Tres temas se destacan como dominantes en España a lo largo de 2003: el apoyo del gobierno español a la invasión de Irak, las tensiones entre el centro político en Madrid y las aspiraciones a más autonomía en el País Vasco, y los preparativos para las elecciones generales en marzo de 2004.
La gran mayoría de los españoles se opuso a la guerra.
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El año 2003 parece demostrar lo difícil que es revertir la inercia electoral.
Muchos analistas cantaban victoria para la izquierda en los comicios locales y regionales, que representan la antesala para las elecciones presidenciales del 2004.
No faltaron argumentos en el arsenal del Partido Socialista (PSOE) o de Izquierda Unida (IU), empezando por la mayoría de los españoles contrarios al apoyo que el gobierno del presidente José María Aznar brindó a la invasión de Irak, hasta la explosión en el precio de la vivienda, pasando por la elevada tasa de empleo temporal en España.
Sin resultados
"La temporalidad afecta al 31% de los empleos. Cuando Aznar entró a gobernar en 1996 estaba en el 33,5%, es una rebaja muy deficiente", dijo a la BBC Javier Doz, responsable de política internacional de Comisiones Obreras (CC.OO.), el principal sindicato español.
"No es bueno que España tenga las cuotas más altas a nivel europeo de temporalidad", dice también Rafael Pampillón, del Instituto de Empresa; "es un problema pendiente".
Pero ni estas cifras ni la protesta en la calle, tampoco el clima de descontento entre muchos jóvenes o la "arrogancia de la mayoría absoluta", que la oposición critica al unísono del comportamiento parlamentario del gobernante Partido Popular (PP), han podido traducirse en mejores resultados en las urnas.
¿Oposición sin rumbo?
Mientras que Gaspar Llamazares, de IU, despierta todavía en muchos el temor al fantasma del comunismo, el líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, es visto por otros como demasiado blando y dispuesto a compromisos con el gobierno.
Según diversas ONG, la nueva Ley de Extranjería es discriminatoria.
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Como ejemplo más reciente se ofrece la nueva Ley de Extranjería, en vigor desde el 22 de diciembre.
Es la tercera reforma de esta normativa en la actual legislatura y según la mayoría de las organizaciones no gubernamentales elimina o reduce los derechos básicos de los inmigrantes y aumenta su discriminación.
Para sorpresa de muchos, la ley cuenta con el apoyo del PSOE, que había criticado las dos reformas anteriores.
El discurso socialista confunde a muchos, ya que consideran que ahora el texto de ley es "satisfactorio y relevante para la política de inmigración", afirma la secretaria de políticas sociales y migratorias del partido, Consuelo Rumí.
Al mismo tiempo, Rumí sigue calificando de "pésima" la gestión migratoria del gobierno.
Separatismo
El siempre espinoso tema de la independencia de algunas regiones autónomas, también ocupó un lugar clave en 2003.
Algunos partidos abogan por la independencia total de Cataluña.
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Mientras que el PSOE no es partidario del llamado Plan Ibarretxe para independizar al País Vasco de España, su agrupación asume ahora el poder en Cataluña, gracias al apoyo de un partido que también declara aspiraciones independentistas.
Así, el presidente Aznar se mostró "extraordinariamente" preocupado ante el hecho de que "un partido supuestamente nacional como el PSOE sea capaz de defender y asumir" los postulados de un partido independentista.
Algunos medios de información y numerosos responsables políticos establecen una cercanía que no parece casual entre la violencia de ETA y las aspiraciones de independencia que promueve el Partido Nacionalista Vasco.
Esta fórmula se aplica ahora de manera similar al nuevo gobierno en Cataluña.
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A pesar de la disyuntiva entre el discurso oficial y la realidad percibida por muchos, el descontento que se articula no parece anunciar un cambio en España
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Para los analistas políticos esta táctica de la política oficial es sencilla pero no menos eficaz.
Una vez creado el consenso en torno a la lucha contra el terrorismo -al interior dirigido al separatismo vasco armado de ETA y a nivel internacional articulado en el apoyo a Washington- se abre la vía para supeditarle otros aspectos de la política nacional.
Por lo tanto, y a pesar de la disyuntiva entre el discurso oficial y la realidad percibida por muchos, el descontento que se articula no parece anunciar un cambio en España.
El año 2004 empieza igualmente dividido: con la certeza del PP de haber hecho las cosas bien y con un optimismo poco convincente de la oposición de que ha llegado la hora del cambio.