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Viernes, 13 de agosto de 2004 - 17:29 GMT
Los olvidados de los olímpicos
Neil Arun
BBC, Atenas

Familia de gitanos
Los gitanos que viven en las cercanías del estadio no se sienten muy optimistas frente al futuro.

Con su pecho desnudo, bronceado, el viejo agita su brazo tatuado en un grandilocuente gesto de enojo.

"Cuéntales toda la historia", grita, señalando el nuevo estadio que tapa con su imponente figura las casas tomadas y las calles repletas de escombros y basura del distrito de Ano Liossia en Atenas.

"Dile a los políticos que pueden venir aquí y comerse la basura".

El estadio Ano Liossia, dedicado al judo y la lucha trajo los juegos olímpicos al centro de la comunidad gitana de Atenas.

La construcción de esa gigantesca masa de cemento finalizó en enero de 2004, incurriendo en un gasto de alrededor de US$100 millones.

El edificio está emplazado en un suburbio en el norte de la ciudad y contrasta profundamente con sus alrededores, una vasta extensión de terreno bañada por el sol, cubierta de desechos, muebles abandonados, carros oxidados y casas rodantes.

"No hay basura"

Los gitanos viven allí, en casas precarias donde los colores y la limpieza profundizan aún más el contraste con el terreno baldío y el gigantesco estadio.

Para ellos, la basura y el estadio son síntomas del mismo problema, su sufrimiento en manos de un sistema que interfiere con sus vidas pero que permanece indiferente a sus necesidades.

Alrededores del estadio Ano Liossa

El alcalde de Atenas, Nikos Papadimas, dice que los gitanos están exagerando el problema e insiste en que toda la zona podrá ver en breve los beneficios de la regeneración olímpica.

No hay basura, dice Papadimas, sólo escombros dejados por "las obras de construcción y por un terremoto", en referencia a los temblores que sacudieron Atenas en 1999.

Las familias de gitanos dicen que ya escucharon esa historia.

Un anciano nos mostró una parte del terreno, rodeado de casas y repleto de basura.

"Ésta era la casa de una familia grande", dijo. "Ellos vinieron y demolieron la casa porque decían que iban a construir una plaza. Ahora no hay nada: ni plaza, ni casa, sólo basura".

Otro hombre nos contó que los camiones recolectores de la municipalidad hace rato que no vienen a recoger los desechos en esa zona.

"Nosotros tenemos que sacar la basura en nuestros propios camiones".

"Tengo nueve nietos. Me preocupan las enfermedades. Cuéntele sobre nuestra situación, dígale que vengan a limpiar este chiquero".

Café y agua fría

Todos los que hablaron quisieron permanecer anónimos. Se negaron a dar sus nombres y a ser fotografiados por temor a ser castigados por sus críticas.

Esta era la casa de una familia grande. Ellos vinieron y demolieron la casa porque decían que iban a construir una plaza. Ahora no hay nada: ni plaza, ni casa, sólo basura
Gitano

En un principio sospecharon de nosotros, con nuestros micrófonos y cámaras, pero después la comunidad gitana de Ano Liossia nos mostró su generosa hospitalidad.

Los hombres dejaron de trabajar para llevarnos a recorrer el barrio.

Sus mujeres sonreían mostrando sus dientes cubiertos por sus coronas de oro cuando aceptamos su ofrecimiento de café y agua fría.

Y los niños corrían por las calles, posando para las cámaras digitales y pegando grititos de alegría cuando les mostrábamos sus fotografías en las diminutas pantallas de la cámara.

A medida que se acerca la gran fiesta de Atenas, los gitanos que viven bajo la sombra del estadio Ano Liossi se muestran invariablemente pesimistas sobre el futuro.

Se quejan de ser ignorados por una ciudad que no encuentra un sitio para ellos en medio de su despliegue olímpico.

Muchos resienten haber perdido una oportunidad comercial tan buena como ésta -la de vender objetos de plástico baratos y ropa a los turistas- debido a que las autoridades se negaron a concederles una licencia como vendedores callejeros.

Los niños más pequeños dicen que la policía armada los persigue cuando se acercan al estadio, aunque tal vez esto no sorprenda a nadie que haya intentado acercarse al estadio este año, sin el pase correspondiente.

Promesas rotas

Cuando llegamos al estadio, soldados fuertemente armados nos hicieron indicaciones de que nos fuéramos y se negaron a ser fotografiados.

Alrededores del estadio Ano Liossa
Los gitanos dicen que ya nadie se encarga de recolectar la basura en la zona.

Caminando alrededor del perímetro del estadio, una patrullero se nos acercó por detrás, los policías con sus gafas para el sol y una actitud de vigilancia perezosa.

El vehículo se detuvo cuando dejábamos una calle de construcción reciente para caminar por un camino polvoriento hacia las casas de los gitanos.

"Antes de las elecciones, todos los políticos nos prometían plazas floridas y fuentes", me dijo un gitano con dientes dorados.

"Pero lo único que hicieron fue una calle para ir al estadio".

Los juegos olímpicos de 2004 han servido como una especie de catalizador para el mejoramiento de los suburbios de Atenas.

Los locales y los visitantes le rinden su homenaje a la ciudad, que según ellos, es más limpia, más bonita y más eficiente que nunca.

En medio de todo este reconocimiento, los gitanos de Ano Liossia se ven a sí mismos como una anomalía, la gente olvidada por los olímpicos.

¿Tolerancia o prejuicio?

El alcalde dice que el estadio hará que se eleven los precios de las propiedades en el área.

En cuanto a los gitanos, Papadimas afirma que "son seres humanos. Debemos tratar de incorporarlos a la sociedad, pero no los podemos cambiar".

Son seres humanos. Debemos tratar de incorporarlos a la sociedad, pero no los podemos cambiar
Nikos Papadimas, alcalde de Atenas

Durante mucho tiempo los gitanos han sido perseguidos en Europa, por eso su presencia en las cercanías del nuevo estadio puede ser entendida tal vez como un signo de la tolerancia ateniense, pues en otra ciudad podrían haber sido completamente desalojados.

Para las familias de Ano Liossia sin embargo, la tolerancia se ha vuelto una máscara que encubre el prejuicio y el abandono.

"Somos griegos" dijo un gitano a la BBC, dándose una palmada en el corazón. "Hemos nacido aquí. Vivimos aquí. Somos víctimas".



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