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Especiales: 2001 - 11 de septiembre - 2002 | |||||||||||||||||||||
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Lunes, 02 de septiembre de 2002 - 19:02 GMT
Guantánamo: atrapados en el Caribe
![]() En construcción: 200 nuevas celdas.
Escribe Frank Gardner, de la BBC.
En el vibrante calor del mediodía cubano, un apesadumbrado sonido se levantó sobre los techos de aluminio del campamento Delta. Es el llamado musulmán a la oración. A miles de kilómetros de su hogar, los prisioneros de la Guerra contra el Terror de Estados Unidos se arrodillaron en dirección a Meca y probablemente oraron por su liberación.
Están ahora tras muros cerrados, rodeados de rollos y rollos de alambre de púas y vigilados por guardas armados desde torres de observación. Cerca de 600 prisioneros de unos 40 países habitan esta cárcel. Cuando recorrí el perímetro, vi equipos de empleados indios construyendo más cercos de seguridad. Y ya comenzó el trabajo en un terreno donde se levantarán 200 celdas más. Prohibido el acceso Por razones que los estadounidenses llaman de "seguridad operacional", los medios no pueden acercarse a los prisioneros. El sólo llegar aquí toma días. Es un trayecto agotador de transferencias nocturnas entre bases navales estadounidenses, revisiones de equipaje, sabuesos y órdenes y regulaciones vociferadas por hombres enormes en uniformes de camuflaje. Pero, por supuesto, eso no es nada comparado con lo que pasaron los prisioneros mismos. En el ardiente asfalto de la pista del campo de aterrizaje de Guantánamo, con el sudor rodándome por la espalda, traté de ponerme en sus zapatos.
¿Te torturarán? ¿Encontrarás la fuerza para renunciar a tu religión? ¿Te liberarán algún día? Tratamiento En realidad, las autoridades estadounidenses se han esforzado para dar lo que consideran como un tratamiento humano a sus cautivos. En el campamento Delta, me dijeron, están acomodados en celdas individuales que miden 2,4 x 1,9 metros. Todas tienen una ventana, agua corriente y una cama marcada con la dirección de Meca.
Sin embargo, no tienen acceso a abogados o a familiares. Y Estados Unidos los ha clasificado como "detenidos" -no prisioneros de guerra. La presión psicológica debe ser enorme. Bajo la brillante red del cerco de la prisión, hablé con el comandante Radke, un doctor de la Armada de Estados Unidos que ha examinado a algunos de los prisioneros. La sonrisa pronta de su bronceada cara se tornó en mueca cuando me contó cómo algunos reclusos han tratado de romperse la cabeza contra las paredes o cortarse las venas con cubiertos de plástico. La mayoría colabora, pero algunos han tirado sus orines a los guardas. Muchos han tratado de suicidarse, añadió, pero ninguno lo ha logrado. El capellán del campamento se refirió a ciertos prisioneros que considera "poseídos por el diablo", completamente faltos de remordimiento frente a los eventos del 11 de septiembre. No eran, admitió, personas a las que llevaría a conocer a su madre. Pero, después de un tiempo, dice, se han ablandado.
Al otro lado del campamento, le seguí la pista al encargado de interrogar a los prisioneros. Finalmente, a la sombra de un árbol, el coronel Dennis Fink habló del lento y metódico ritmo de las interrogaciones. Está prohibido cualquier contacto físico entre el detenido y el interrogador, explicó. Después del tratamiento que han recibido algunos de los prisioneros de sus propios servicios de seguridad, esa regla debe ser un alivio. Paciencia No obstante, uno se pregunta ¿qué puede estar ganando Estados Unidos con Guantánamo? Cualquier información que le puedan sacar a los detenidos es ya obsoleta. La mayoría de los detenidos eran poca cosa en las filas de al-Qaeda y el Talibán -algunos probablemente no tenían ninguna relación con los grupos. Los pocos peces grandes que atraparon seguramente no están diciendo la verdad. Mis fuentes sauditas me dicen que mucho antes del 11 de septiembre ya los habían entrenado para resistir y engañar a los interrogadores. No obstante, en lo que se refiere a la Bahía de Guantánamo, la paciencia de Estados Unidos parece infinita. Tras mi visita al campamento prisión, tengo la impresión de que Estados Unidos no tiene ningún afán por liberar o siquiera juzgar a esos hombres. Algún día se verá obligado a hacerlo, pero mientras Washington siga temiendo otro ataque de al-Qaeda, los "detenidos" se quedarán en el Caribe hasta que sea posible. |
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