Con una popularidad del 66%, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva cumple en enero el primer año de los cuatro de su mandato.
A pesar de las promesas incumplidas, Lula aseguró que en 2004 Brasil volverá a crecer.
 |
A pesar de las dificultades, estoy infinitamente más feliz que hace un año
|
El 2003, sin embargo, fue un año duro para Lula.
Como presidente de Brasil, convalidó un programa económico que generó recesión económica y enfrentó críticas y presiones para cambiar el rumbo de su gobierno.
También presenció la división de su partido -el Partido de los Trabajadores, PT- respecto a la expulsión de cuatro parlamentarios, que aseguraban que Lula había traicionado a los brasileños.
Férreo control fiscal
Fumando a escondidas, el presidente combatió la ansiedad.
Y decidido a borrar las dudas del establishment -local e internacional- sobre su pasado izquierdista, convalidó un programa económico más ortodoxo que el de su antecesor.
 |
El 2003 no fue un buen año
Crecimiento económico cercano a cero
Caída del 27% en el ingreso de los trabajadores
Inflación controlada
Desempleo de 12%
Malhumor generalizado
|
El plan de Lula se caracteriza por un férreo control fiscal, altas tasas de interés, dólar barato y pago religioso de los intereses de su deuda externa pública de más de US$250.000 millones, que representa el 58% del PIB de Brasil.
¿El resultado?: crecimiento económico cercano a cero, caída del 27% en el ingreso de los trabajadores, inflación controlada, desempleo de 12% y malhumor generalizado, que hace que su gobierno sea catalogado como "bueno" por sólo 41% de los brasileños.
Los bancos e inversores internacionales, en cambio, están de parabienes y aseguran que ahora Brasil es un país confiable.
"Remedio amargo"
El presidente jura que tales medidas fueron un "remedio amargo" que el país debió tomar para recuperar la confianza y que, de ahora en adelante, la economía crecerá "con orden".
 |
La pregunta ahora es si el gobierno mantendrá la ortodoxia económica en 2004, un año en el que habrá elecciones para alcaldes en todo el país
|
"La pregunta ahora es si el gobierno mantendrá la ortodoxia económica en 2004, un año en el que habrá elecciones para alcaldes en todo el país y el PT quiere aumentar su presencia política en las ciudades brasileñas", dice el analista Renato Baumann, investigador de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de la ONU.
Mientras que el gobierno comenzó a mostrar flexibilidad, bajando ligeramente las tasas de interés (en Brasil los bancos cobran una tasa mínima de 62% al año por un préstamo), y estimulando el crédito con fondos públicos, aún no cumplió con su gran promesa de reducir las terribles injusticias sociales existentes en Brasil.
Casi toda familia del presidente vive en el deprimido nordeste del país y forma parte de los 65 millones de brasileños pobres, víctimas de las más variadas formas de explotación.
Promesas
Lula prometió dar comida a los hambrientos, pero su programa "Hambre Cero" se ha visto obstaculizado por diversas fallas organizativas.
Prometió asentar a los campesinos sin tierras, pero este año no cumplió sus objetivos mínimos respecto a la reforma agraria.
"Reconocemos la buena voluntad del gobierno, pero todavía no logró articular un proyecto social consistente", dice Francisco Meneses, director del Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos.
"A pesar de las dificultades, estoy infinitamente más feliz que hace un año", dijo Lula en diciembre, en el discurso en que presentó el balance de sus primeros meses en el gobierno y renovó sus promesas de campaña.
Resta saber si los brasileños, que según las encuestas culpan al gobierno por la falta de empleo y la creciente delincuencia callejera, compartirán la felicidad del presidente y le renovarán el voto de confianza para los años que le quedan de mandato.