En el noroeste de China, en la provincia de Xinjiang, permanece escondido de la vista pública uno de los problemas de salud más graves de este país.
Las víctimas de SIDA y de enfermedades sexuales son discriminadas en gran parte de China.
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Es una zona de cruce de caminos, que en el pasado formó parte de la ruta de la seda y hoy sirve de base para el tráfico ilegal de heroína y, de paso, para el contagio del SIDA.
Zhang Shum ha visto morir de esa enfermedad a ocho amigos.
Ex drogadicto, pidió que en este reportaje su nombre fuese cambiado.
La mayoría de los usuarios de drogas de Xinjiang pertenecen a la etnia de los uighurs. Desempleados y sumidos en la pobreza, muchos se drogan porque sienten que no tienen futuro.
Y ahora, el SIDA ha caído como una espada sobre esa comunidad.
Mucha sangre
El primer caso de VIH en Xinjiang se registró en 1996. A finales de septiembre de este año se habían registrado 7.893 casos.
Sin embargo, los expertos estiman que las cifras reales den estar entre los 20.000 y 60.000 infectados.
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Ellos saben que compartir agujas es peligroso, pero no pueden parar y son indulgentes con ellos mismos
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Zhang Shun cuenta que sospechó que tenía el virus del VIH después de que en un centro de desintoxicación le tomaran muestran de sangre en dos ocasiones.
Pero, según él, nadie le entregó nunca los resultados de los exámenes.
"Les pregunté porque me habían sacado sangre dos veces y me respondieron que yo no había pagado los exámenes y que los resultados pertenecían a un programa experimental del Estado".
Por lo tanto, se hizo el examen por tercera vez. Y sus temores se confirmaron.
Me dice que muchos de sus amigos prefieren no saber si tienen o no el virus, porque no están dispuestos a cambiar de actitud.
Mawlam Mamtimin, un uighur que trabaja con una organización no gubernamental estadounidense coincide.
"Ellos saben que compartir agujas es peligroso, pero no pueden parar y son indulgentes con ellos mismos", explica.
Karaoke sexual
Otros simplemente no saben cómo cuidarse.
Fátima, de 21 años, fue contagiada por su novio. Ella sabía que él era seropositivo, pero no tenía idea de que podía protegerse usando condones.
"Los uighur no sabemos de estas cosas, no sabemos cómo se contagia el SIDA", asegura.
Quienes trabajan en los burdeles apenas saben cómo se contagia el SIDA.
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Y el sexo, como las drogas, es una verdadera industria en Xinjiang.
La prostitución abunda en burdeles y en bares con karaoke.
"Si te limpias bien después de tener sexo, quedas desinfectada", me dice una trabajadora sexual.
No es la única que está mal informada.
En una pequeña clínica, un médico uighur afirma que "en Xinjiang no hay SIDA".
Si ignorancia es impactante, pero no es una sorpresa si se toma en cuenta que aquí los estudiantes de medicina apenas tienen dos horas de lecciones acerca de esta enfermedad.
Centros de miedo
El vice director provincial de Salud, Wang Shaohua, admite que la lucha contra el SIDA es compleja.
No hay especialistas ni medicamentos, explica.
"En mi opinión, nuestro principal problema no es solamente de recursos, porque aun si nos dieran el dinero no sabríamos qué hacer, porque nos falta experiencia", señala.
Esto implica que muchos doctores y enfermeras tienen miedo del mal y a veces son ellos mismos quienes alejan a los enfermos de los hospitales.
Pero hay signos de cambio. Y el mismo hecho de que las autoridades de salud aceptaran hablar para este reportaje es prueba de ello.