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Sábado, 10 de julio de 2004 - 02:02 GMT
Aída Figueroa: Pablo fue un gran ejemplo

Aída Figueroa y su esposo Sergio Insunza fueron amigos cercanos de Pablo Neruda desde finales de los años 40.

Aída Figueroa a los 81 años en su casa de Santiago.
Aída Figueroa a los 81 años en su casa de Santiago.

Ella e Insunza se conocieron en la Universidad de Chile, donde ambos eran estudiantes de Derecho.

Durante el gobierno de Salvador Allende, Insunza fue ministro de Justicia y su esposa trabajó de asesora jurídica en la Dirección del Trabajo.

Tras el golpe militar, pasaron 15 años exiliados.

Aída Figueroa, quien es miembro del Directorio de la Fundación Pablo Neruda, ha escrito un libro sobre su amigo, "A la mesa con Neruda".

Entrevista y fotos: Manuel Toledo, BBC Mundo


Conocí a Neruda en el año 48, a raíz de la persecución de que era víctima por el gobierno de González Videla, que había iniciado una razzia contra los sindicatos del sur, especialmente del carbón y contra el Partido Comunista concretamente.

Como Pablo denunció este hecho en una carta abierta que mandó a Colombia, fue desaforado y hubo una orden de detención.

El partido y Pablo decidieron no entregarse. Entonces Pablo vivió fugitivo, clandestino, durante casi un año.

Aída Figueroa
Aída Figueroa muestra el departamento donde vivieron con Pablo Neruda y Delia del Carril.

En ese período, él se alojaba en casas de militantes del partido o de amigos del partido o de amigos de amigos, gente en general no cercana a él.

Y es así como llegó al departamento de nosotros, que éramos una pareja de jóvenes comunistas, casados hacía poco, con una pequeña niña, y que habíamos ya ofrecido alojamiento a otros camaradas perseguidos.

Pablo llegó con Delia y ahí empezó una convivencia íntima porque vivíamos en un departamento muy pequeño.

Pablo estaba absolutamente constreñido a no salir, pero a él le gustó el ambiente y le gustó probablemente nuestra juventud, nuestra incondicionalidad de camaradas y de admiradores de él, que nunca lo habíamos conocido antes personalmente.

Él estuvo allí tres veces, en el curso del año, con interrupciones por motivos de seguridad y por motivo de opciones porque entretanto hubo una opción para que viajara por barco al extranjero. Estuvo en Valparaíso, pero volvía.

Él estableció con nosotros una relación filial que no terminó nunca.

¿Cómo fue convivir con Pablo Neruda y Delia del Carril?

Pablo Neruda y Delia del Carril, Isla Negra, Chile, 1939. Foto: Fundación Pablo Neruda.
Pablo Neruda y Delia del Carril, Isla Negra, 1939. Foto: Fundación Pablo Neruda.

La convivencia fue muy llana porque, para gran sorpresa mía en esa época, Neruda no tenía nada de encolamiento, no tenía nada de dar pautas o señalar líneas o plantear problemas intelectuales o trascendentales.

Era un hombre muy llano, muy bien dispuesto, nunca lo vi de mal humor o alterado, tampoco lo vi angustiado porque parece que ya había pasado un período primero de persecución y como que se había habituado.

Y la Hormiga (Delia del Carril) era un ser de alegría y de estímulo. Yo tocaba piano, la Hormiga tocaba, cantaba.

Es decir que había una facilidad de convivencia espontánea, totalmente sin trabas.

Usted conoció bien a las dos últimas esposas de Pablo Neruda, a Delia del Carril y a Matilde Urrutia, ¿cómo se comparaban estas mujeres y qué importancia usted cree que tuvieron en su vida?

Son dos mujeres totalmente incomparables.

Para mí Delia del Carril es una de las personas más notorias, más señeras que he conocido en mi vida.

Estaba absolutamente al nivel de Pablo.

Ella entregó su vida a Pablo, desde los 50 años que lo conoció y se enamoró de él, totalmente, y vivía en función de la vida de Pablo.

Aída Figueroa.
Con una obra de Delia del Carril.

Pero cuando se produce el quiebre, la crisis del enamoramiento de Pablo a Matilde, ella se da cuenta y no acepta una convivencia a tres.

Y se va y es entonces cuando ella se dedica a sí misma y pasa a ser una de las grabadoras más importantes de Chile.

Ella empieza a trabajar en grabado y en pintura con carbón a los 70 años y ella rehace una vida pública y privada riquísima en amistades, en entornos y en proyecciones.

Esta personalidad de la Hormiga además tenía un encanto natural de generosidad y alegría juvenil, la Hormiga nunca envejeció.

Era inteligentísima y de una cultura extraordinaria porque ella se había educado básicamente en París desde niña, hija de una familia muy rica argentina.

Yo pienso que nunca, jamás, él pudo olvidar a Delia

Tenía los modales más finos, en medio de una espontaneidad llana, en que nunca nadie se sentía ni intimidado ni rechazado ni criticado ni descalificado.

Yo he conocido a pocos seres humanos de mayor encanto que Delia y creo que eso es lo que a Pablo lo cautivó y lo enamoró y lo ató a ella.

Y yo pienso que nunca, jamás, él pudo olvidar a Delia.

Matilde no tiene nada que ver con eso: Matilde es una mujer chilena, chillaneja, pragmática, llana, producto de una familia absolutamente popular, que cantó en la guitarra desde niña chica, con una familia numerosísima, criada en un medio semi-rural como es Chillán, que hace un gran esfuerzo por desarrollar su vida, que lucha por salir adelante, trabaja en distintas cosas, tiene muy poca formación cultural, pero es muy inteligente.

Pablo Neruda y Matilde Urrutia, Isla Negra, Chile, 1953. Foto: Fundación Pablo Neruda.
Pablo Neruda y Matilde Urrutia, Isla Negra, 1953. Foto: Fundación Pablo Neruda.

Matilde era extraordinariamente inteligente. Era espontánea, fuerte, voluntariosa y capaz.

Pero ninguna de las cualidades de ella eran las de la Delia y ninguna de las cualidades de Delia corresponde a las de Matilde porque Delia no era pragmática, no era hábil, no sabía hacer un guiso de comida, se turbaba con los huevos fritos, es decir, nada que ver.

Ahora, ¿qué pasa? Pablo era un hombre apasionado y en momento dado, cuando ya él tiene 50 años, y antes de los 50 años conoce a Matilde, la conoce a los 46 años, se enamora de esta mujer que le resulta vital, alegre, firme, fuerte, servicial, dispuesta a entregarle a él también todo, como se lo entregó.

En un artículo para un libro que se llama "Los rostros de Neruda" hago algunas observaciones y algunas son tal vez injustas con Matilde porque, claro, era una mujer a la que yo admiré sobre todo después de su viudedad, porque asumió, como ella me dijo una vez: "Yo trato de hacer lo que Pablo hubiera querido de mí".

Y realmente lo logró. Fue admirable en la defensa de los intereses de Pablo, de absoluta generosidad en ese sentido porque no malgastó ni se dio ningún lujo para nada, vivió con suma parquedad para mantener el acervo financiero que ella sabía que sería el sostén de una Fundación que Pablo había querido hacer desde el año 54 y que no alcanzó a hacer porque murió sin testar.

Usted dijo que, cuando Neruda convivía con ustedes, su hija tenía un año. Una parte de la vida de Neruda sobre la que hay un vacío de información es sobre su primera esposa y su hija. ¿Ustedes alguna vez hablaron sobre esto?

Con Pablo directamente yo no traté nunca el tema pero Sergio fue abogado de Pablo cuando Maruca Hagenaar fue traída a Chile por el gobierno de González Videla en sus postrimerías para seguir hostigando a Pablo y vino a Chile, pagada por el gobierno de Chile, a entablar una demanda de bigamia, para sacarle plata a Pablo.

Aída Figueroa, Pablo Neruda, su hermana Laura Reyes y Sergio Insunza, Isla Negra, 1969, Archivo: Aída Figueroa.
Aída Figueroa, Pablo Neruda, su hermana Laura Reyes y Sergio Insunza, Isla Negra, 1969. Archivo: Aída Figueroa.

Entonces, naturalmente se habló de Maruca, pero nunca yo hablé con Pablo de Maruca.

Y nunca, en los 25 años de amistad próxima que tuvimos, me mencionó a Malva Marina, esta niña enferma.

El vacío que Pablo crea en torno de esto, yo creo que es un vacío en torno a un período de su vida que él estima profundamente frustrante porque en sus memorias, por ahí, dice: "Yo no sé por qué me casé con la giganta".

Se casó con Maruca Hagenaar en Java porque estaba demasiado solo, estaba hastiado de la soledad, y Pablo era un hombre de hogar, era un hombre que siempre echó de menos el entorno afectivo.

Él quiso tener una familia convencional, comiendo tres veces al día y trabajando en lo suyo.

Pablo huyó del dolor. Pablo no era partidario de llorar, de penar por fracasos

Yo creo que él hizo un vacío porque el matrimonio con Maruca Hagenaar fue un fracaso y el nacimiento de esta niña enferma terminó por destruir aquello.

Él se afirmó en la Hormiga, que ya conocía, y que parece que se enamoró de él locamente y después se quedó con la Hormiga, para afirmar una nueva vida, y empezó una nueva vida y esto lo dejó en el olvido.

Después de "Enfermedades en la casa", no hay más referencias.

Pablo huyó del dolor. Pablo no era partidario de llorar, de penar por fracasos. No. Pablo era un tipo muy positivo, muy pragmático. Podía enojarse y luchar, pero él quería la paz, la amistad y la convivencia. Y fue siempre muy generoso.

En la época que estaba escondido en su casa, ¿qué estaba escribiendo él?

El "Canto General". Nosotros tenemos, como recuerdo de él, que nos deja cuando se va, el original de "La lámpara en la tierra".

Este testimonio de la amistad de Pablo con nosotros, fuera de todas las dedicatorias que nos hizo después en todos los libros, etc., es testimonio del compromiso de él, en esa etapa, con su vida nueva, que se inicia con esta persecución en que pasa a ser él realmente un hombre que se siente llamado a hablar por los que no hablan y a decir lo que no se dice y a estar con una actitud siempre a la vanguardia.

Volodia Teitelboim me decía que él cree que uno de los últimos libros de Neruda está dedicado a una sobrina de Matilde Urrutia. ¿Usted sabe esta historia?

Sí, claro, es una historia muy comentada. Es "La espada encendida". Es una obra en que Pablo crea un mito, muy parecido a los mitos tradicionales, un hombre primitivo, una niña en la selva, un encuentro amoroso y la refundación de la vida.

Le significó muchos dolores, pero fue una pasión real y este libro expresa como el último atisbo de una dicha imposible

Pablo tuvo, efectivamente, una pasión en la última etapa de su vida que le significó muchos dolores, pero fue una pasión real y este libro expresa como el último atisbo de una dicha imposible.

De una dicha imposible porque ya él es un hombre incluso enfermo, que está comprometido con Matilde y sabe que es imposible romper con Matilde. Él tiene una dependencia de Matilde absoluta. Pablo fue protegido por sus mujeres, primero por Delia y después por Matilde.

Pero él tuvo esta pasión, que es una sobrina de Matilde que vivía en la casa y que era 20 años menor que Matilde, y que lo entusiasmó en esta sensualidad que parece que él no perdió nunca.

Era como si estuviera siempre buscando la juventud. Es casi la misma diferencia de edad entre Delia del Carril y Matilde Urrutia.

Así es. Él se enamora del amor. Cuando se produjo el quiebre con Delia, estuvo muy desesperado porque, como era simplista en el aspecto de la vida, quería vivir con Delia.

"Ella es mi reina", me dijo, "Ella es mi esposa. Será siempre ella, pero tiene que entender que yo tengo que tener una pasión".

Él tenía que tener una pasión...(se ríe)...así lo entendió y así lo vivió.

¿Qué era Neruda cuando ustedes estaban exiliados después del golpe militar de 1973? ¿Qué significaba Neruda?

Yo diría que Neruda fue para nosotros una suerte vivencial que determinó nuestra manera de ser, determinó en gran medida nuestra vida.

Manuel Solimano (izq.), Aída Figueroa, Pablo Neruda y Orlando Oyarzún. Cumpleaños 50 de Neruda, Isla Negra, 1954. Archivo: Aída Figueroa.
Manuel Solimano (izq.), Aída Figueroa, Pablo Neruda y Orlando Oyarzún. Cumpleaños 50 de Neruda, Isla Negra, 1954. Archivo: Aída Figueroa

Y creo que sin haber conocido a Neruda, yo y marido y en parte algunos de mis hijos, que fueron más influenciados que otros, no habríamos sido lo que somos.

Neruda es para mí un ser absolutamente excepcional, un genio desde un punto de vista de capacidad, no sólo un gran poeta, sino que es un hombre íntegro, es un hombre completo, un hombre consecuente, que es uno de los méritos más difíciles de mantener en la vida.

Para nosotros Neruda fue siempre un ejemplo porque fue un hombre que no siempre lo pasó bien en la vida y sin embargo arriesgó todo.

Esto fue un sostén para nosotros porque uno vive de los paradigmas, uno vive de los ejemplos y él fue para nosotros un gran maestro, un gran ejemplo y un gran afecto.

En el aspecto político que ustedes compartían, ¿cómo usted veía a Neruda?

Neruda nunca fue un teórico del marxismo, ni menos del leninismo. Neruda básicamente fue un antifascista, un demócrata y un pacifista. Estos fueron los valores reales de Pablo.

Ahora, la realidad externa en que vivió, el siglo pasado y sobre todo los años 40, 50...él es un hombre que, por la fuerza de las cosas, entra a militar porque él no tiene nada de pusilánime y cree que hay que decir y que hay que hacer.

Neruda básicamente fue un antifascista, un demócrata y un pacifista. Estos fueron los valores reales de Pablo.

Yo creo que él no hubiera sido miembro de un partido comunista de Chile si no hubiera tenido su historia de estudiante anarquista, de vivencia imperialista, de posición social modesta, de hambre y lucha para subsistir.

Es decir, no era cuestión filosófica, era cuestión histórica, vivencial, su militancia.

Y él en eso fue consecuente hasta lo último.

A pesar de que ya no creía en todo lo que había creído y se había desilusionado de muchas cosas, él no renunció. No renunció como renuncié yo, yo renuncié a la militancia del partido.

Y usted, ¿por qué renunció?

Por desacuerdo con la línea política de mi partido y sobre todo las actitudes de crítica y descalificación que tuvo el partido, después que yo había vuelto a Chile, con gente que había puesto aquí toda su fuerza y toda su vida, al punto de expulsar o sancionar, me pareció absolutamente intolerable.

Ideológicamente, no renuncio a lo que ha sido mi vida y la vida de Sergio y la vida de mis hijos y la vida del mundo

Habíamos vivido demasiado, como para que yo siguiera aceptando eso.

Entonces, yo no renuncié públicamente, ni he hecho nunca una declaración contra la directiva del partido, pero me pareció que ya andábamos por los cerros de Úbeda, haciendo más daño que bien, y que entonces yo no seguía.

Ahora, yo, ideológicamente, no renuncio a lo que ha sido mi vida y la vida de Sergio y la vida de mis hijos y la vida del mundo, en el sentido de los valores profundos del socialismo, a pesar de todos los errores del socialismo real.

De esa época, uno de los temas que causa, por supuesto, mayor controversia es el estalinismo y el estalinismo en Neruda. ¿Cómo usted ve eso? Y una pregunta que yo me hago, desde el punto de vista histórico, ¿realmente qué se sabía y qué no se sabía del estalinismo antes del famoso XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética?

Mira, Pablo sabía mucho y se encargó de sacarnos de obnubilaciones a Sergio y a mí, en conversaciones privadas.

Supo mucho porque fue muy amigo de Ilya Ehrenburg, un judío que vive toda la persecución esa, esa manía que le dio a Stalin en un momento dado, que cae en el racismo más primario.

José Stalin.
Neruda le dedicó un poema a Stalin cuando murió.

Pablo sabía de los errores y de los crímenes y de los excesos. Esto lo sabe naturalmente después de la guerra.

Ahora, cuando él canta a Stalingrado, cuando él hace las loas al generalísimo Stalin, está haciendo un acto bélico, está haciendo un acto de militancia.

En ese momento se estaba combatiendo y se siguió combatiendo durante la Guerra Fría y se sigue combatiendo hoy día. Y cuando Pablo escribe el "Nixonicidio" es porque realmente quiere que maten a Nixon, porque está atrozmente atormentado por el devenir de un mundo agresivo, prepotente, ignorante y destructor de la cultura y de la humanidad.

Y por supuesto, en la época que usted llama de desilusión, Neruda también escribe sobre esto.

Claro. Escribe y dice frases muy dolorosas, como: "Cuánto tuvimos que callar para que el árbol rojo floreciera".



ESCUCHE/VEA
Entrevista a Aída Figueroa 01
BBC Mundo - 09.03.2004


Entrevista a Aída Figueroa 02
BBC Mundo 09.03.2003



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