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Viernes, 14 de noviembre de 2003 - 15:12 GMT
"Estar aquí, mi lucha por la vida"
Wilfrido Aguilar en su residencia
Wilfrido Aguilar en su residencia

Wilfrido Aguilar emigró a Estados Unidos procedente de América Latina. Además de tener que ajustarse a las circunstancias de un país nuevo, tuvo que aceptar la dura realidad de ser seropositivo.

Con la ayuda de un pequeño poema compuesto por él mismo, Wilfrido enfrenta su sexualidad, su religión, su familia, sus demonios y las consecuencias de una enfermedad que no sabe cómo terminará.


¿Estar aquí?, para qué... ¿Para qué vivir, si estaba sentenciado a muerte? ¿Para qué estar aquí, cuando mi familia no sabía siquiera que yo era homosexual? ¿Para qué estar aquí, si el panorama era sólo de desolación, sufrimiento y muerte? ¿Para qué estar aquí, si Dios no me aceptaba ni me aceptaría nunca... por ser gay? ¿Para qué estar aquí? ¿Para qué?

Todo empezó cuando me notificaron que era VIH positivo.

Mi vida era bailar, ganarme la vida haciendo uso de mi cuerpo como bailarín... pero mi cuerpo estaba debilitado. El temor de que mis compañeros bailarines se enteraran de que tenía SIDA me atormentaba. No podía decírselo a nadie y eso aumentaba mi angustia y mi miedo. Siempre estaba callado, solitario, ausente.

Decidí enfrentar mi condición de VIH positivo asistiendo a algunas pláticas sobre la enfermedad, leyendo algunos libros y participando en grupos de auto-apoyo. "Transmitir mi experiencia a otros puede darme una razón para vivir", pensaba.

Wilfrido Aguilar en su oficina.
Wilfrido trabaja en una agrupación de ayuda para enfermos con VIH/SIDA.

A los pocos días de haber entrado al grupo de apoyo, caí enfermo y fui a dar al hospital. Entonces ellos fueron mi familia: "Ya cúrate", "échale ganas", "vamos Willy", "no te dejes vencer".

Así descubrí la familia por afinidad y solidaridad, y yo era importante para ellos y ellos eran importantes para mí.

Estando en el hospital, decidí notificar a mi familia. Tenía 30 años y nunca les había dicho que me gustaban los hombres. ¿Y si me rechazan? ¿Y si no quieren nunca más saber de mí?

Con todo el miedo del mundo les notifiqué que era homosexual, que tenía SIDA, que estaba en el hospital, enfermo y que no sabía si saldría de allí o no.

La reacción fue positiva, aunque dos de mis hermanos no pudieron aceptar que tuvieran un hermano homosexual: "¿Así que resultaste puto, cabrón?"

Etapas

A la salida del hospital me dediqué a adaptarme a mi nueva situación. Tenía depresiones todo los días.

Le preguntaba a Dios donde me había equivocado. Le preguntaba: "¿Por que a mí?" Yo creía en un Dios que me había dado la vida y aún no era el momento de que me la quitara.

Tenía ganas de vivir y por momentos de morir. Aprendí a reconocer las etapas de la enfermedad de la negación, la rabia, la depresión, la negociación y la aceptación.

Luché contra el médico que me daba seguimiento: "Wilfrido, si no le gusta como lo atiendo, búsquese otro médico".

Cuando le contaba que la fe me daba más fuerzas para vivir que la medicina, respondía: "Pues la ciencia dice que usted debe tomar todas sus medicinas, a menos que usted sepa más que la ciencia".

Sin embargo, yo no tenía más que la fe, ya que la ciencia era incapaz de ofrecerme una solución.

Wilfrido con sus amigos Nancy, León y Steve
Los amigos forman parte de una estructura de apoyo.

Un amigo me llevó a un templo donde aprendí a rezar, a meditar, a orar a Dios.

Pero después de 7 años tuve que aceptar que quienes se dedicaban a Dios seguían haciendo realidad lo que cuando joven escuché tantas veces: "Dios no acepta a los homosexuales".

Participé en la lucha contra el SIDA desde que decidí enfrentarlo. Luchar contra el SIDA dentro de mi cuerpo me impulsaba a luchar contra el SIDA fuera de mi cuerpo, en la sociedad, ayudando a que otros no se infectaran, y a que se cuidaran los que ya estaban infectados.

Nueva imagen

"Estar aquí..." se convirtió en una frase que me ayudó a adaptarme a mi nueva imagen de hombre gay ante mi familia.

"Estar aquí..." me hacía recordar la memoria de mi madre a la que perdí a la edad de 5 años y que murió de cáncer... pero que me daba buenos consejos.

Me decía: "Hijo, ruégale a Dios para que este sea un mundo mejor"

"Estar aquí..." me hacía recordar la memoria de mi padre, a quien perdí en mis primeros años de juventud cuando alguien bajo la influencia del alcohol le disparó por la espalda.

Mi padre era un hombre bueno. "El que mucho abarca poco aprieta, concéntrate en una sola cosa, hijo", me dijo un día.

Wilfrido Aguilar en Washington de noche
Wilfrido: "Estaré aquí hasta que Dios lo quiera".

"Estar aquí..." no ha sido fácil: La fatiga, el cansancio, los prejuicios, el desamparo y la nostalgia han intentado vencerme en muchas ocasiones.

La muerte y la enfermedad me han golpeado tantas veces y ¡de tantas maneras!, pero yo insisto en "estar aquí...", a pesar de que no llegue la cura.

¿Que es la cura? ¿Es acaso un medicamento maravilloso que acabará con un virus asesino? ¿O es poder volver a tener una vida normal, sin miedos, sin depresiones, sin temor al sufrimiento?

¿Es acaso la cura el amor por uno mismo, el amor por la vida, el amor por la salud, el amor por la felicidad, el amor por la alegría?

El amor, ¿es acaso la cura el amor?

Quien salva una vida, salva la humanidad entera, por eso estaré aquí hasta que Dios lo quiera.

Este testimonio fue recopilado por la corresponsal de la BBC en Washington, Lourdes Heredia.



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