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Viernes, 5 de septiembre de 2003 - 07:16 GMT
Christopher Da Mota
Christopher no quiere hablar de su padre; en su lugar, le dedica dibujos.

Christopher no quiso hablar de la muerte de su papá pero sí dibujar y dedicarle unas palabras para el día del padre en Estados Unidos. Cuando ocurrieron los atentados tenía 11 años de edad.

Su madre, Barbará, es paraguaya. Su padre, Manuel, era de origen portugués y era contratista. En la mañana del 11 de septiembre de 2001 se encontraba en el restaurante Windows supervisando una obra en el local.

Bárbara es quien pudo hablar sobre su experiencia y sobre el devenir de Christopher.


Testimonios de Bárbara, mamá de Christopher
"Ha sido difícil llevar las dos tristezas, la de mi hijo y la mía"

Pienso que Christopher ha cambiado bastante. Mi esposo nos dejó cuando él más lo necesitaba y yo también. Mi hijo no se aisló, ha estado con nosotros y con sus amigos; ésa es la forma en la que él extraña a su papá. Siempre me habla de su padre, cómo era y las cosas que hacían juntos. Extraña mucho. A veces lo noto rebelde, quiere hacer lo que él quiere, pero yo le hablo. Conmigo es abierto. Sus amiguitos siempre estuvieron con él. Nunca me comenta lo que ellos le dicen sobre su situación, pero siempre están con él. Nunca está solo.

Para mí ha sido difícil llevar las dos tristezas, la de mi hijo y la mía. A veces, cuando tengo que llorar, lloro frente a él, no puedo hacer otra cosa, juntos tratamos de solucionar muchas cosas. A veces intento no mostrarle lo que me pasa para que él no se sienta mal.

El futuro es incierto. Hemos tenido ayuda psicológica, yo he llevado a mi hijo a las terapias y he ido a las mías también. En el caso de Christopher tenía que entrar con él porque inicialmente no quería hablar, teníamos que estar los dos juntos. Ésa era la única forma en la que él podía expresarse. Siempre voy a las terapias con mis niños, trato de estar por ahí. A mí me hace bien y a ellos también. El ver a otros niños que están pasando por lo mismo, para mis hijos es bueno. Christopher sabe que no es el único que perdió a su papá. Son muchos otros niños.

El 11 de septiembre fui a la escuela a buscar a Christopher. Estaba loca. No sé. Yo no estaba en sí. Fui a la escuela y lo único que quería era abrazarle y abrazarle; cuando él me vio empecé a llorar. Christopher me preguntó lo que me pasaba y preguntó por su papá. Parece que ya habían pasado algo en la escuela o lo habían dicho. Yo le dije que papi no había llegado todavía y que no sabía lo que estaba pasando y le conté. Empezó a llorar... fue muy duro, muy duro.

Yo lo vi por televisión. No estaba muy segura de que mi esposo estuviera en las torres. Llamé a la oficina para asegurarme, también llamé a su móvil, pero no pude comunicarme con él... En la oficina me dijeron que sí, que Manuel estaba ahí en ese momento. Pasaron algunos minutos hasta que me di cuenta que él estaba ahí. Yo estaba en el teléfono con una amiga, le dije: 'Manuel está ahí'. Fue algo que me entró en la cabeza: 'Dios mío, Manuel está ahí'. Largué el teléfono, no sé lo que pasó, creo que me desmayé... no sé. Estaba sola en la casa y embarazada. No pensé en mi bebé.

Durante una semana estuve sin comer, sin beber, sin dormir... no dormí nada. Era llamar a hospitales, aquí y allá, esperaba a mi esposo afuera, sentada en la calle, pensaba que en algún momento iba a llegar. Hasta después de una semana que mis vecinos me llevaron al médico porque sabían que estaba embarazada. Nunca me olvido cuando el doctor me dijo, aunque yo estaba ida: 'Bárbara, ahora más que nunca ese bebe tiene que nacer'. Eso me levantó, como que me empujó, me despertó y yo dije, 'sí, ahora más que nunca, este niño tiene que nacer'. Sin embargo, no esperé a que terminara la semana; yo seguí buscando a mi esposo contradiciendo la orden del médico, porque además a los cuatro meses casi pierdo al niño. Iba todos los días a las torres, llevé fotos, las pegué por las paredes en Manhattan, en el muelle 94, por todos lados... era buscar.

Siempre voy con mis niños a la 'zona cero'. Llevo flores, enciendo velas. Estoy siempre por ahí, siempre. Christopher se pone triste, claro, y un poco nervioso. Hay que darle mucho amor a los niños, aunque sus padres no estén; hay que tratar de entenderles y estar encima de ellos.



 

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