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Especiales: 2001 - 11 de septiembre - 2002 | |||||||||||||||||||||||
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Martes, 27 de agosto de 2002 - 15:56 GMT
El nuevo Pearl Harbor
![]() De repente, todas las certezas cotidianas se disolvieron.
Escribe Paul Reynolds, analista de la BBC
En la mañana del 11 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush acudía a una escuela primaria de Sarasota, en la costa oeste de La Florida para probar uno de los lemas más efectivos de su campaña electoral: "No defraudaremos a ningún niño".
Una visita presidencial no se puede cancelar sin un buen motivo y este no existía -pues aún no se contaba con suficiente información. La realidad golpea Cuando el presidente se disponía a asistir a la clase de lectura de los niños, Card regresó y susurró algo al oído de Bush. Otro avión había chocado contra el World Trade Center. Los labios de Bush dejaron entrever un tenso rictus, captado por los fotógrafos y los cámaras asistentes.
De repente, todas las certezas cotidianas fueron destruidas y Estados Unidos de América se vio proyectado a una batalla más allá de sus fronteras. El ataque tuvo el mismo impacto que el bombardeo japonés de Pearl Harbor sesenta años antes. En un primer momento, Bush no encontró las palabras apropiadas y sus primeras declaraciones no reflejaron la gravedad de lo ocurrido. Su oratoria, una vez más, lo traicionó. Es la guerra Sin embargo, con su propio equipo fue más explícito. A ellos les dijo: "Estamos en guerra". Poco a poco, Bush, un presidente cuya elección estuvo rodeada de polémica y cuya autoridad se había puesto en entredicho, se convirtió en el mandatario de una nación herida y asustada, que necesitaba liderazgo.
En su discurso ante el Congreso el 20 de septiembre, Bush -emulando al Winston Churchill- aseguró: "No nos cansaremos, no vacilaremos, no fallaremos". Para la audiencia nacional, Bush utilizó palabras menos formales: "Los ahuyentaremos como a insectos". Seguridad blindada La llamada "guerra contra el terrorismo" tuvo un precio a nivel doméstico. El miedo y la inseguridad eran palpable en Estados Unidos.
En tanto, los guardianes tradicionales de Estados Unidos, el FBI y la CIA, eran acusados de no haber sido capaces de anticipar los atentados, Bush creó un nuevo departamento: el de seguridad interna. Entonces llegaron los incidentes de ántrax, todavía no aclarados, que probablemente surgieron de un grupo oportunista de supremacistas blancos, tipo Timothy McVeigh. Pero en las mentes de los estadounidenses estaba la posibilidad de ataques biológicos por parte de al-Qaeda o de algo peor. Hasta se comenzaron a almacenar vacunas contra la viruela ante el temor de que una guerra bacteriológica devolviera al mundo este peligroso enemigo. Nuevos frentes Pero el "efecto Pearl Harbor" no afectó sólo a Estados Unidos sino también al resto del mundo. El gobierno Bush utilizó su poder para crear una coalición de "aliados" pero logró a toda la opinión pública, especialmente en el mundo árabe y en Europa, de que su lucha era justa.
De hecho, el líder estadounidense desarrolló nuevos capítulos de su doctrina "antiterrorista". Ahora, el frente de batalla se extendería no sólo a los "terroristas y a quienes les cobijan" sino también a cualquier gobierno que esté elaborando "armas de destrucción masiva y que pueda constituir un peligro futuro". Así abría el frente de Irak. Un año después de los atentados del 11 de septiembre, "la guerra contra el terrorismo" parece haber cobrado nuevas energías. |
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