pactado que, cuando llegasen a San Martín de los Andes, Bellet me iba a poner un telegrama cifrado, en el cual me iba a hablar de que determinado negocio maderero se había realizado y la compra estaba hecha firme.

Pablo Picasso
Picasso también fue comunista hasta su muerte ocurrida, como la de Neruda, en 1973.

Así fue y con eso supe que habían llegado hasta San Martín de los Andes sin novedad y se lo comuniqué a los dirigentes del Partido Comunista.

De ahí fueron por auto hasta Buenos Aires. Pocos días después, Neruda tomó un avión con pasaporte y nombre supuestos y llegó a Francia.

El mundo supo de nuevo de Neruda en un acto que se estaba celebrando en el teatro Olimpia de París, con motivo de un congreso mundial por la paz.

El teatro estaba repleto de gente y estaba en el escenario Pablo Picasso, quien pidió un momento de silencio y dijo que iba a recibir a un gran visitante.

En ese momento entró Pablo Neruda y se abrazó con Pablo Picasso.


Epílogo

  • En 1973, tras el golpe militar, Víctor Pey, quien era propietario del diario El Clarín y era amigo cercano del presidente Salvador Allende, tuvo una vez más que iniciar una vida de refugiado, esta vez en Venezuela. Ahora vive en Santiago de Chile.

  • Sobre don José Rodríguez, Neruda escribió en sus memorias, "Confieso que he vivido": "Pepe Rodríguez fue para mí un pequeño emperador que ordenó abrir setenta kilómetros de camino en la selva virgen para que un poeta alcanzara la libertad".

  • Y el viaje a través de Los Andes, Neruda lo contó detalladamente en su discurso al recibir el Premio Nobel en 1971:

    "No sé, después de tantos años, si aquellas lecciones que recibí al cruzar un río vertiginoso, al bailar alrededor del cráneo de una vaca, al bañar mi piel en el agua purificadora de las más altas regiones, digo que no sé si aquello salía de mí mismo para comunicarse después con muchos otros seres, o era el mensaje que los demás hombres me enviaban como exigencia o emplazamiento". © The Nobel Foundation 1971.



  • ESCUCHE/VEA
    Entrevista a Víctor Pey. Primera parte.
    BBC Mundo 11.03.2004


    Entrevista a Víctor Pey. Segunda parte.
    BBC Mundo 11.03.2004



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