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Escribe: Paul Reynolds.
  Especiales: 2001 - 11 de septiembre - 2002
Martes, 27 de agosto de 2002 - 15:56 GMT
El nuevo Pearl Harbor
Nueva York, Estados Unidos
De repente, todas las certezas cotidianas se disolvieron.
Escribe Paul Reynolds, analista de la BBC

En la mañana del 11 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush acudía a una escuela primaria de Sarasota, en la costa oeste de La Florida para probar uno de los lemas más efectivos de su campaña electoral: "No defraudaremos a ningún niño".

Presidente Bush en Sarasota, Florida
Digiriendo la inaudita noticia.
Justo cuando empezaba a estrechar manos y a saludar a sus interlocutores de aquel día, su director de personal, Andrew Card, le comunicó que un avión se había estrellado contra uno de los edificios del World Trade Center en Nueva York. Bush continuó con su programa como si no sucediera nada.

Una visita presidencial no se puede cancelar sin un buen motivo y este no existía -pues aún no se contaba con suficiente información.

La realidad golpea

Cuando el presidente se disponía a asistir a la clase de lectura de los niños, Card regresó y susurró algo al oído de Bush. Otro avión había chocado contra el World Trade Center. Los labios de Bush dejaron entrever un tenso rictus, captado por los fotógrafos y los cámaras asistentes.

Torres Gemelas, Nueva York
EE.UU. se vio proyectado a una batalla lejos de sus fronteras.
La vida del presidente -y la de la sociedad estadounidense- había sufrido un dramático cambio.

De repente, todas las certezas cotidianas fueron destruidas y Estados Unidos de América se vio proyectado a una batalla más allá de sus fronteras. El ataque tuvo el mismo impacto que el bombardeo japonés de Pearl Harbor sesenta años antes.

En un primer momento, Bush no encontró las palabras apropiadas y sus primeras declaraciones no reflejaron la gravedad de lo ocurrido. Su oratoria, una vez más, lo traicionó.

Es la guerra

Sin embargo, con su propio equipo fue más explícito. A ellos les dijo: "Estamos en guerra".

Poco a poco, Bush, un presidente cuya elección estuvo rodeada de polémica y cuya autoridad se había puesto en entredicho, se convirtió en el mandatario de una nación herida y asustada, que necesitaba liderazgo.


No nos cansaremos, no vacilaremos, no fallaremos

Presidente George W. Bush
Declaró "un nuevo tipo de guerra, una guerra contra el terrorismo", y redactó la doctrina que lo guiaría. Los gobiernos que apoyasen "a los terroristas" serían también considerados enemigos.

En su discurso ante el Congreso el 20 de septiembre, Bush -emulando al Winston Churchill- aseguró: "No nos cansaremos, no vacilaremos, no fallaremos".

Para la audiencia nacional, Bush utilizó palabras menos formales: "Los ahuyentaremos como a insectos".

Seguridad blindada

La llamada "guerra contra el terrorismo" tuvo un precio a nivel doméstico. El miedo y la inseguridad eran palpable en Estados Unidos.

Equipos de rescate en Nueva York, 11-S
La lucha por salvar vidas fue sucedida por la guerra contra el terrorismo.
Aunque el presidente declaró que la guerra no era contra el Islam, cientos de jóvenes de origen árabe fueron arrestados en EE.UU., casi siempre bajo cargos de emigración ilegal mientras se investigaban sus conexiones y su pasado. Se autorizó el uso de tribunales militares.

En tanto, los guardianes tradicionales de Estados Unidos, el FBI y la CIA, eran acusados de no haber sido capaces de anticipar los atentados, Bush creó un nuevo departamento: el de seguridad interna.

Entonces llegaron los incidentes de ántrax, todavía no aclarados, que probablemente surgieron de un grupo oportunista de supremacistas blancos, tipo Timothy McVeigh.

Pero en las mentes de los estadounidenses estaba la posibilidad de ataques biológicos por parte de al-Qaeda o de algo peor. Hasta se comenzaron a almacenar vacunas contra la viruela ante el temor de que una guerra bacteriológica devolviera al mundo este peligroso enemigo.

Nuevos frentes

Pero el "efecto Pearl Harbor" no afectó sólo a Estados Unidos sino también al resto del mundo. El gobierno Bush utilizó su poder para crear una coalición de "aliados" pero logró a toda la opinión pública, especialmente en el mundo árabe y en Europa, de que su lucha era justa.

Familiar de una víctima.
El miedo y la inseguridad era palpable en EE.UU.
No obstante, la oposición nunca preocupó a Bush.

De hecho, el líder estadounidense desarrolló nuevos capítulos de su doctrina "antiterrorista". Ahora, el frente de batalla se extendería no sólo a los "terroristas y a quienes les cobijan" sino también a cualquier gobierno que esté elaborando "armas de destrucción masiva y que pueda constituir un peligro futuro".

Así abría el frente de Irak.

Un año después de los atentados del 11 de septiembre, "la guerra contra el terrorismo" parece haber cobrado nuevas energías.


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